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viernes, 6 de enero de 2017

El juego peligroso del neogrondonismo, otra vez



El neogrondonismo, es decir, los que siempre se alinearon con Claudio “Chiqui” Tapia y que son beneficiarios del viejo, centralista y antidemocrático estatuto de la AFA, dio un paso más en su intento por acabar con la Comisión Normacrizadora, y con la suma de otros cinco clubes de Primera A (algunos de clase media como Rosario Central, Newell’s Old Boys y Colòn), llegó a los 50 miembros como para convocar a una Asamblea Extraordinaria el próximo 15 de febrero, aunque esto represente un abierto desafío a la FIFA, que por cierto no es el primero.

Ya en plena Copa América pasada, esto es en junio de 2016, la misma agrupación original intentó una jugada que no acabó bien en lo político, cuando buscó impedir que asumiera esta intervención, que a diferencia de tantas otras en la historia del fútbol argentino, esta vez aporta mayor confusión al depender en parte del Gobierno nacional (como siempre ocurrió) y en parte de la FIFA (allí radica la novedad).

Habíamos escrito en otros artículos anteriores en este blog que este mismo sector, que va sumando clubes desencantados por razones de diversa índole, es decir que no les une el  amor, sino el espanto (imposibilidad de disponer de fondos para pagar sueldos o para hacer frente al día a día a partir del impago del Estado de los últimos meses del Fútbol Para Todos, el no haber llegado a un acuerdo con ningún medio televisivo, de momento, para la temporada 2017, desacuerdo en la imposición del Gobierno de la implementación de la Superliga), ya había osado desafiar a la FIFA quejándose hasta por carta de la Comisión Normacrizadora, que es algo  así como quejarse ante la mamá sobre su propio hijo.

Este grupo de 50 clubes, que llega al quórum porque además, de los 75 asambleistas totales hay tres menos del Nacional B por no haber renovado esos cargos por distintas causas, está conformado básicamente por Ascenso Unido y si bien reglamentariamente su llamado a Asamblea Extraordinaria es posible, choca con la situación que vive el fútbol argentino desde la entrada en vigor de la Comisión, como por ejemplo, que ésta depende de la FIFA, y que su obligatoriedad pasa por entregar el mandato “no después” del 30 de junio de 2017 y que una de las condiciones sine qua non es la aprobación, antes que la elección de autoridades, del nuevo estatuto que está terminándose de redactar en Zurich y que, se insiste y se sostiene, que estará para su relectura y aprobación el próximo 16 de enero.

Si el estatuto de la FIFA puede llegar a estar en unos 10 días, ¿cuál es el apuro de los 50 clubes para llamar justo ahora a una Asamblea y no esperar a que se cumpla un requisito que saben bien que es básico para tener el beneplácito de Zurich y no arriesgar una sanción que hasta puede afectar a la selección nacional?

¿Desde dónde se explica que los clubes, que es verdad que están en una grave situación económica por no haber cobrado las últimas cuotas del Fútbol Para Todos de fines de 2016 -por el intento del Gobierno de vaciarlos para justificar el ingreso de las sociedades anónimas-, necesiten de estos dirigentes que cuando sí cobraron al día, y fortunas, dejaron un agujero sin fin aunque tenían la chancha, los veinte, y la máquina de hacer chorizos? ¿Desde cuándo esos dirigentes, o la mayoría de ellos, pueden ser considerados ya no imprescindibles, sino mínimamente viables, máxime luego del papelón del 38-38 de diciembre pasado?

Tapia llegó a manifestar, sin que se le moviera un músculo de la cara, que si no se llegó a un acuerdo con Adidas para mejorar el contrato en Herzogenaurach, o no hubo acuerdo con los derechos de TV, fue solamente “porque no se aprobó la Memoria y Balance”. Como si las marcas o los consorcios de TV no conocieran los desquicios de dirigentes que no van a congresos, no estudian lo que ocurre con el marketing y la TV, no se cultivan, y siguen fichando jugadores aunque sus clubes no tengan para pagarle a sus empleados.

Desde el punto de vista más político, cabe preguntarse si puede ser viable una AFA manejada sin ningún apoyo de los clubes grandes (todos menos Independiente, que si coquetea con Tapia es porque su presidente, el sindicalista Hugo Moyano, es el suegro del líder de la agrupación). Hay que recordar que tras la muerte de Julio Grondona, el 31 de julio de 2014, lo primero que hizo su sucesor en el cargo de presidente de la bastardeada institución, Luis Segura, fue convocar de inmediato a los presidentes de los clubes grandes para saber si contaba con su apoyo.

Es cierto también que los clubes grandes tampoco son ningunos santos y que cuando en 2016 notaron que no les daban los votos en la Asamblea, bien que intentaron dar un golpe de Estado y armar por fuera la Superliga, sin aceptar que les ganaran en las urnas.

De cualquier manera, y como se sostiene en el libro “AFA, el fútbol pasa y los negocios quedan” –que sería interesante que los dirigentes en pugna pudieran acceder y estudiar-,se mantiene desde siempre un debate sin solución porque los clubes chicos siguen creyendo que la votación debe realizarse con la metodología del Senado (la misma cantidad de representantes por provincia) y los grandes, como en Diputados (por cantidad de habitantes) y por supuesto que a las dos partes les asiste algo de razón.

Pero así como las dos partes han tenido argumentos en los 82 años de existencia real de la AFA como tal, hoy por hoy ambas carecen de legitimidad por el desastre que han causado en tantos años de dislates (sumados al corolario de 38-38) y que dieron lugar a esta última intervención rara avis in extremis, y que todavía puede derivar en mayores problemas.

De nada sirve reunir el número indicado de asambleístas sin la FIFA insiste con que primero hay que votar el estatuto nuevo como requisito para llamar a elecciones, y mucho menos sin el apoyo de los clubes más representativos.

La jugada, es claro, apunta a mantener desesperadamente el statu quo, es decir, el viejo sistema del grondonismo, de favores por favores, y del centralismo por el cual el Conurbano Bonaerense es más poderoso que clubes provinciales con miles de seguidores y una historia riquísima, pero que jamás se atreven a dar el paso definitivo hacia un fútbol distinto.

El fútbol argentino parece marchar cada día con más fuerza hacia sanciones mayores que le pueden ocasionar desastres aún peores, aunque tal vez le sirva para que cuando ocurran, la culpa la tengan los de afuera.

Otra vez sopa…

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