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martes, 14 de diciembre de 2010

¿Se puede jugar al fútbol como el Barcelona en la Argentina? (Jornada)



En la misma semana, el fútbol argentino tuvo dos campeones. Independiente consiguió, por fin, retornar al panorama internacional al ganar la Copa Sudamericana luego de quince años sin títulos, y Estudiantes se quedó con el Torneo Apertura, tras haber perdido el Clausura a manos de Argentinos Juniors por una débacle en el final del campeonato y cuando estuvo a un minuto de ganar el Mundial de Clubes en Emiratos Arabes a fines de 2009.
Que un equipo errático y que cambió dos veces de director técnico en pocos meses, como Independiente, haya ganado un título sin sacar buenos resultados fuera de Avellaneda, y venciendo angustiosamente y por penales (y favorecido por un reglamento que no valoró los goles de visitante como dobles) al Goiás de Brasil, descendido a la Segunda división, muestra de manera cabal que la cuestión no pasa por ganar, porque siempre existe algún atajo para conseguirlo, sino por tener un sólido proyecto en el que basarse y en este sentido, aún quedando en la segunda colocación en el Apertura, lo de Vélez Sársfield suena mejor que lo de los rojos.

Bien pudo Vélez ganar el Apertura y así lo entendió su público, que vitoreó a su director técnico, Ricardo Gareca, quien amaga irse al sostener que se termina un ciclo de muy buenos resultados, pero en especial de buenos rendimientos. De Estudiantes puede decirse lo mismo que de Vélez. Los dos son, por lejos, los mejores equipos argentinos. Cada uno con su estilo, acaso más estético en los de Liniers, y más sólido entre sus líneas el de La Plata, con eje en su jugador emblemático, Juan Sebastián Verón, de linaje albirrojo que viene ya desde su padre Juan Ramón en los años sesenta, otros tiempos de gloria "pincharrata". Su director técnico, Alejandro Sabella, otrora excelso jugador de esos números diez que hoy parecen extinguirse, ha tenido que luchar contra lesionados y transferidos, para conseguir un conjunto en el que salvo excepciones, casi todos los jugadores han podido marcar goles.

Vélez, por su parte, estuvo a minutos de conseguir una final que hubiera sido la coronación para los dos equipos que hoy dominan el fútbol argentino por coherencia dirigencial y por proyectos claros. No hay duda de ellos, como sí genera incertidumbre si este Independiente que arañó la Copa Sudamericana, podrá mantenerse en un plano de éxitos con un plantel que por ahora, no ha demostrado demasiado.

Lo que resulta claro es que el fútbol argentino, aún con buenos proyectos como Vélez y Estudiantes, no logra, con la excepción de un semestre del Huracán de Angel Cappa en 2009, que sus equipos puedan jugar con brillantez, como la que genera en cada partido el Barcelona de Josep Guardiola, acaparador de todos los títulos, y que ahora cuenta en sus filas con los tres candidatos oficiales a ganar el título de mejor jugador del mundo del año, el argentino Lionel Messi (un genio que entra ya en el mismo escalafón de Diego Maradona, Pelé, Cruyff o Alfredo Di Stéfano), Xavi Hernández y Andrés Iniesta, los dos últimos, ganadores recientes de la Eurocopa y el Mundial, además, con la selección española.

¿Se puede llegar a jugar como el Barcelona en la Argentina? hoy por hoy, parece una pregunta casi ridícula, a ojos vista de lo que se privilegia en los torneos oficiales argentinos, y sin embargo, si analizamos cómo comenzó el proyecto del Barcelona, llegaríamos a la conclusión de que se trata mucho más de un hecho cultural que económico. Por ejemplo, en esta máquina de jugar al fútbol que es el Barcelona (en los últimos seis partidos ha convertido veintiseis tantos con cero goles en contra, con 4,33 goles por partido de promedio), cuenta en su equipo titular con ocho jugadores surgidos en las divisiones inferiores, es decir que si bien es cierto que ningún equipo argentino puede alcanzar el nivel de fichaje de un Zlatan Ibrahimovic o David Villa, también lo es que en un pasado no muy remoto, y con recursos propios, el fútbol argentino tuvo resonantes éxitos cuando la base de sus equipos fue estable y cuando su economía no se orientó solamente a la venta de jugadores al exterior, porque debe convenirse en que la lógica de funcionamiento de los clubes, por sus estatutos y desde su misma fundación, no pasa por ganar cifras fabulosas sino por brindar servicios sociales y buscar la gloria deportiva.

Con el advenimiento del negocio y el superprofesionalismo, y la globalización, la mayoría de los clubes argentinos fue perdiendo el rumbo, y los proyectos pasaron más que nunca por tapar agujeros con las ventas de jugadores, cuando no debe haber industria más próspera en el país que el fútbol, que exporta en euros y en dólares y en grandes sumas, para vivir en pesos, con lo cual, el argumento de la supuesta crisis cae por su propio peso.

Es en este contexto en el que Estudiantes y Vélez emergen como los mejores, cuando la lógica institucional termina imponiéndose tamboién en el terreno deportivo. Y es cuando más debemos reflexionar si con esto alcanza, y si no está empezando por aniquilarse la gallina de los huevos de oro. Cada partido del Barcelona no hace más que reflejar nuestras propias frustraciones y lo lejos que hoy está el equipo catalán del fútbol argentino del choque, la fricción y el tacticismo inútil, aún con excepciones como Vélez o Estudiantes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

- Daniel