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lunes, 7 de abril de 2014

Cuentos de fútbol: Tribuna caliente (Por Marcelo Wío)



Vituperaba, soliloqueaba desesperaciones ansiosas hipertensas hiperbólicas, Elpidio Vargas, cantos rodados desde la grada a través del alambrado: descendiente de una larga saga de innobles y soeces – al parecer – mujeres prostibularias, espetó con ayuda del fuelle laringo-faringeo-bronquial traduciendo el aire enconado en improperios. Ataulfo Arévalo, nueve grandote, acababa de errar uno de esos goles que en todos los universos paralelos acababan se subírsele a las gargantas a los simpatizantes recorriendo el camino inverso de las invectivas, de los desahogos injuriosos. Detrás de esta rodadera de denuestos corría, tribuna abajo Alvarado Sísifo, recociendo trozos de palabras y llevándolas tribuno arriba para que volvieran a rodar hacia abajo – ora insultantes, ora ditirámbicas – contra el alambrado y tamizadas hacia el terreno de juego. “Ida y vuelta”, lo había apodado la afición. Enseguida, otra vez – aún no había llegado Sísifo arriba -, otro efluvio de oprobios se desbarrancó hacia la cancha: una analogía entre el rectángulo de césped y el óvalo del hipódromo y entre el jugador y un Equus ferus caballus (y su inhabilidad para el manejo fino del balón). Así se sucedieron varios cascotes verbales .seguidos por Sísifo- que jamás llegaron a oídos de su destinatario, perdidos alterados mezclados confundidos indiscernibles, y, por tanto, inaudibles como mensaje lingüístico, sino como ruido, rugido.
 
En un rato se reivindicará Ataulfo por obra y gracia de la entropía propia del tiro de esquina, por obra y gracia de la estocástica que querrá que la pelota rebote aquí y allá para ir a rebotar finalmente en su rodilla -mientras giraba torpemente buscando la pelota en el lado opuesto. y se dirigirá caracoleando hacia el fondo de la portería. El gol, ese evento-como ya lo habían reconocido Arquímedes, Platón y, más recientemente, Kant- que posee una capacidad inigualable para anular la memoria colectiva, para modificar la realidad.
pero eso será en momento, aún restan algunas oduscaciones por descender a trompicones por la tribuna. Aún le quedan a Sísifo unos minutos de idas y vueltas.

 
 
 


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