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martes, 17 de enero de 2017

Insultos y bravatas, pero contra una idea fija





A Raúl Gámez, presidente de Vélez Sársfield, se le fue la lengua. Y no es la primera vez. Ya le había sucedido en tiempos del grondonato y muerto el pope, acaba de descubrir que el presidente Mauricio Macri, contra quien se enfrentó en los noventa defendiendo el modelo opuesto, sigue con su idea fija de generar un vacío para que por fin entren al fútbol las sociedades anónimas que no pudo introducir desde el “llano empresario” hace dos décadas.

Gámez dice que se arrepiente por haber votado a Macri para presidente argentino pero se da cuenta de que se encuentra ante la misma trampa de muchos de sus compatriotas: no quiso votar por la continuidad del gobierno anterior, y se metió en la boca del lobo, con mucha ingenuidad porque un dirigente de su experiencia no puede descubrir ahora lo que alguien como él podía percibir de antemano.

Horas antes, en su primera conferencia de prensa de 2017, Macri había ratificado que el Estado no pondrá más dinero para el Fútbol Para Todos, tal como se anunciara en diciembre pasado que ocurriría desde el primer día de este año, y de poco vale que Gámez lo insulte o recuerde lo obvio, que lo único que le importa al Gobierno es que las SA se cuelen en el fútbol y por eso siempre apoyó la creación de la Superliga, para generar en su nuevo estatuto la chance de que las empresas copen el fútbol, sin importar  que Racing no desapareció en 2001 (aunque la síndico Liliana Ripoll lo anunciara oficialmente) porque nadie quiso poner la firma a la resolución, o San Lorenzo no se fundió de la mano de ISL porque sus socios e hinchas se movilizaron en el mismo año.

Macri no se quedó en que el Estado no pondrá más dinero para el fútbol, lo cual sería una situación inédita en la historia de las relaciones entre la industria ligada a este deporte y los gobiernos de turno (lo que se estudia en mi libro “AFA, el fútbol pasa, los negocios quedan”, de 2016), sino que además reclama que los clubes, ya exhaustos aunque por su propia impericia y sólo en el final de 2016, por el vaciamiento que también se intenta desde el poder político, paguen sus impuestos y se hagan cargo de sus obligaciones “sin excepciones”, según se desprendió de la boca del primer mandatario.

Claro que en la Argentina ninguna lectura es ni puede ser lineal. Y no es que lo que Macri dice textualmente pueda interpretarse como que el Estado se desentiende del fútbol. Todo lo contrario. Hoy, el gobierno forma parte de una extraña intervención y tiene un alto porcentaje en la toma de decisiones de una Comisión Normacrizadora que mientras estuvo internado el titular, Armando Pérez, fue manejada por el abogado Javier Medín, que le reporta directamente, aunque debe tener cuidado y sintonizar con Zurich, la sede de la FIFA, que tiene la otra parte de la intervención.

La otra bravata es la que acostumbran a lanzar los dirigentes del ascenso, que ahora amagan a parar el fútbol “por seis meses, si es necesario” en el caso de que el Estado no ponga dinero, lo cual forma parte de un absurdo doble, porque ellos mismos firmaron el pedido de rescisión del FPT con el Estado por tener, supuestamente, una oferta mejor, hace medio año, pero además, porque exigen como condición tener una conducción elegida por los propios dirigentes y eso ya forma parte del cronograma establecido por la FIFA la semana pasada, que fija la fecha electoral para el próximo 28 de abril.

Sosteníamos párrafos arriba que hay que leer con doble rasero lo que se dice desde los funcionarios o dirigentes porque aunque desde la boca de Macri parece que el Estado se desentiende del fútbol, lo cierto es que negarle dinero significa vaciarlo y propiciar, ante la desesperación económica de los clubes, las llegada de las SA a través de la ventana de la Superliga.

A propósito de la Superliga, ahora parece que entre tantas vueltas, aparece la chance de retomar el pacto que casi se lleva a cabo en junio pasado entre Hugo Moyano y Marcelo Tinelli, cuando salieron todos abrazados de la reunión con AFA-Turner y parecía que volaban los papelítos y las guirnaldas: la casa madre del fútbol quedaba para el camionero, con las categorías del ascenso desde Primera B Metropolitana, y el negocio de la selección nacional, mientras que el showman se quedaba con la Superliga en Puerto Madero, que contendría a la Primera A y al Nacional B (http://sergiol-nimasnimenos.blogspot.com.ar/search?q=Hugo+Moyano).

En aquel momento sonó un teléfono desde muy alto nivel y se les dijo que se les bajaba el pulgar porque la Inspección general de Justicia se oponía a las candidaturas aunque de fondo, el mayor problema era que el grupo mediático más importante de la Argentina se quedaba afuera del negocio de la TV, y era el grupo que había sostenido la más importante campaña presidencial.

Sin embargo, los dirigentes no escarmientan y ahora es Daniel Angelici, el todo poderoso presidente de Boca Juniors, el que retoma la chance de reflotar esta idea, aunque subió la apuesta como representante de los intereses de los clubes grandes (excepto el eje CNBA, es decir, River-San Lorenzo) y de clase media alta: Superliga por un lado, aunque sólo con la Primera A, y Ascenso por el otro, desde el Nacional B para abajo, sumado al negocio de la selección argentina.

Las posibilidades de acuerdo no cambian. Ya eran altas hasta que apareció en junio aquella llamada que interpuso la necesidad de que el gran grupo tuviera participación en el negocio, y ahora siguen siéndolo porque de todos modos, cuando en las próximas horas llegue el Estatuto reformado por la FIFA para su consideración, en principio daría la chance de que los clubes grandes equilibren la fuerza con los votos y el resto debería ir al pie, como nunca antes había ocurrido.

Para los clubes medianos, chicos o del Ascenso, se abre una etapa complicada por su muy mala relación con el macrismo, y justamente Claudio Tapia aparece como uno de los únicos interlocutores posibles de este grupo junto a Pablo Toviggino, respetado dirigente del interior e integrante de la Comisión Normacrizadora.

En tanto, Hugo Moyano y Angelici, antes muy enfrentados y ahora reunidos para encontrarle la vuelta al asunto, buscan un candidato para la Superliga aunque el mayor problema es la oposición de los presidentes de San Lorenzo, Matías Lammens y de River Plate, Rodolfo D’Onofrio, a cualquier intento de SA en el fútbol, por lo que no entran en el plan de Macri. Allí radica hoy el punto clave para obtener los votos de esos clubes “díscolos”.

Con la llegada del Estatuto vendrá la nueva batalla, la de aceptarlo como viene (cosa harto improbable porque uno de los dos sectores en pugna estará perdiendo en votos) o modificarlo según los intereses de cada uno, lo cual significará una vez más, con bravatas, insultos y negociaciones, que todo sigue igual que en el 38-38 de diciembre de 2015.


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