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domingo, 1 de enero de 2017

El fútbol español se debate para seguir en la élite (Yahoo)




Alguna vez, allá por 2004, cuando se acercaba una nueva edición de la Europa, en aquel caso la de Portugal, el entrenador argentino César Luis Menotti, campeón mundial en 1978, llegó a manifestar a este periodista que España debía plantearse en fútbol si definitivamente quería ser torero o toro, algo así como tener que definir de qué lado del juego quería estar.

Por muchos años, y con el título europeo de 1964 como local, al que se sumó la medalla dorada olímpica de Barcelona 1992, la selección española era 2La Roja” o “La Furia”. Pese a las buenas condiciones técnicas de muchos de sus jugadores, había que correr, transpirar, luchar, meter goles, defender.

Hoy, y desde hace ya un poco más de una década, el fútbol argentino es diferente y así es analizado por el mundo de la pelota. Juega mucho más de lo que corre, y con épocas de más o menos talento, ha podido desarrollar una filosofía propia, que tomó muchas cosas de lo que se pregona desde el barcelonismo: tenencia del balón, fina administración, no depender de fallos de los rivales, salir a ganar todos los partidos.

Primero Luis Aragonés y luego Vicente Del Bosque, y todo indica que ahora Julen Lopetegui, desde que finalizó la Eurocopa 2016 de Francia, está buscando continuar por el mismo camino, aunque se encuentra con algunos problemas lógicos: un plantel que se va alterando por el paso del tiempo y el paulatino alejamiento de grandes estrellas y el desgaste de otras, que van dando paso a una nueva generación, con las incógnitas que esto plantea.

¿Podrá de aquí en más, el fútbol español, mantener aquella primacía conseguida desde 2006 hasta el golpe que significó el Mundial de Brasil?  No parece fácil, desde que jugadores muy ganadores van dejando sus lugares, luego de haber conquistado las Eurocopas 2008 y 2012 y el Mundial 2010, todo en forma consecutiva, y mucho más que eso, el haber mantenido un estilo que generó grandes espectáculos.

De todos modos, no todo pasa por la selección española, que deberá luchar por un lugar directo en el Mundial de Rusia 2018 ante una de mucha tradición como la italiana, que ya le planteó exigencias en el empate de la primera ronda del grupo clasificatorio, si quiere evitar ir a una repesca que puede complicar las cosas.

También el fútbol español plantea para los próximos tiempos un debate acerca de la viabilidad de continuar con una Liga que parecía que por fin lograba equiparar a sus equipos de vanguardia, pero que con el paso de las jornadas y acercándose a la mitad de la temporada, comienza a notar que otra vez se alejan los más poderosos, y el resto se va quedando en el camino, aspirando a ingresar en los torneos europeos para 2017/18, sin otra opción que ésta.

Así es que el fútbol español presenta generalmente en Europa equipos muy competitivos, capaces de llegar a las instancias finales, pero la distancia de poderío económico y futbolístico entre las dos grandes potencias (Real Madrid y Barcelona) sobre el resto es tan grande, que en el medio aparece la mayoría de los clubes ingleses o alemanes y recién luego, todo el resto de los españoles.

El dinero que mueven el Real Madrid y el Barcelona ha ido generando en estos años, salvo el honroso caso del Atlético Madrid, que les ha dado una casi insólita batalla a los dos, con muchos menos recursos (aunque más que los otros diecisiete de Primera, también hay que aclararlo), una diferencia enorme que llevará muchos años, seguramente, para equilibrar y conseguir una liga más competitiva, algo que aún no logra pero busca la Bundesliga y que aunque el Chelsea se va alejando en la Premier League, también parece que puede ocurrir próximamente en Inglaterra.

Uno de los grandes problemas que puede enfrentar el fútbol español es el desgaste de algunos cracks y el lento declive de aquel juego preciosista del Barcelona, ahora mucho más frontal y buscador de la red contraria sin tanto detenimiento en la horizontalidad, aunque sigue teniendo la ventaja de contar con los cinco de los diez mejores jugadores del mundo, y al menos tres o cuatro de ellos (seguro Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, pero también Antoine Griezmann, Luis Suárez y Neymar, y acaso Marcelo, Gareth Bale, Luka Modric, Gerard Piqué y Sergio Busquets) en los primeros lugares del escalafón.

Otro de los grandes inconvenientes del fútbol español es la llegada de los mercados emergentes. La amenaza de la liga china y el colchón de dólares para llevarse figuras, puede distraer el foco de la atención en los próximos años, a lo que puede llegar a sumarse la MLS estadounidense y también, unas ordenadas ligas europeas vecinas, mientras deberá ir buscando un lento reemplazo de sus estrellas, que entran en los últimos años de sus carreras en sus potentes equipos.

Pero también institucionalmente el fútbol español debe ser muy cuidadoso. La muy mala experiencia del Valencia con la administración de Peter Lim, el protagonismo que asumen algunos intermediarios poderosos como Jorge Mendes, o la espuria relación con el Estado, son llamados de atención para que los dirigentes entiendan que la cristalinidad en los manejos, ante tantos seguidores y socios, pasa a ser fundamental, si se quiere conservar el lugar de privilegio que se ha conseguido.

Son muchos, entonces, los desafíos del fútbol español para este 2017 que comienza.


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