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domingo, 7 de agosto de 2016

El decisivo viaje de Bauza a Cataluña (Yahoo)




En pocos días, los argentinos, y también en buena medida los seguidores del Fútbol Club Barcelona en todo el mundo, podrán saber si finalmente Lionel Messi regresa a la selección argentina para los dos próximos partidos por jugarse en setiembre por la clasificación al Mundial de Rusia 2018, o si se mantiene con la idea original dada a conocer a principios de julio acerca de que no volverá a vestir la camiseta albiceleste.

Pasados unos días de aquella final perdida por penales por la selección argentina ante la chilena, por segunda vez consecutiva, por una nueva Copa América, en este caso en los Estados Unidos, pareció que con sus vacaciones y un cambio de clima, rodeado de sus afectos y con los deseos de volver a jugar al fútbol, Messi podía cambiar de opinión.

Más aún, el pedido de su regreso de buena parte de una sociedad argentina que antes lo criticaba y hasta un sector sostenía que le importaba más el Barcelona que la selección nacional, tal vez puedan obrar sobre Messi, quien no volvió a pronunciarse en ningún momento, tal como suele ocurrir debido a que no es alguien que guste mucho de hacer declaraciones a la prensa.

El mayor problema para Messi, aunque pudo parecer que se trató de la enorme frustración por no haber podido conseguir un título con la selección argentina absoluta desde que debutó en 2005 con este equipo, no pasa por las derrotas que se pudieron haber acumulado, sino en la sensación de que no hay un respaldo institucional por parte de la muy caótica federación de su país, la AFA.

El enojo de Messi con la AFA tiene distintas aristas y no es sólo de este último tiempo. Desde hace tiempo ya que tanto él como muchos otros jugadores de peso, como Javier Mascherano, sienten que no hay un proyecto claro para las selecciones nacionales y que los dirigentes no tienen el nivel necesario para acompañarlos.

Un buen ejemplo es el propio sistema de juego. Desde que Messi juega en la selección argentina pasó de un esquema más ofensivo con Alfio Basile, quien utilizaba a Juan Román Riquelme como eje, a otro muy distinto con Diego Maradona hasta el Mundial de Sudáfrica. Luego llegó Sergio Batista con la idea de emular el 4-3-3 del Barcelona pero la mala campaña en la Copa América de Argentina en 2011 lo dejó en el camino y fue reemplazado por Alejandro Sabella, quien en cambio jugaba con presión alta y a la espera del error del rival y tras el Mundial de Brasil todo volvió a cambiar con Gerardo Martino, quien prefiere jugar con la tenencia de la pelota y apostó por Javier Pastore o Ever Banega para esa función.

Con la salida de Martino tras la reciente Copa América Extra de los Estados Unidos, Messi y Mascherano prefirieron el silencio para no interferir en la elección de un nuevo entrenador para la selección argentina, creemos que con acierto, porque no es función de los jugadores sino de los dirigentes y porque saben bien que cualquier mal resultado a futuro los tendría en el centro del debate.

Luego de un largo tiempo y de haber sufrido una intervención de la FIFA por los enormes problemas de corrupción que arrastró en estos años, la AFA por fin se decidió por Edgardo Bauza como nuevo entrenador nacional, aunque su preferencia pasaba por Jorge Sampaoli, Diego Simeone o Marcelo Bielsa, pero no consiguió a ninguno de los tres. El primero, porque significaba pagar una alta cláusula de rescisión al Sevilla, su nuevo club, el segundo prefirió seguir su ciclo en el Atlético Madrid, y el tercero directamente sintió que no era el momento.

En estas condiciones surgió la posibilidad de que el nuevo interventor, Armando Pérez, evaluara dialogar con varios entrenadores como Ramón Díaz, Carlos Bianchi (que decidió retirarse de la competencia) y Miguel Russo, hasta decidirse por Bauza, con quien se reunió primero.

Bauza, ex defensa central que ha llegado a ser el cuarto goleador de la historia del fútbol mundial en su posición, es reconocido tanto por su carácter ganador como por su fuerte personalidad, que le permitió obtener dos Copas Libertadores en sus quince años de carrera, una con Liga Deportiva de Quito en 2008,  que es la única que ha ganado hasta hoy un equipo ecuatoriano en las 57 ediciones, y la otra con San Lorenzo en 2014, que también es la única que ganó este club en toda su historia.

Bauza, que tuvo cortas experiencias en clubes del fútbol argentino, ya había dirigido en Perú, Ecuador y actualmente lo hacía en el San Pablo de Brasil y ni bien se le informó que había sido el elegido, manifestó que su intención es viajar a Barcelona para dialogar “de fútbol” con Messi sin una intención de convencerlo para regresar al equipo argentino aunque al mismo tiempo sostiene que no se imagina un equipo argentino sin el mejor jugador del mundo.

Habrá que ver si Messi acepta regresar pronto para jugar ante Uruguay y Venezuela, el 1 y 6 de setiembre próximos, por la clasificación para Rusia 2018 o si prefiere tomarse más tiempo para pensarlo y observar cómo será el nuevo esquema táctico de Bauza, un entrenador que suele hablar de “equilibrio” y que no tiene problemas en señalar que si sus equipos se ponen en ventaja, prefiere retrasarlo unos metros para mantenerla.

Bauza debe dar la lista de convocados antes del próximo 15 de agosto y aunque ya anticipó que en esta primera etapa no habrá cambios sustanciales respecto de los jugadores que participaron con Martino, parece fundamental la reunión con Messi de los próximos días.


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