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miércoles, 21 de agosto de 2013

Atlético-Barcelona, o Simeone-Martino (Jornada)



Para el fútbol del mundo, especialmente para los aficionados españoles, hoy se juega el primer partido fuerte de la temporada, nada menos que el partido de ida de la Supercopa de España, el campeón de la Liga (Barcelona) contra el campeón de la Copa del Rey (Atlético Madrid), pero para los argentinos, tiene un condimento especial, porque los dos entrenadores que se medirán son Gerardo Martino y Diego Simeone.

¿Acaso los dos sucesores, algún día, de Alejandro Sabella en la selección nacional? Esto aún es prematuro saberlo, pero vístala trayectoria de ambos como entrenadores, es claro que marchan hacia un destino más fuerte en un futuro próximo y los dos, dirigiendo equipos fuertes, marcando un camino.

Martino acaba de incorporarse al fútbol grande de Europa, casi un sueño, dirigiendo al mejor equipo del mundo de los últimos años, algo en baja por la recaída de su anterior entrenador, Tito Vilanova, lo que en estas horas es motivo de debate en los medios porque el veterano Xavi Hernández acaba de confesar que estaban un poco relajados la pasada temporada por esta situación y que no hacían la presión habitual desde los atacantes pero que ahora esto parece recuperarse.

El notable 7-0 ante Levante, si bien la diferencia de planteles y de economía es tan grande como el resultado del domingo en el Camp Nou, ya precipitó a muchos a hablar de un “estilo Tata” de juego, cuando precisamente si algo caracteriza al rosarino es la ductilidad para adaptarse a planteles disímiles y la prueba es lo que sucedió en la selección paraguaya.

Eso no significa que Martino no prefiera un estilo de posesión y control de balón, de presión en toda la cancha, de pelota jugada por abajo y con extremos y la prueba más cabal es el Newell’s campeón reciente. Pero no hay que exagerar tan pronto.

Bien dijo Carles Rexach, ídolo del Barcelona y columnista (su sección lleva el ocurrente nombre “Correr es de cobardes”) que a Martino esta noche le espera un partido demasiado duro en el Vicente Calderón y que para analizar un sistema se necesitan varios meses, más allá de la excelente impresión dejada por el “Tata” desde su llegada: humilde, sencillo, sin excusas y aceptando que cuenta con un gran plantel, pero también prefirió esperar la recuperación de su capitán Carles Puyol antes que hacerle gastar al Barcelona en un marcador central. Eso cayó muy bien en el vestuario, que se ganó muy rápido.

Por el lado de Simeone, conoce ya mucho más lo que es el fútbol europeo y más aún a su Atlético, un equipo que hasta su llegada vivía un letargo y que con su fuerza, optimismo y mucha psicología, logró colocar como tercero, detrás de los dos monstruos y hasta ganar en el Santiago Bernabeu a su tradicional rival la final de la Copa del Rey, lo que le permite jugar esta Supercopa y también la Champions League.

Martino no se escondió, tal su costumbre, y dijo en la previa que el Barcelona “siempre debe asumirse como favorito” y que le hubiese gustado dirigir a David Villa, que acaba de cambiarse del Barça al Atlético y que de marcar goles, los va a gritar “aunque con respeto”, algo que termina con la hipocresía de las manos pidiendo perdón, como si un gol fuese una traición.

De este Barcelona concentrado, con un excelente estado físico, y con el equipo motivado, todo es esperable, pero también del Atlético, que comenzó la Liga ganando en Sevilla 1-3 y que todo indica, pretende continuar con la regularidad de Simeone.

Lindo partido el que veremos mañana en el Calderón, con todos los aditamentos y por si fuera poco, con la presencia de Alejandro Sabella, entrenador de la selección argentina, con quien estuvimos dialogando extensamente y a solas en Barcelona el pasado lunes.

Sabella estuvo en la Ciudad Deportiva visitando a Leo Messi y Javier Mascherano, aunque quedó más que impresionado con Martino, a quien admiraba ya como jugador.

Es muy bueno que exista una relación así entre Sabella y Martino, de admiración y afecto recíproco. Son entrenadores respetuosos, trabajadores, honestos y de mucho conocimiento. Puede ser muy fructífero para los próximos años en la selección argentina. No es poco.

 


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