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domingo, 6 de septiembre de 2015

El Caso De Gea, otra más de Florentino Pérez (Yahoo)



Y finalmente, el arquero David De Gea se quedó en el Manchester United y no será jugador del Real Madrid, al menos hasta fin de año. La novelas que en cada verano necesita crear el club blanco con el galáctico de turno, esta vez salió mal y como se sabe, en el último día del mercado de pases, la documentación llegó más tarde que lo deseado y la operación no pudo implementarse.

Los dardos van y vienen desde España a Inglaterra y de Inglaterra a España, y dos clubes que desde hace tiempo vienen rivalizando por todo, Real Madrid y Manchester United (en plantillas, en liderazgo económico mundial, en imagen, en marketing y en jugadores por contratar –en estos días, una foto con camisetas de los “Red Devils” incluyeron una enigmática de Cristiano Ronaldo con el número siete tradicional-) se atribuyen la responsabilidad en la operatoria fallida.

Al margen de quién tiene la mayor incidencia en lo ocurrido, sí hay que tener en cuenta que el Real Madrid tuvo todo el verano para fichar a De Gea, en un enredo de arqueros que comenzó cuando por fin le dio vía libre a Iker Casillas para que dejara el club luego de décadas de prestación, desgastado con los pasillos y los rumores de vestuario.

Y si el Real Madrid no accionó hasta el final por De Gea, no fue precisamente porque no lo tuviera claro desde un principio, sino que está muy acostumbrado a una política que le dio amplios resultados, pero que eso no significa que concuerde con los aspectos éticos.

El club blanco, desde la llegada del empresario Florentino Pérez en el poder, ha tomado como política de fichajes de lo que el dirigente llamó “galácticos”, el hecho de “ablandar” al club vendedor incidiendo directamente en el jugador, colocando al jugador por ser contratado en rebeldía con su club, generando enojo con su entrenador y su club de origen.

Así ocurrió con Zinedine Zidane, con Ronaldo Nazario, con David Beckham y con tantos otros, generando en muchas oportunidades tirantez con el club de origen, como en los últimos tiempos ocurriera con el Tottenham por Luca Modric o Gareth Bale.

Con el Manchester United, la cuestión ya venía desde los tiempos de Beckham, y se profundizó con Cristiano Ronaldo. Muchos recordarán aquellos cruces entre el entonces entrenador y luego manager Alex Fergusson y el Real Madrid y las protestas del escocés en público ante cuanto micrófono se le pusiera cerca.

Pero en el caso de De Gea las cosas ya fueron a mayores, porque como tantas veces, el Real Madrid operó hasta el final, apostó a que el arquero se enojara con su entrenador Louis Van Gaal y con los dirigentes, se declarara en rebeldía, y hasta rebajó a su muy buen arquero costarricense Keylor Navas, a quien quiso incluir en la operación para quitárselo de encima.

Esta vez, a diferencia de otras, salió mal. Por alguna razón, que las dos partes atribuyen a la otra, los papeles llegaron tarde y no sólo la operación no pudo realizarse sino que eso generó dos frentes: el de De Gea en el Manchester United, que ahora deberá regresar con todo en contra (el club, el entrenador, los hinchas), y el de Navas, bastante más tranquilo, aunque no por eso sin dificultades, en el Real Madrid.

De Gea tendrá ahora que pelear la titularidad con Sergio Romero, el arquero argentino que no sólo fichó el Manchester United sino que desde siempre fue del agrado de Van Gaal, pero el caso de Navas de regreso en el Real Madrid, es para detenernos un poco.

A las pocas horas de frustrarse el pase de De Gea, por el que Real Madrid pelea ahora para que se reconozca que los papeles se enviaron a tiempo y si no, regresará a la carga en el mercado de invierno, el club blanco le hizo un “reconocimiento” a Navas y le aumentó su paga, en un repentino cambio de opinión y de valoración del costarricense, en un acto de absoluta demagogia, que no es el único.

Porque hay varios ejemplos en un pasado reciente, de situaciones de hipocresía de parte de Florentino Pérez en el Real Madrid, desde aquel “never, never, never” ante la consulta por la contratación de Beckham, o la negativa cuando le consultaron si en los tiempos finales de José Mourinho, los capitanes (Iker Casillas y Sergio Ramos) fueron a sus oficinas para pedirle que al final de temporada se fuera el entrenador portugués, o la despedida formal de Casillas luego de no haber estado en la conferencia de prensa final que dio el ahora arquero del Porto entre lágrimas, como si en horas se pudiera pasar de estar ausente en el momento clave, a aparecer arropando al futbolista horas después.

Como pocas veces en el Real Madrid pudo evidenciarse el uso de métodos de empresa privada como en estos tiempos de Florentino Pérez, que fue capaz de echar en su momento, hace más de una década, a Vicente Del Bosque, como entrenador, 
seguramente porque tenía algunos kilos de más y poco cabello aunque llevaba de maravillas el vestuario repleto de grandes estrellas y había ganado varios títulos.
Así también tuvo que irse Claude Makelele, quien seguramente no inspiraba a que se compraran miles de camisetas con su número.


Muchas de estas cosas venían ocurriendo, con mejor o peor resultado, pero se iban resolviendo. Esta de De Gea, no terminó como los culebrones anteriores. Por una vez, algo salió mal. Y puso en evidencia una forma de dirigir, más expuesta que nunca.

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