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jueves, 5 de noviembre de 2015

Final de Copa con mediocridad expuesta



Es entendible el festejo de tantos millones de hinchas de Boca Juniors en toda la Argentina, y en tantos lugares del mundo. Hacía tres años que no ganaba un título y hace cuatro que no conseguía un torneo local.

Sin embargo, especialmente este final de Copa Argentina de anoche en el Mario Kempes de Córdoba, este bochorno que vivió el fútbol argentino con un arbitraje deplorable de Diego Ceballos, expuso en su mayor amplitud la mediocridad que rodea a este ambiente desde hace tiempo.

Boca ganó, en gran medida, por graves errores de Ceballos y sus jueces de línea (en especial, Marcelo Aumente), que convalidaron un penal que no fue (en todo caso, fue falta fuera del área a Gino Peruzzi) y un gol en posición fuera de juego de Andrés Chávez ya en el final del partido, y que acabó con las entonces escasas esperanzas de empate de Rosario Central.

Se sabe que para un lector argentino, esté donde esté, no hay ninguna explicación posible. Unos, en su mayoría los hinchas de Boca, ya habrán cerrado la cortina a cualquier razonamiento y su sonrisa, seguramente, seguirá en su rostro desde anoche. Para el resto de los simpatizantes, se tratará, sin dudas, de actos corruptos.

Sí hay que puntualizar que hasta partiendo de la buena fe, tan difícil en un fútbol tan sospechado, con tantas manchas en su haber, que cuesta mucho creer que Aumente haya tenido una vista de lince para levantar el banderín del offside en el gol de Marco Ruben para cobrar un fuera de juego de Marcelo Larrondo, y que sin embargo no se haya podido ver un fuera de juego mucho más grueso como el de Chávez, visiblemente por delante de la pelota en el pase de Marcelo Meli (que de paso, muestra cómo hoy los jugadores no saben colocarse para recibir, y tampoco saben hacer la pausa para pasar la pelota a tiempo).

En un país normal, una final como la de anoche en Córdoba debería repetirse, al comprobar desde la tecnología que hubo errores groseros que alteraron el resultado, pero eso, en la Argentina, no va a ocurrir. También es cierto que este fútbol cada vez más viciado forma parte de un contexto de FIFA en el que se sigue eludiendo el uso de la tecnología en pleno siglo XXI cuando en la mayoría de los deportes hubo una lógica renovación. El fútbol sigue resistiendo porque justamente eso permite este tipo de confusiones que acaban favoreciendo a los poderosos.

¿O la falta de uso de la tecnología no permite que tantos equipos ejerzan toda su influencia para que se determine que dirija tal o cual árbitro? ¿O no ocurrió que Boca mismo creyó que a Ceballos lo puso la dirigencia de Rosario central por tantos errores en el año de este juez que favorecieron a los rosarinos?

El prejuzgar que un árbitro puede favorecernos o perjudicarnos forma parte de un sistema podrido, acabado, en el que rápidamente la tecnología podría desterrar, pero que por eso mismo no se quiere usar.

A partir de este esperpento, a partir de esta falta de deportividad, de esta mediocridad, hubo también un partido entre los que, se cree, fueron los “dos mejores equipos del año”.

En todo caso, Boca es el equipo que “mejores jugadores tiene”, lo que no significa para nada que eso sea sinónimo de “mejor equipo” porque, valga la aclaración, aunque es harto sabido, un equipo se conforma en un trabajo colectivo, en el que lo individual aporta hacia el bien del conjunto. Y no es lo que sucede en Boca, porque su director técnico, Rodolfo Arruabarrena, optó siempre por la vía más fácil: que resuelvan los que saben, y aguanten los que defienden. Y llegar al otro lado de la manera que sea, a los choques, pelotazos o gracias a la técnica de unos pocos  como Carlos Tévez en la segunda mitad de año, Nicolás Lodeiro, o el aporte de excelentes volantes como Pablo Pérez, Cristian Erbes o cuando le tocó jugar, o Adrián Cubas.

Rosario central sumó técnica al juego colectivo más vistoso que le imprimió su director técnico Eduardo Coudet y queda una sensación de injusticia que acabe la temporada sin títulos, habiendo sido el protagonista de los dos torneos.

Ante Boca, no pudo concretar por muchos pasajes su juego tradicional por la férrea marca rival, y tras unos primeros 15 minutos en los que fue dominado, lentamente se hizo de la pelota y la administró como pudo, aunque de los dos fue siempre el que propuso jugar, y el que trató mejor al balón.

Boca es un equipo con oficio, pero sufrió el partido en tres cuartos del mismo, porque ya físicamente muchos de sus jugadores no están como al principio, y porque prefiere delegar la responsabilidad del espectáculo en el otro, y eso crece exponencialmente si se pone en ventaja y la quiere defender.

Es decir, nada nuevo. Cada uno jugó a lo que jugaba. Y ganó el que menos apostó por el espectáculo gracias a dos fallos equivocados.

Pocas veces, como anoche, quedó tan expuesto el fútbol argentino en su totalidad.


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