lunes, 26 de marzo de 2018

Demasiadas cosas por corregir para tan poco tiempo (Jornada)





Si bien Jorge Sampaoli, el director técnico de la selección argentina, sostiene que en su mente ya tiene la lista definitiva de los veintitrés jugadores para el Mundial de Rusia, es claro, cuando sólo queda un partido antes de confeccionarla, que está pagando errores que en buena parte no son suyos, y tiene dudas demasiado grandes que sí le corresponden.

Buena parte de la prensa ha sido demasiado benévola con el entrenador, que, es cierto, tuvo que cortar camino acaso como ninguno de sus colegas de selecciones mundialistas y ha decidido cambiar otra vez el estilo impuesto por sus antecesores Alejandro Sabella, Gerardo Martino y Edgardo Bauza, por el escaso tiempo de que dispone, y entonces ve actuaciones descollantes en lo que como máximo no pasa de buenas (como en el caso de Giovanni Lo Celso o Manuel Lanzini) y ha minimizado importantes desacoples defensivos en el último compromiso del pasado viernes ante Italia en Manchester, al punto de que Willy Caballero se convirtió en clara figura al tapar no menos de cuatro remates con destino de red.

Es verdad, también, que ante Italia faltaron nada menos que Lionel Messi, lo que no necesita definición a esta altura, y Sergio Agüero, de gran presente en el Manchester City y que otro jugador que podría ser importante en la estructura, como Ever Banega, ingresó en el segundo tiempo. Pero no es mucho más lo que la selección argentina puede ofrecer como su máximo potencial en estos tiempos, especialmente si se tiene en cuenta que el otro gran desequilibrante es Paulo Dybala, y no parece ser tenido en cuenta entre las prioridades de Sampaoli.

Entonces, teniendo en cuenta lo que hay, aparecen varios interrogantes que van mucho más allá del partido de mañana ante España en Madrid, en un compromiso mucho más peligroso y valioso que el anterior. Porque los dirigidos por Julen Lopetegui son una potencia real, se encuentran en la lista de máximos candidatos al título mundial en Rusia (ratificado por su gran actuación el pasado viernes ante Alemania), y porque su estilo de juego, si bien mejorado y muy superior, tiene un punto de parecido con el de Croacia, rival de Argentina en la fase de grupos en Rusia dentro de menos de tres meses.

En cambio, el partido con Italia sirvió para observar a algunos jugadores para ir cerrando la lista, porque en cuanto a sistema, el de los anteriores rivales (no clasificados para el Mundial y en absoluta transición por cambios en la conducción del equipo y de la propia Federacalcio) no se parece a ninguno de los tres rivales que ocasionalmente le tocaron al conjunto nacional.

España, en cambio, es una gran medida (especialmente si juega Messi, quien está en dudas) por todo lo que significa y porque en la ruta argentina del Mundial aparece en cuartos de final, y por esta misma razón, tal vez sea aconsejable no mostrar todas las cartas.

Pero mucho más allá de esto, y con cada vez más claros los nombres de algunos jugadores para la lista de veintitrés (Willy Caballero ya parece haber cerrado el tema de los arqueros, Lo Celso se sumaría a los volantes, Nicolás Tagliafico ingresaría como lateral izquierdo para ser una alternativa de Marcos Acuña. Manuel Lanzini va ganando enteros en la creación), hay determinadas cuestiones que siguen preocupando.

Una de ellas es el lugar que en esta selección ocupa Javier Mascherano. De peso y liderazgo indiscutidos, en todo este ciclo apareció como marcador central, rol que también tuvo en el Barcelona. Como pretendía ser volante central y estaba tapado por Sergio Busquets (quien justamente no estará mañana ante Argentina, por lesión), emigró a China, una liga muy menor (Carlos Tévez puede dar fe), hace un mes. Y repentinamente, Sampaoli ya lo incluye como volante, en lo que no parece haber demasiada muestra de autoridad desde el banco.

Tampoco parece darla el hecho de que Sampaoli diga, aunque con total sinceridad, que esta selección parece mucho más un equipo de Messi que suyo propio, porque aunque sea el mejor jugador del mundo, sigue siendo eso, un jugador, y no un entrenador, y nunca es recomendable que un jugador tenga esa situación en un plantel, por una cuestión de institucionalidad, que tanto desapego genera por estos lares en cualquier ámbito.

Justamente por ser más “messista” que Messi es que Sampaoli se fue tomando demasiado en serio aquella frase tan pura de Dybala en la antesala de un Barcelona-Juventus por la Champions League del año pasado, cuando manifestó que no se sentía cómodo jugando al lado de Messi. ¿No es acaso el rol de un director técnico auscultar los motivos y mejorar la dupla, que quitarle de encima un supuesto “problema” a su mejor jugador?

¿No quedó claro ante Italia, que Dybala es el jugador que debe ingresar por su explosión y su ductilidad cuando Messi no está?

Distinto es el caso de Mauro Icardi, porque ante un nivel de paridad con Gonzalo Higuaín, el director técnico tiene que decidir por pequeños detalles.

Pero regresando a lo que queda por corregir, a menos de tres meses para su debut mundialista, la selección argentina no tiene definido su sistema táctico en la parte defensiva (si línea de tres o de cuatro, aunque parece inclinarse por la segunda), Sampaoli está probando a Ramiro Funes Mori, que lleva casi un año sin jugar, o Marcos Rojo recién regresa ahora y como central (cuando antes fue lateral), también alejado de las canchas por varios meses. Al mismo tiempo, espera que se recupere otro lesionado como Eduardo Salvio para que haga la banda por la derecha, y aunque originalmente es volante, de no llegar podría reemplazarlo Fabricio Bustos, que es un defensor.

La otra gran duda pasa por el volante que acompañaría a Lucas Biglia en el medio, con el interrogante de si Sampaoli considera titular o no a Mascherano. Demasiados candidatos como Pablo Pérez, Enzo Pérez o Leandro Paredes, y como punteros, con Cristian Pavón con más chances, aún disputan un lugar Ángel Correa y Diego Perotti. Y aún Lautaro Martínez pelea por otro lugar como centrodelantero, que haría quitar otro lugar en la creación o en el ataque.

Y la incertidumbre está enfocada también al propio sistema, porque no parece claro el Plan B cuando Messi no está, con un juego sin demasiado vuelo, apenas correcto, aunque las intenciones sean las de tener la pelota y hacerla correr. No está nada mal, pero sería deseable saber también qué hacer con ella.

España, entonces, aún sin algunas de sus cartas bravas, será una buena medida, al cabo.

No hay comentarios: