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lunes, 23 de noviembre de 2015

El Barcelona desnuda al Real Madrid (Jornada)



El termómetro de los silbidos en el estadio Santiago Bernabeu marcó a la perfección el clima que se vivió en el Clásico de la Liga Española, el más global del mundo. Desde la euforia inicial, cuando se silbaba estruendosamente cada vez que el catalanista Gerard Piqué tocaba la pelota, ya tenue al terminar la primera etapa cuando ya la victoria del Barcelona era incuestionable, más baja pero perceptible cuando buena parte del estadio se quejaba de la escasa voluntad de su máxima estrella, el portugués Cristiano Ronaldo, para intentar revertir lo que se asomaba como inexorable, hasta el silencio casi total cuando, para colmo, ingresó Lionel Messi luego de dos meses de ausencia por lesión.

Es que pocas veces un Clásico español tuvo un ganador tan claro, tan rotundo. El Barcelona pasó por arriba al Real Madrid en menos de un tiempo, y con la vuelta al planteo de los últimos años: tener la pelota, tocarla bien, hacerla correr, presionar la salida de un insólitamente desganado equipo blanco, llevarla a tres cuartos y matar, arriba, con su fenomenal dupla atacante (el uruguayo Luis Suárez y el brasileño Neymar) a falta de Messi, en el banco, para completar el triplete.

Este Barcelona ni siquiera se sobresaltó cuando se fue lesionado por un golpe fuerte Javier Mascherano, reemplazado por el francés Jérémy Mathieu, porque siempre estuvo seguro de sí mismo, con algunas actuaciones descomunales, casi sin errores, como las de Piqué atrás, -un baluarte que llegó a quejarse de que el ingresado Munir El Haddadi no le permitió el quinto gol, el de “la manita”, en el final-, un Sergio Busquets magnífico, un reloj, como volante central, un Sergi Roberto en franco ascenso como cuarto volante (aún perdiéndose dos goles hechos), y un Andrés Iniesta que jugó el mejor partido de los últimos cuatro años y que no por casualidad  se fue aplaudido por la afición blanca que cada tanto tiene ataques de honorabilidad, como cuando hace justo una década aplaudió a Ronaldinho, o en algún momento, a Messi.

Para el Barça fue un trámite porque el fútbol es contagio y las cosas salieron bien de entrada, por el tempranero gol de Suárez, con su típica definición de chanfle a la salida de Kaylor Navas, y eso favoreció el plantel de los azulgranas de tener la pelota, presionar y desesperar a los blancos.

Pero también hay que decir, rápidamente, que al planteo del Barcelona lo ayudó mucho un desconcertante Real Madrid, que venía disimulando algunas carencias por  una que otra goleada gracias a su tremendo ataque, la famosa BBC (Bale, Benzema, Cristiano Ronaldo), pero cuyo juego fue inconsistente en toda la temporada desde la llegada al banco del entrenador español Rafa Benítez.

Benítez provenía de equipos como Liverpool (con el que ganó la Champions League en una final memorable ante el Milan en 2005) o Nápoli (con el que ganó una buena Supercopa ante la Juventus), que son completamente distintos, con otra exigencia en cuanto a la generación de espectáculo, pero el presidente del Real Madrid, el controvertido empresario Florentino Pérez confió en él para reducir el margen con el Barcelona (cosa que ya intentó, con escaso éxito, José Mourinho algunas temporadas atrás) y apostó por los resultados, sin importar las formas.

Benítez, aún enemigo declarado de Mourinho, es de los entrenadores que creen en que tener la pelota no es lo importante, sino ser “efectivos” y si el anterior entrenador, Carlo Ancelotti, había conseguido adelantar unos metros al equipo y jugar más, Benítez fue llevando todo al terreno del contragolpe.

Ya Bale empezó a no estar seguro y a veces aparecieron planteos con 4-4-2, las lesiones fueron impidiendo un equipo constante y ese desdibujado equipo se pudo notar ante un Barcelona demasiado seguro, con muchos de sus jugadores en un gran nivel.

Tal como ocurrió en otros partidos (que es lo preocupante para el Real Madrid en esta temporada, como el tremendo baile en su salida a Sevilla), el Barcelona hizo lo que quiso en el partido, se dio el lujo de tacos y firuletes, y no concretó mayor diferencia por escaso margen y porque de manera inentendible, el entrenador Luis Enrique hizo salir a Iniesta para que ingresara un inmaduro Munir.

Para la anécdota, el ingreso de Lionel Messi, en el segundo tiempo, tras dos meses de ausencia. Tuvo buenas asociaciones, más allá de que resulta claro que le faltan minutos y rodaje, pero lo fundamental es señalar que en un 0-4 del Barcelona en el Bernabeu, el astro argentino tuvo poco que ver y que cuando se produjo su acceso, ya todo estaba definido.

Párrafo aparte para el arquero chileno Claudio Bravo, que pese a la inmensa superioridad, la insultante superioridad azulgrana, tapó tres claras ocasiones de gol aunque no retuvo una pelota al calcular mal un pique, lo que lo muestra talentoso pero con una cierta a la inestabilidad.

El Barcelona se va entonces a seis puntos del Real Madrid, en su liderazgo, aun que queda mucha Liga, y los blancos pierden incluso el segundo lugar a manos del Atlético Madrid de Diego Simeone, pero mucho más que eso, han perdido la confianza con la silbatina final y los pañuelos que se agitaron en protesta contra el presidente Pérez, mucho más por haber elegido a Benítez, seguramente, que por los jugadores que fichó, aunque muchos estén desconocidos.

Este James Rodríguez aún no es el que era (también se vio ante Argentina, en la semana, por la clasificación mundialista), ni tampoco Toni Kroos ni Luca Modric. Benzema, se sabe, atraviesa problemas personales serios en el “affaire Valbuena”, Bale casi no tocó el balón y Cristiano, al parecer, se quiere marchar al terminar la temporada, sea al PSG, sea al Manchester United.

Con una penosa actuación del brasileño Danilo (reciente fichaje) y sin posibilidades de echarle la culpa ahora a Iker Casillas (emigrado al Porto), al Real Madrid le esperan días agitados. Ha quedado desnudo.


El Barcelona, en cambio, se va pletórico de Madrid, a sabiendas de que lo mejor puede estar por venir, con Messi recuperado, con Arda Turan y Alex Vidal (y acaso Lavezzi y/o Van Persie)  incorporándose al plantel, y con el Mundial de Clubes a la vista.

Cuidado, River.

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