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sábado, 11 de diciembre de 2010

A propósito de Independiente y su nueva Copa



Por fin, luego de quince años, Independiente retorna al circuito internacional al ganar una copa, en este caso la Sudamericana. Los rojos, de esta forma, se colocan a sólo dos títulos de Boca Juniors y Milan, entre los equipos más ganadores de la historia.
Hasta aquí, todo correcto. Nada para reprochar y mucho, para los hinchas de Independiente, para festejar. Pero sí sorprende (sinceramente, cada día en menor medida visto lo visto en la prensa deportiva argentina actual) el nivel en el que se coloca este trofeo, en cuanto a su importancia en el contexto actual, y en cuanto a la calidad de sus jugadores y al juego del equipo.
Por lo pronto, este Independiente nada tiene que ver con ninguno de los equipos ganadores de copas internacionales en tiempos pasados. Ni siquiera se acerca al de los años noventa, el último con cierto nivel, porque ni cerca está este plantel de tener en sus filas a jugadores con habilidad o talento para la pausa al estilo de Gustavo López (que luego Europa lo hizo devenir en extremo por las carencias en la visión técnica del juego en el Viejo continente), o Daniel Garnero.
Por supuesto que menos que menos, puede compararse este equipo, que ocupa las últimas posiciones de la tabla del Torneo Apertura que ya finaliza, con aquel de los años ochenta, en el que poblaban el mediocampo jugadores hoy añorados por su técnica y panorama, como Claudio Marangoni o Ricardo Bochini, o Jorge Burruchaga, o delanteros con desborde como Alejandro Barberón, o marcadores de punta (nada de "laterales volantes" que ni marcan ni atacan) como Néstor Clausen o Carlos Enrique y por supuesto, lejos están los rojos de tener dos zagueros centrales de la talla de Hugo Villaverde y Enzo Trossero.
En esta columna se obvia mencionar los setenta y todos los trofeos seguidos porque tanto esta década como la anterior están ya a años luz de lo que ocurre actualmente, como si habáramos de otro fútbol.
Este tan festejado Independiente, comprensible desde la necesidad de vender por los medios y su dirigencia, y desde la necesaria ilusión que debe gestar el hincha en su interior, sufrió horrores para ganar por penales a un equipo ya descendido en Brasil, como el Góiás, que lo tuvo a maltraer en los treinta minutos del alargue, jugando como visitante y ante un equipo de tradición, y metió una pelota en el palo en el final mismo del partido.
Este festejado Independiente casi que no pudo armar tres jugadas seguidas en toda la temporada, y yendo a los tumbos en la Sudamericana, pudo ir pasando de rueda sin conseguir nunca un resultado claro como visitante. Accedió a la Copa in extremis, sin haber ganado antes ningún título local, algo que demuestra la decadencia de los torneos en Sudamérica con una enorme cantidad de participantes que llegan desde un cuarto o quinto puesto local, y que muchas veces comienzan la disputa internacional sin muchos de sus jugadores que lograron el acceso por haber emigrado la mayoría de ellos al exterior, hacia mercados más generosos.
Este festejado Independiente se tragó a varios entrenadores, entre ellos al propio Américo Gallego, que tuvo que soportar la peor fase de derrotas hasta, por fin, poder tener una idea de qué equipo competitivo dejar, a un manager como César Luis Menotti que, para variar, dejó un tendal con su salida, y hasta entrenadores interinos como Francisco Sá y Ricardo Pavoni, glorias de otro tiempo.
Como lo indicó su propia camiseta, azul, en el momento de la consagración, hace rato que este Independiente navegaba sin destino cuando por fin, en la perinola del toma y daca, dio en la tecla con Antonio Mohamed, y en este desvencijado fútbol de darle la pelota al rival, o chocar sin cesar con los contrarios a ver quién la tiene más grande, se encontró con una copa a mano, y la asió con todas sus fuerzas.
El título es legítimo y bienvenido para un club que la necesitaba como el agua, pero por favor, no comparemos, no hablemos demasiado de fútbol, porque en este terreno, no hay demasiado sustento. De alegría y festejos, todo lo que quieran. Fútbol, parece ya una palabra vieja, para la añoranza, para otros tiempos gloriosos de Independiente. Los de ahora sólo llevan el nombre, y sus hinchas, el afecto.

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