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domingo, 15 de enero de 2017

El Sevilla eleva sus objetivos (Yahoo)





En el verano europeo pasado, la dirigencia del Sevilla tuvo su única duda: fue cuando se enteró de que existía una mínima chance, pero chance al fin, de que su nuevo entrenador, el argentino Jorge Sampaoli, al que fue a buscar con total convicción, abandonara el club para irse a dirigir nada menos que a su selección nacional, como es su sueño desde hace mucho tiempo.

Pero el entrenador tenía una altísima cláusula de rescisión, sabía que de irse posiblemente las puertas del fútbol europeo se le cerrarían por mucho tiempo al abandonar su lugar demasiado pronto (de todos modos, ya la AFA había hecho lo mismo con Marcelo Bielsa cuando éste dirigía al Espanyol en 1998), y al fin de cuentas, luego de dirigir a equipos pequeños en Sudamérica y tener un resonante éxito al ganar la Copa América con la selección chilena, esta era una gran ocasión para demostrar que estaba para más en su carrera.

Esta situación actual del Sevilla, cuando promedia la temporada 2016/17, es un evidente salto de calidad respecto de las anteriores en todo sentido y tiene, también, un gran mérito de la dirigencia, pero en especial de su director general deportivo, Ramón Rodríguez Verdejo, (más conocido como “Monchi” en el ámbito futbolero), que no quiso quedarse con los laureles nada desdeñables de las cinco Europa Leagues ganadas (de hecho, es el campeón vigente) y apostó por mucho más, por tratar de acercarse a las potencias como Real Madrid, Barcelona y Atlético Madrid.

De hecho, hoy el Sevilla, por títulos, riqueza de su plantilla, funcionamiento, continuidad y resultados, comienza a ocupar el lugar dejado por el Valencia, cuyos dislates institucionales lo han llevado a pelear ahora por salvarse de descender a Segunda.

No resulta entonces para nada casual este presente del Sevilla, segundo en la Liga con 39 puntos, a uno del puntero Real Madrid (que tiene un partido menos y podría alejarse hasta cuatro puntos), y también clasificado para octavos de final de la Champions League, algo que no había conseguido en ediciones anteriores en las que al no poder pasar su grupo inicial, acabó jugando (y luego ganando) la Europa League.

Tampoco es casual que el Sevilla haya vencido el pasado domingo al Real Madrid, quitándole un invicto de 40 partidos, récord  histórico en España, porque ya había estado a punto de conseguirlo a mediados de semana por la Copa del Rey pero en aquella ocasión, una genialidad de Karim Benzema en la última jugada del partido logró impedirlo.

También por la Liga, en un colmado y eufórico estadio Ramón Sánchez Pizjuán, el Real Madrid estuvo a segundos de continuar con el récord pero a diferencia del partido de Copa, se encontró con un golazo del nuevo fichaje de los andaluces, el experimentado delantero montenegrino Stevan Jovetic, quien ya ha marcado dos goles en ambos encuentros ante los blancos y quien acaba de llegar cedido con una opción de compra de 14 millones de euros.

Si el Sevilla venía mejorando su plantilla, no cabe duda de que esta vez la dirigencia ha querido complacer al cotizado entrenador Sampaoli (uno de los preferidos por los jugadores de la selección argentina, que habían pedido su fichaje), y por esta razón, los jugadores que han llegado han sido todos de gran nivel, como el brasileño Paulo Henrique Ganso, el francés Samir Nasri, o los argentinos Gabriel Mercado y Franco Vázquez.

En cuanto al juego, Sampaoli tiene un parecido a su compatriota Diego Simeone en cuanto al esfuerzo de sus jugadores y a cómo vive intensamente cada uno de los partidos, casi jugándolos a la par de sus dirigidos desde la línea de cal, pero hay una diferencia en el sentido estético.

Si Simeone es un defensor acérrimo del pragmatismo y los resultados, Sampaoli, quien proviene de la escuela de Marcelo Bielsa, cree en el aceitamiento de un sistema y en determinados métodos para que sus equipos tengan una determinada estética, más allá de la cosecha de puntos.

Pueden dar fe los chilenos, que nunca habían ganado un torneo sudamericano hasta que Sampoli sacó absoluto provecho de la localía en la Copa América de 2015 y hasta tuvo que manejar situaciones disciplinarias muy complejas como el accidente de una de sus máximas estrellas, Arturo Vidal, durante el torneo.

Pero en la final, tanto Lionel Messi como sus compañeros de Argentina tuvieron que sentir el rigor en la marca y la asfixia en la presión característica de los equipos de Sampaoli, quien no por eso impidió que brillaran un diez clásico como Jorge Valdivia o sus delanteros Vidal y Alexis Sánchez.

A diferencia del Atlético Madrid de Simeone, si biel el Sevilla presiona en todos los sectores de la cancha, también utiliza jugadores con muy buen pie como ejes, especialmente Nasri y Vázquez, pero también Ganso si es necesario.

En un fútbol mundial que va perdiendo las características de los “números diez”, Sampaoli trata de recurrir a los que puede, y busca delanteros no sólo con gol sino con capacidad resolutiva a partir de la técnica, como el recién llegado Jovetic pero también como Wissan Ben Yedder o Luciano Vietto.

El Sevilla no se ha conformado con lo que ha ganado y va por más. Parece tener con qué, y esa es una buena noticia para un fútbol español que siempre oscilaba entre los mismos ganadores.


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