miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Podrá Mourinho repetir en el Real Madrid la campaña del Inter? (Yahoo)



Por estas horas, seguramente el portugués José Mourinho tal vez esté pensando en que su historia se repite y vaya a saberse cuántas veces más aparecerá en su futuro, tratándose de un entrenador joven. Su segundo título de campeón de Europa, esta vez con el Inter y en el Santiago Bernabeu, que con probabilidad sea el suyo desde la temporada que viene, suena tan a despedida como cuando en 2004 ganó la Champions con el Porto, a sabiendas de que su destino ya estaba prefijado en el Chelsea.
El abrazo que le dio el eufórico presidente del Inter, Massimo Moratti, en medio de los festejos, es evidente que puso en aprietos a Mourinho, que si bien no se despidió aún de los italianos, lo manifestó a las claras a la prensa española, que lo espera como los enamorados a la primavera. “No me siento cómodo en Italia. Año nuevo, vida nueva”.
Los diarios deportivos de Madrid vienen anunciando hasta los detalles del acuerdo entre un Mourinho que cada día se cotiza más, y un Real Madrid desesperado por conseguir algún título que termine con esta sequía increíble para un club que ha gastado más de trescientos millones de euros en contrataciones tan sólo para la temporada que pasó.
No parece muy lejos de aquellos días de 2004 en Gelsenkirchen, cuando el Porto destrozó al Mónaco, pero a las pocas horas, Mourinho ya estaba volando en el avión del magnate ruso Román Abramovich y llegaba a un acuerdo para dirigir a un Chelsea que si bien no llegó a ganar la Champions, marcó una era en el fútbol europeo.
Poco le importó a Mourinho recibir los irónicos gritos de “traductor, traductor” en un Camp Nou que conoce a fondo, de cuando efectivamente llegó como traductor con el equipo técnico de Bobby Robson y muchos sostienen que como colaborador, sus informes sobre los movimientos tácticos rivales eran dignos de ser publicados en enciclopedias. Así, trabajó en el Barcelona y hasta llegó a compartir el banco de suplentes con el entrenador rival de la final del Bernabeu, Louis Van Gaal, quien horas antes, también pareció minimizarlo: “No pensé que llegaría tan lejos”.
Pero Mourinho llegó, con apenas cuarenta y siete años de edad, a la cima del fútbol mundial, tomando la responsabilidad de dirigir a un Inter, que si bien había terminado con los años de perdedor de scudettos (en muchos casos, sufriendo irregularidades arbitrales que mandaron a Segunda a la Juventus), pero que no lograba insertarse como potencia europea, y así terminó con Roberto Mancini y apostó por el portugués, a la espera de dar, por fin, el gran salto.
Y Mourinho aprovechó a la perfección un gran plantel, paradójicamente casi sin italianos (sólo lo son el veterano defensor Marco Materazzi y Matrio Balotelli, ambos suplentes), para hacerlo jugar más a la italiana que nunca, aunque con una verticalidad asombrosa y un pragmatismo digno del entrenador, que sostiene que sólo le interesa “ganar” y para eso, utiliza toda vía que le sea útil para su objetivo.
Mourinho fue sacando lustre del equipo, fortaleciendo el triángulo final, potenciando al brasileño Julio César tal vez como el mejor arquero del mundo, y con una excelente y segura dupla central, con Lucio y Walter Samuel, un mediocampo de gran despliegue físico comandado por Esteban Cambiasso y Thiago Motta, sacó partido de tener uno de los mejores enganches de Europa, como lo es el holandés Wesley Sneijder, y dos atacantes de excepción, como Samuel Eto’o y especialmente Diego Milito.
Si bien fue muy criticado por su juego especulativo en el Camp Nou ante el poderoso y hasta ese momento imbatible Barcelona de Guardiola y Messi, Mourinho comenzó a ser visto con simpatía por la dirigencia del Real Madrid al salir airoso ante los catalanes, y especialmente al generar su inquina, y al haberse quedado los blancos a las puertas de otro título de liga en España, fueron a buscarlo decididamente.
Llama la atención, sin embargo, la sinceridad de un Mourinho que se va dando cuenta de que es tan indiscutible hoy que no tiene nada para perder, y soltó una de las mejores sentencias: “conozco la historia del Real Madrid, pero no conozco su filosofía”. Esta definición es perfecta, porque incluye un enorme signo de pregunta sobre los dirigentes blancos.
¿Está dispuesto, el Real Madrid, a apelar a un planteo tan vertical como el Inter, resignando el fútbol vistoso al que está acostumbrado a ver el Bernabeu, sólo por ganar un título y destronar, o al menos alcanzar, al Barcelona?, ¿tolerará la afición del Real Madrid una sucesión de espectáculos basados en el pragmatismo sólo por terminar la sequía?
La respuesta no parece lejana porque esta situación ya fue vivida en el club, y no hace mucho. Cuando Fabio Capello regresó de Italia para volver a ganar una liga, y lo consiguió, de todos modos fue cesado cuando la temporada se cerró. La explicación que dieron entonces los dirigentes fue que a la afición no sólo le gusta ganar, sino hacerlo con unas maneras que agraden, y fueron a buscar a Bernd Schuster.
Ahora, pareciera que en el Real Madrid las cosas cambiaron y otra vez se resigna el buen juego logrado con el cesado entrenador chileno Manuel Pellegrini, que en apenas un año avanzó en diagonal y se colocó muy cerca del Barcelona, para apelar al pragmatismo.
¿Podrá Mourinho realizar en paz un trabajo como el brillante del Inter, con el que se quedó con la liga, la Copa italiana y la Champions? No parece fácil y la primera duda partió de labios del portugués, que ni en tiempos de euforia deja de pensar con sensatez.

1 comentario:

NoTe dijo...

Sí, por qué no? Grandes futbolistas que deberán adecuarse a un estilo distinto del de Pellegrini, quizás otra forma de conducción pero que se ha comprobado, a grandes escalas, de su eficacia. Saludos!