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lunes, 28 de octubre de 2013

150 años después (Por Fernando vara de Rey)

150 años se cumplen en estos días desde el feliz día en que los representantes de ocho clubes se reunieron en la Freemason’s Arms Tavern de Londres para aprobar las catorce primeras reglas del denominado “Football” y fundar la consiguiente Football Asociation. Difícilmente pudo anticiparse en aquel entonces que además de un deporte se sentaban los cimientos de una pasión, de una expresión de civilización y de cultura, y de un resorte de unión entre los pueblos. Gracias en mi nombre y en el de todos los que se adhieran a esos ocho talentos, que ojalá descansen en alguna región celestial en la que naturalmente se jugará todos los días al fútbol.
 
Los clubes Barnes y Richmond jugaron en diciembre de 1863 un primer partidote football. El resultado fue de 0-0 así que los espectadores –me los imagino con gorra y con mostacho- no pudieron conocer el gozo de gritar gol. Afortunadamente cada semana, y así pasó un siglo y medio, se citan los equipos y corre el balón y vibran los espectadores de los estadios más eminentes del planeta.
 
Como un homenaje involuntario, el sábado se disputó el Clásico español. Con un FC Barcelona más eficaz que estético respecto al modelo de Guardiola, con un R.Madrid un tanto frágil en el primer cuarto de Liga. Y con dos entrenadores veteranos y noveles –canta así el himno merengue- en el partido de máxima rivalidad de nuestra Liga. En un rincón Tata Martino, apenas conocido en España por su breve paso como jugador por el Tenerife, y a quien con visión más bien crítica se señala su paulatino distanciamiento del fútbol de toque que canonizó al equipo culé. Y en el otro rincón Carlo Ancelotti, en la siempre hercúlea misión –pregunten a Benítez, lo sufrió en el Inter de Milán- de sustituir al omnipresente Mourinho. También el italiano se ha granjeado algunas críticas de la vigilante prensa española, que cuestiona entre otros asuntos su extraña solución para la rivalidad entre Diego López y Casillas y su empeño en alinear a un Bale lejos muy lejos de su mejor forma.
 
Tímidas eran hasta hoy las críticas hacia el sentido táctico y al instinto de precaución propios de la escuela italiana. Hasta hoy, porque la prensa escrita amaneció feroz contra los ingenios tácticos que el preparador madridista urdió en el Nou Camp. Principalmente la ubicación de Sergio Ramos en el centro del campo, la posición de Bale como delantero centro no sé sabe si verdadero o falso, la ausencia de la convocatoria del pujante Morata. “Miedoso”, le dice Marca; “puso grilletes al Madrid”, denuncia As.
 
La obsesión de Ancelotti se cifraba en maniatar el centro del campo adversario. Desplegar a Khedira y Ramos para contrarrestar la virtud creativa de Iniesta y Xavi, encomendar a Modric la misión de tapar la salida de balón de Busquets. Y esperar las subidas de los laterales –solvente Marcelo, más que prometedor Carvajal- como soporte y trampolín de los explosivos Di María y Cristiano.
 
Los forasteros parecían tomar la iniciativa, los locales se rebelaban con la calidad mayúscula de Iniesta y con el comienzo figurante de Neymar. Precisamente el encuentro entre ambos propició el primer gol, ayudado por un rebote en el muslo del propio Carvajal. Corría el minuto 18, y hasta el fin de la primera parte el gris prevaleció sobre el azulgrana y el blanco.
 
Sin embargo en la segunda parte el color de moda fue el amarillo, el mismo que vestía el árbitro Undiano Mallenco. 150 años después los arbitrajes siguen siendo el ingrediente que da picante o que da amargor a la salsa suculenta del fútbol. Una mano aparentemente voluntaria de Adriano en el área chica fue reclamada como penalty, y sobre todo un derribo que no pareció inocente del Jefesito Mascherano a Cristiano Ronaldo.
 
Podrían haber sido la vía de un empate que no hubiera extrañado ni desalentado a nadie. Para entonces el FC Barcelona aguantaba el marcador con más oficio que talento, a imagen de un Messi insólitamente ausente y un Cesc más batallador que otra cosa. Y el R.Madrid mejoraba con una fórmula muy poco mágica: colocar a un medio centro puro (Illarra) en vez de un medio centro de ocasión (Sergio Ramos), colocar un delantero centro puro (Benzema) en vez de un medio centro de ocasión (Bale).
 
Rectificó Ancelotti, erró al menos una vez Undiano Mallenco, y de repente el protagonismo recayó en el más insospechado: Alexis. En el minuto 77’, el chileno –que había suplido a Cesc ocho minutos atrás- sorprendía a Varane y Diego López con un primoroso toque que se convertía en el 2.0. Poco tiempo para la reacción madridista, que se produjo a medias en una bonita combinación entre Cristiano Ronaldo y Jesé: 2.1, resultado final.
 
Marcelo, Ramos, Jesé, desde luego Ancelotti, denuncian el penalty a Cristiano que pudo cambiar el desenlace del Clásico. Busquets, Xavi, Tata Martino, se centran en la presunta superioridad culé y en el rédito de seis puntos con respecto a su rival. Dudas y reproches, euforias y desafíos. Leal a sus comienzos palpita el fútbol, ciento cincuenta años después.
 
  

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