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martes, 7 de septiembre de 2010

Mucho más importante para Argentina que para España



No hay que confundirse. Pese a que se intenta vender este partido como “la final que no fue”, está muy lejos de ser así. No fue la final tan solo porque la selección argentina no dio la talla y perdió estrepitosamente en cuartos de final en el primer partido de real impoirtancia del Mundial ante una potencia histórica. España, en cambio, y mal que les pese a los que intentan por todos los medios señalarla como una selección aburrida, o sin variantres por monopolizadora de la pelota (vaya crítica, ojalá fuera así con la de Argentina), es campeona del mundo por dserecho propio y por decidir por fin, desde hace poco más de un lustro, jugar con un estilo prolijo y especialmente, utilizar muy bien sus recursos a partir de tener abundancia de jugadores para el toque del medio hacia adelante, con una salida prolija atrás, un arquero fuera de serie como Iker Casillas, y algunos excelentes definidores en el ataque, sumado a la aparición de una generación excepcional, y un entrenador osado primero, como Luis Aragonés hasta la Eurocopa (que también ganó en 2008) y otro simple, y que supo mantener todo lo bueno trabajado antes y le agregó su impronta caballerosa, como Vicente Del Bosque.
Entonces, no nos engañemos. Este de hoy es un partido que muchos quisimos ver desde que España es lo que es, y que luego del Mundial y del cambio de entrenador, con la esperpéntica salida de Diego Maradona, y su reemplazo, por ahora, de Sergio Batista, va a marcar a la selección argentina en el punto justo de dónde se encuentra parada, pero no hay que olvidarse de muchos elementos para no equivocarse. La selección española, aún con casi todas sus estrellas, llegó apenas horas antes del partido luego de jugar uno (por más fácil que fuera) por eliminatorias de la Eurocopa 2012, y el estado físico no será el mejor. Para España, entonces, y como califica bien su propia prensa, es, en todo caso, “el más serio de los partidos amistosos” de este tiempo.
Para Argentina, en cambio, es mucho más que eso. Porque insólitamente y aunque él mismo insiste con que no debería ser así, batista se juega casi todas sus chances en el estadio Monumental, y porque, como indicaba la lógica del sentido común antes perdida, volvió a recurrir a muchos jugadores que no debieron faltar en el Mundial, como Javier Zanetti, Esteban Cambiasso o Gabriel Milito, mientras que también se pone en juego el sistema táctico a utilizar y en este punto es importante detenerse. Es loable que desde donde se viene y por lo que se ve (o mejor dicho, no se ve) en la liga argentina local, Batista intente que la selección trate de tratar bien la pelota, de jugar asociadamente, de tenerla todo lo posible, parecerse, de acuerdo a sus palabras, a la idea que encumbró a España a donde hoy está. Lo que se discute es si, por un lado, eso que decimos que “se parece a España” no es, en definitiva, el viejo librito de siempre, con sus cambios de artistas y de épocas, lo que fue siempre el elegante estilo argentino, y, por otro lado, si efectivamente, con los jugadores que Argentina posee hoy, no se ttarará de jugar pareciéndose a la Argentina de antes, y no a ejemplos de otros seleccionados por más buienos que éstos sean, es decir, apostar, finalmente, a la propia identidad perdida por locuras que ya es hora de que dejen de existir y la pregunta, que excede a España y todo su glamour, es si será posible recuperar la identidad perdida con managers como Carlos Bilardo conviviendo con las mejores intenciones de Batista. No parece fácil el camino, pero ante España, se verá si al menos una forma distinta de pensar el juego y de ejecutarlo, puede ser posible, se gane, se empate o se pierda. Por eso, Argentina se juega mucho más, porque España, gane o pierda, seguirá siendo campeona del mundo cuando deje Buenos Aires y el argentino no será más que un seleccionado en debate y en formación, que ni siquiera tiene seguro, hoy, su entrenador.

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