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viernes, 20 de febrero de 2015

Un recuerdo que vale ORO



Con el fallecimiento del gran periodista que fue Osvaldo Ricardo Orcasitas (ORO) afloran algunos recuerdos del paso de este escriba, muy joven, por la revista “El Gráfico” a mediados de los años ochenta.

Tras un ingreso a principios de 1984, cuando la revista aún pertenecía a la Editorial Atlántida, este cronista estaba destinado en ese tiempo a integrar el equipo de colaboradores que, por primera vez, iba a formar parte de la tradicional sección “La Jornada está aquí”, pero de Primera B, en tiempos en los que Racing Club y Gimnasia y Esgrima La Plata jugaban en esa categoría.

Queda el recuerdo de haber formado parte de una redacción con periodistas que seguíamos como lectores de “El Gráfico” hasta entonces, como Julio César Pasquato, “Juvenal”, Ernesto Cherquis Bialo (en aquel momento, director de la publicación), José Luis Barrio, Carlos Irusta, el propio ORO, o los jóvenes Juan Eduardo Perimbelli y Gustavo Béliz, ya abogado por ese entonces, entre otros.

Poco a poco este escriba se fue afianzando en la revista y comenzaba a participar en la semana de algunas notas, que se escribían con hojas pautadas y en las máquinas Olivetti Lexicon 80, aunque cometía el sacrilegio de ingresar a la redacción con libros “malditos” de la carrera de sociología que ya cursaba, como los de Carlos Marx, Louis Althousser o Fernando Enrique Cardoso, en un edificio que meses atrás había sentido de cerca la complicidad con la dictadura pasada.

Fue en aquel tiempo que Independiente se disponía a jugar la final de la Copa Libertadores y uno de los jefes, Jorge Barraza, nos encargó un trabajo extra para un número especial, que aceptamos no sin antes advertir que a una determinada hora deberíamos irnos, por un examen que esperaba en la facultad, aunque no recibimos comentario alguno.

Tras bajar al archivo en varias ocasiones, en busca de fotos de Ricardo Bochini con el pantalón rojo o blanco, de Ricardo Giusti, Claudio Marangoni y tantos otros, el reloj marcó la hora indicada para partir y así lo hicimos saber.

Barraza, entonces, se retiró por un instante hasta que al poco tiempo vino hacia nosotros ORO, que con seriedad y firmeza, nos hizo un rápido racconto de lo que significaba trabajar en “El Gráfico”, de la oportunidad única para un joven periodista de pisar esa redacción y que entonces, no había opción: era la revista o la universidad.

No con cierta tristeza, y con la certeza de saber que ese momento lo recordaríamos por años, y con timidez pero seguridad, respondimos que no teníamos ninguna duda, pero cuando ORO se dio vuelta para retirarse a continuar su trabajo, se escuchó nuestra voz: “la universidad”.

No recibimos más comentarios cuando saludamos para irnos. Cuando llamamos para saber qué partido tendríamos para cubrir en el próximo fin de semana, supimos que ninguno y así, sucesivamente, cada semana, hasta que arreglamos pacíficamente el final de la relación.

Pasados cuatro años y algunos meses, cuando dirigíamos la revista “Orsai” (“una posición adelantada”, era el lema), un día este periodista, ya convertido en director del medio, recibió un sorpresivo llamado de ORO. Era para preguntar si, por alguna razón, dispondríamos de alguna acreditación para fotógrafo que no usaríamos para el Mundial de Italia 1990.

Por suerte, disponíamos de una, que cedimos gentilmente a “El Gráfico”, aunque más que todo, a un muy buen tipo, recto, como ORO, que la merecía como nadie.

Este periodista ya se había graduado como sociólogo. No hubo ningún reclamo de ninguno de los dos lados. Cada uno siguió su camino, aunque siempre con enorme respeto.

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