domingo, 24 de diciembre de 2017

Un clásico repetido y una Liga casi acabada (Yahoo)




En fútbol es muy difícil predecir, y menos cuando queda una ronda entera y tratándose de un equipo con la riqueza de la plantilla del Real Madrid, pero tras el Clásico del pasado sábado en el Santiago Bernabeu, con la contundente victoria del Barcelona (0-3), esta Liga Española parece sentenciada demasiado pronto.

A la enorme distancia de catorce puntos entre este Barcelona líder e invicto, y el Real Madrid (que de todos modos, tiene un partido pendiente que podría acercarlo un poco), hay que sumarle la regularidad azulgrana y que el 0-3 de la ida hace muy difícil una remontada en el average de la vuelta para una eventual (y hoy, insospechada) igualdad de puntos en el final, por lo cual el Real Madrid necesitaría, en el mejor de los casos, a día de hoy, sacarle doce puntos en veinte jornadas a su más fuerte rival.

Tomando en cuenta el 2017 del Real Madrid y que hasta una de las polémicas de la semana previa al Clásico en torno del partido era la posibilidad o no de que el Barcelona le hiciera pasillo como reciente campeón mundial en Emiratos Árabes, parece extraño que estemos analizando la Liga con estos parámetros pero el enfrentamiento entre los dos grandes del fútbol español deparó no sólo un resultado final recurrente sino también algunas evidencias futbolísticas.

Por ejemplo, que desde hace años que el Barcelona, aún con algún resultado adverso en el medio, le tiene tomada la medida al Real Madrid. En el Santiago Bernabeu, y casi sin más delantero neto que el uruguayo Luis Suárez, se tomó toda la primera parte para esperarlo desde el medio hacia atrás, retener el balón y desesperar a los blancos, para rematarlo en la segunda parte desde principio a fin.

Pocas veces el Barcelona descansó tanto en el Bernabeu como el sábado pasado, porque de manera inteligente, y sabiendo que no contaba con Osmane Dembélé ni Paco Alcácer, el entrenador Ernesto Valverde diseñó un esquema distinto en una parte que en la otra apostando al factor tiempo y si bien el Real Madrid tuvo algunas posibilidades de marcar a través de Cristiano Ronaldo y Karim Benzema, salvadas a veces por el azar y otras por un gran Ter Stegen, también es cierto que desde hace meses que los blancos no vienen siendo contundentes.

En cambio, el Barcelona juega con la serenidad del líder y con la tranquilidad de saber que entre Lionel Messi y Suárez, acompañados por los laterales (especialmente Jordi Alba) y la llegada de los volantes (en esto, Paulinho es una agradable sorpresa), siempre cuenta con chances de marcar.

Muchos le han caído al entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, por su decisión de recurrir a Mateo Kovacic para marcar a Messi, y para eso, quitar un jugador de ataque, pero no parece un error grosero. Todo lo contrario, no nos sumamos a las duras críticas porque el plan no salió mal de por sí, sino que hoy, seguir al argentino por todo el campo es una tarea sumamente ingrata.

Messi no sólo no se estaciona en un sector, como antes sí lo hacía por la derecha, sino que además, a veces parece que no se mueve pero lo hace a veces  de a pasos cortos y otras, suele engañar porque amaga hacia un lado y aparece libre por el otro y además, es uno de los pocos jugadores en el mundo con tanta capacidad para desequilibrar en el uno contra uno, en la jugada corta y en la larga, y si puede ser ayudado por otros compañeros de buen pie como Andrés Iniesta e Iván Rakitic, más complicado es mantener una regularidad sobre él.

Además, este esquema le sirvió demasiado poco tiempo a Zidane porque cuando el Barcelona quebró el cero, era obligado el cambio de Kovacic por un atacante, y si le sumamos la expulsión de Dani Carvajal en el penalti del 0-2, que lo dejó con un jugador menos, ya la situación era demasiado desventajosa.

Lo cierto es que Zidane consideró que no tiene hoy al mejor Isco, o al menos está un poco lejos de aquel que deslumbrara hace meses y en la temporada pasada, y Gareth Bale todavía no adquirió el ritmo ideal luego de una larga lesión y está dando sus primeros pasos en su regreso, lo cual significa que para la segunda parte de la Champions League, desde febrero, podamos ver en buena forma a la BBC.

Una paradoja es que este Clásico se jugó al mediodía para poder llegar a los televidentes asiáticos (en especial a los chinos), como forma marketinera para comenzar a discutirle a la Premier League una supremacía futbolística por la que los británicos sacaron demasiada ventaja cultural, pero al mismo tiempo, con este resultado tan contundente para el Barcelona, y nueve puntos de diferencia con el segundo (un Atlético Madrid que perdió su invicto ante el Espanyol y que tuvo que bajar a la Europa League al no clasificarse en su grupo de la Champions), se le ofrece al mundo un torneo casi definido en su mitad y que no promete atrapar demasiado en lo que resta, salvo hechos muy sorprendentes.

Y si le agregamos que al ser apartado Angel Villar por el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD), tras 29 años en la presidencia de la Federación Española, la FIFA puede descalificar a la selección española del Mundial de Rusia por considerar intromisión estatal (algo que el estatuto prohíbe), no es la mejor imagen para los meses que vienen.

Si el fútbol español muestra estas contradicciones, ¿cómo no las va a tener uno de sus equipos, el Real Madrid, campeón de Europa y del mundo, pero goleado en casa por el Barcelona, sin poder de fuego, casi fuera de esta Liga y con el PSG esperándolo en octavos de Champions?


Por suerte para todos, el fútbol no es matemáticas y aún nos puede reservar alguna sorpresa en lo que queda de la temporada.

No hay comentarios: