domingo, 3 de abril de 2016

Un Clásico que puede marcar el futuro inmediato (Yahoo)




Tras 39 partidos invicto y cuando pocos lo preveían, porque llegaba en el mejor de sus momentos y en condición de local y con el antecedente de un 0-4 rotundo en el Santiago Bernabeu en la ida de esta misma Liga Española, el Barcelona acabó perdiendo el Clásico ante el Real Madrid 1-2 y a falta de siete jornadas y a punto de jugarse los cuartos de final de la Champions League, este resultado puede afectar a ambos equipos de una manera clave.

No era fácil apostar por un Real Madrid que se pudiera imponer desde lo estratégico en un partido con el público en contra, un clima especial de homenaje al fallecido Johan Cruyff y con la enorme ventaja que llevaba el Barcelona (diez puntos y el average), y que le permitía a los azulgranas jugar con mucha tranquilidad y hasta manejar el empate.

Sin embargo, el entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, logró utilizar  muy bien los tiempos del partido, dividido en dos etapas: la primera y más larga, esperando, jugando al error del rival (algo poco ligado a su brillante tiempo de jugador) para lo cual planteó un encuentro corto, muy interrumpido por faltas, y sin permitir que el Barcelona pudiera asociarse para crear.

La segunda, más corta de duración, no más de veinticinco minutos,  y en buena parte relacionada con que el Barcelona se puso en ventaja con un cabezazo de Gerard Piqué, fue la de la aceleración y especialmente desde el empate de Karim Benzema, ocurrió cuando el Real Madrid apretó el acelerador, comenzó a incursionar en el campo rival, y no sólo ganó bien el partido con el gol de Cristiano Ronaldo, sino que aún no se entiende qué fue lo que generó la anulación de otro gol de Gareth Bale.

Para el Real Madrid, más allá de que sigue lejos del Barcelona en la Liga aún ganando, este triunfo tiene un sabor especial porque prueba dos hechos fundamentales: uno, es que va por el buen camino táctico desde que Zidane realizó el cambio más importante, el de quitar de la titularidad tanto a Isco como a James Rodríguez para colocar a Casemiro como mediocentro y liberar, de esta forma, a Toni Kroos. Y el otro, que anímicamente fortalece a la plantilla para la lucha final por llegar a la Undécima Champions League, en la que cuenta con una llave accesible de cuartos de final ante el Wolfsburgo y en la que define en su estadio en la revancha.

Por el lado del Barcelona, otra vez Anoeta se transforma en fundamental, como en la temporada pasada (tras la cual comenzó el cambio que dio lugar a los títulos), porque será en donde el equipo de Luis Enrique deberá refrendar si sigue siendo el candidato firme a ganar la Liga o si todo se desmoronará como un castillo de naipes, especialmente si no obtiene un buen resultado en la ida de la Champions ante el Atlético Madrid.

En Anoeta no podrá jugar Luis Suárez, quien llegó al límite de tarjetas amarillas y pende el recuerdo de la derrota en la temporada pasada, aunque antes, el Barcelona tiene un muy complicado compromiso de cuartos de final de Champions ante el Atlético de Diego Simeone, que llega al Camp Nou luego de recortarle tres puntos la distancia en la Liga, ahora a seis, y de vencer al Betis 5-1, terminando con la polémica de su escasez de gol.

Pero también será interesante constatar si Simeone tomó nota del planteo realizado por Zidane en el Campo Nou, encerrando a Messi entre la defensa (hacia adelante) y Casemiro (hacia atrás), ayudado por Luka Modric  y por Toni Kroos, más retrasado que en los partidos anteriores.

El genio argentino del Barcelona, aún con la motivación de convertirle a los blancos su gol número 500 de su carrera, no logró molestar demasiado en el ataque, teniendo que retrasarse y con algunos remates desde fuera del área o algunos libres directos, bien controlado por un sistema muy bien diseñado.

A diferencia de lo señalado acerca del planteo de Zidane, Luis Enrique Martínez no ha demostrado, más allá de la brillantez de muchos de sus jugadores, el armado de un sistema que pueda variar o encontrar salidas ante planteos inesperados, no sólo por lo realizado el Real Madrid el pasado sábado en el Camp Nou sino también otros rivales en otros tiempos.

El hecho de que la BBC haya tenido la misma efectividad que la MSN del Barcelona prueba cabalmente que no se trata de un acierto particular de Luis Enrique la contundencia del Barcelona, sino el hecho natural de contar, como el Real Madrid, con jugadores extraordinarios en los tres puestos ofensivos.

El Clásico pudo haber obrado entonces como despertador definitivo de la plantilla del Real Madrid para tomar consciencia de su valía y relanzarlo justo cuando parecía que si no fuera por lo favorecido que a priori parece que resultó con el sorteo de Champions, la temporada se acababa.


Y al mismo tiempo, el Clásico deja planteada la duda, por extraño que parezca, sobre si el Barcelona, que parecía que se encaminaba a repetir los éxitos de la temporada pasada, será capaz de olvidar pronto lo ocurrido y volver a jugar como en varios de los partidos de la temporada.

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