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sábado, 31 de agosto de 2013

El trabajo de Martino (Yahoo)



El debut oficial del Barcelona con el argentino Gerardo “Tata” Martino como nuevo entrenador, no pudo ser más ilusionante. No hubo nunca un 7-0 inicial, como hace escasas dos semanas ante el Levante (que pudo ser mucho más amplio) y rápidamente llegaron las mieles de la crítica, que sumaba el rotundo 8-0 al Santos de Brasil, también en el Camp Nou, por la tradicional Copa Joan Gamper.

Sin embargo, apenas tres partidos siguientes, dos por la Supercopa de España ante el Atlético Madrid, y uno por la Liga en La Rosaleda ante el Málaga, marcaron que hay muchísimo camino por recorrer, y que la verdadera temporada acababa de comenzar recién ahora, cuando el Barcelona se encontró con equipos más competitivos, que le plantaron más cara, muy lejos de la gira asiática, el Santos o el Levante.

Martino, con mucha sencillez y claridad, viene sosteniendo que hereda un equipo muy fuerte, acostumbrado a ganar, que es candidato siempre y que su tarea primordial es recuperar aquella presión perdida desde los atacantes, y la concentración que lo hizo un equipo casi perfecto.

Así es que el entrenador argentino, desconocido en Europa pero el más laureado de los veinte que dirigen en la Liga Española, también prefirió repartir confianza en el vestuario, desestimando el recurrente intento del club por fichar un defensa central de categoría internacional, para apostar por el retorno del veterano capitán Carles Puyol y en todo caso, contemplar en diciembre la situación del plantel.

Indudablemente, Martino tiene controlado el vestuario, no tiene problemas allí y los jugadores le responden porque su discurso les llega y ha establecido buenas relaciones personales, al punto de que hasta Lionel Messi, hambriento de jugar todos los minutos de todas las competencias, ha aceptado salir o rotar, si es necesario.

El problema, entonces, de Martino, es otro. Es táctico, si se entiende por táctica la forma de jugar de un equipo, al margen de los planteamientos para cada partido (estrategia).

El Barcelona lleva años jugando de una manera determinada que ya es conocida por todos, muy estudiada, y ya comienzan a aparecer los primeros antídotos para soportarla, y al mismo tiempo, se ha anquilosado la idea de que se puede jugar siempre con un “falso nueve” en el ataque, que llegue desde fuera del área, y que, entonces, sorprenda a los defensores con sus movimientos.

Los primeros años en los que el Barcelona deslumbró al mundo con su fútbol, con un ataque compuesto por Messi, Samuel Eto’o y Ronaldinho, contaban con el ahora delantero del Chelsea penetrando a veces hasta la misma línea de meta rival, aunque con su salida, nunca volvió a ser reemplazado por un jugador de sus características y su cintura.

Con el paso de Messi como “falso nueve”, ya en tiempos de Josep Guardiola, comenzó la creencia de que siempre se puede jugar así cuando en verdad es el genio del argentino el que lo hace creer. Es Messi, sólo él, quien puede llegar a los noventa goles anuales de esta forma, y entonces no se sienten a gusto ni los Ibrahimovic, jugando a espaldas de la portería rival, ni David Villa, confinado a la punta izquierda del ataque cuando es un nueve goleador.

Entonces, a este Barcelona de hoy, al que ya ningún equipo le sale a disputar la posesión de balón y lo espera en racimos en su propia área, cediéndole hasta los extremos, le aparecen dos problemas básicos de ataque y uno, más continuo, en la defensa.

En el ataque, cuando Messi está en condiciones de jugar todo el partido en su máximo esplendor, el problema es menor. Pero cuando eso no sucede, como en los últimos cuatro meses, no es lo mismo y la falta de gol es evidente. Ni Pedro, ni Alexis, ni Cesc, son jugadores que tengan gran poder de definición, y sumado a que el toque de balón no encuentra espacios por la acumulación de defensores, termina sucediendo que la diferencia en el marcador, de acuerdo al porcentaje de posesión de balón, es demasiado baja.

Con la venta (por una cifra irrisoria e inexplicable) de Villa al Atlético Madrid, y la cesión de una de las joyas de la cantera, Gerard Deulofeu, al Everton, el Barcelona se fue quedando sin Plan B. Es decir que si Messi no está en uno de sus mejores días, Martino debe recurrir a extremos, y a Cesc como “falso nueve” cuando en realidad se trata de un organizador que llegó al club más como sucesor de Xavi que como delantero.

Lo de Cesc Fábregas es mucho más aquello que lo convirtió en el líder del Arsenal de Arsene Wenger que lo actual de “falso nueve”.

El problema defensivo se suscita, entonces, a partir de este inconveniente ofensivo. Porque el Barcelona suele pararse muy adelante en el campo, en la medida de que los rivales renuncian a disputarle el balón y eso hace que el retroceso, las pocas veces que lo pierde, termine cediéndole las espaldas a los delanteros rivales en el contragolpe.

Así fue que el Atlético Madrid le convirtió en tres toques en el Vicente Calderón, y que Víctor Valdés se convirtió en la gran figura ante el Málaga y en la revancha en el Camp Nou ante los de Madrid, que casi se quedan con una Supercopa que el Barcelona ganó de manera muy angustiosa.

Por estas horas, Martino insiste en que no necesita ningún fichaje, pero desde el club, la máxima dirigencia dice lo contrario por lo bajo, y no se cansa de repetir que si bien no hay urgencias, seguirá hurgando en el mercado en busca de un Henrik Larsson o de un Maxi López de turno. Un nueve que permita pensar en un Plan B para esos días en los que el genio no encienda la lámpara.

Mientras tanto, Martino tiene mucho trabajo por delante para mejorar y pulir este Barcelona que ya se le conoce, y estudia, tanto.


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