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martes, 21 de septiembre de 2010

Las barras bravas de la primavera



El dato es que en un día festivo (feriado) para los estudiantes, en los festejos de su día y al mismo tiempo de la llegada de la primavera, en Buenos Aires hubo 74 detenidos y 50 heridos, algunos de ellos, con arma blanca, cuando el 21 de setiembre no había finalizado.
Sin embargo, es mucho más que un dato. Es la descripción de una realidad que desde esta columna venimos sosteniendo desde hace mucho tiempo: de nada sirven las medidas para luchar contra la "violencia en el fútbol" (término que está tan bastardeado que da lugar a que todos crean que pueden disertar sobre la materia), sin un acompañamiento de cambio social que comience por las estructuras.
¿Qué significa esto en un ejemplo práctico? que si por una política eficaz contra determinadas cabezas de barras bravas, pudiera terminarse con ellas, inmediatamente habría otras, y luego otras y luego otras y así, ad infinitum, si no se corrige lo fundamental, que es el hecho de que la Argentina esté condicionada por la violencia social producto de la marginalidad, de la falta de educación, de la falta de noción de igualdad de oportunidades (véase, si no, el extraño castigo al padre Grassi) y un imaginario colectivo que conduce a la injusticia y a la falta de futuro, o de un futuro demasiado condicionado.
No es, entonces, casual que una vez más, y en otra manifestación social que no está relacionada intimamente con el deporte, lo que se supone una fiesta no siempre termine como debería. Y no lo es porque en todos los estamentos de la sociedad seguirá ocurriendo lo mismo si no se trabaja yendo directo al corazón de la problemática, y lo seguiremos diciendo: el capitalismo no es un sistema que pueda dar una respuesta a este profundo problema. Es decir que dentro de él, absolutamente todas serán medidas que podrán emprolijar, alejar la violencia por algún tiempo, pero el propio sistema es violento y genera lo que puede observarse día a día. El sostener que dentro de este sistema, y de las condiciones de vida de la Argentina, se puede solucionar definitivamente el problema de la violencia, y específicamente en el fútbol, es, casi, mentir de antemano, o, en el mejor de los casos, genera una ingenuidad rayana en el desconocimiento, lo cual es tan peligroso como la inacción, o lo que tenemos hoy, una real ausencia de políticas de Estado, algo que nunca cambia en el país.
De allí los cromagnones, las etermnas muertes en las canchas, y también, claro, los heridos entre los estudiantes, incluso en un día de primavera, en su propio día.
Y seguirá ocurriendo, aunque parezcamos agoreros, aunque no guste lo que decimos.
La violencia no terminará mientras no haya políticas equitativas y de justicia social. No se puede solucionar, de fondo, de otra manera.

1 comentario:

Vasco dijo...

En términos de conflicto (político o social) suelo decir que la paz no es el árbol, es el fruto. Si no hay justicia no puede haber paz social. Alguien se rebelará, con mayor o menor conciencia de su situación. La rebelión llega a ser entonces un derecho o, peor aún, una necesidad de supervivencia. Lo que se vio en Palermo, es el presente que una vez fue futuro y estuvo en manos de muchos evitarlo. Y no lo hicieron. Hoy estamos preparando un porvenir que no será mucho mejor. Por tanto, comparto el pensamiento de su artículo.