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lunes, 27 de diciembre de 2010

Una publicidad que puede alterar al Barcelona (Yahoo)



Cuando todo parece dulce para el Barcelona, cuando termina un año brillante, no sólo por títulos o juego sino también porque nueve de sus jugadores se consagraron campeones mundiales en Sudáfrica con la selección española, cuandoi el reconocimiento mundial es casi absoluto, el anuncio de una publicidad en su camiseta a partir de la temporada 2011/12 puede alterar su paz y hasta transformar seriamente su imagen en el planeta.

En efecto, y paradójicamente justo el pasado 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, el vicepresidente económico del club, Javier Faus, anunció que desde el próximo 1 de julio, y por cinco temporadas y a cambio de 165 millones de euros (un pago récord en el mundo), el Barcelona pasará a llevar en su camiseta la publicidad del Mundial de Qatar 2022. El acuerdo incluye otros ingresos en base a resultados deportivos, y partidos amistosos en Qatar o en Europa.

El tema de esta publicidad de Qatar en la camiseta del Barcelona desató un ciclón de críticas desde los medios, y desde la política, tanto deportiva como general.

El acuerdo firmado con el Barcelona se produjo entre su nuevo presidente, Sandro Rosell, y la Qatar Sports Investment (QSI), dependiente del emir de Qatar, Hamad Bin Khalifa Al Thani, y esto significará que desde el inicio de la próxima temporada, la camiseta deberá tener dos inscripciones, la nueva publicidad y la de UNICEF, cuando se sabe que desde esta institución universal no se ve con buenos ojos la situación de los derechos humanos en el país petrolero, aunque por el momento, no hubo una pronunciación al respecto de manera oficial.

La situación de la convivencia con las dos publicidades se acentuará durante la disputa de la próxima Champions League, debido a que la UEFA no acepta más que una publicidad en las camisetas, por lo que el Barcelona se verá obligado a decidir cuál utilizará, problema que no tendrá ni en la Liga Española ni en la Copa del Rey.

En Barcelona, en el diario “La Vanguardia”, la prestigiosa periodista Pilar Rahola, en su columna, recordó, por ejemplo, que la Qatar Foundation, que acordó con el Barcelona, otorga un premio anual que lleva el nombre del jeque egipcio Yusuf Al Qaradawi, que sostiene, entre otras cosas, que los judíos “son malignos y corruptos” y que “es necesario atentar contra las mujeres israelíes embarazadas porque son el enemigo”.

“Cuando los jugadores del Barça lleven la camiseta de esa fundación enviarán al mundo unos cuantos mensajes, pero ninguno será de paz y armonía. ¿Sabía todo esto el señor Rosell cuando tuvo la osadía de decir que la Qatar Foundation era lo mismo que Unicef? ¿Lo sabían el resto de directivos del Barça? Si no lo sabían, han sido irresponsables. Si lo sabían, entonces se han vendido al diablo. Si sumamos a ello el propio país, Qatar, donde las mujeres no pueden votar, los homosexuales son condenados a muerte, los trabajadores extranjeros apenas tienen derechos y cuyo presidente dio un golpe de Estado, tenemos el cuadro definitivo de lo que acaba de hacer la directiva con el Fútbol Club Barcelona. Han pasado de vincular el nombre del club a la defensa de la infancia, a ser la voz pública de una dictadura y de una fundación que idolatra a un fundamentalista islámico. A partir de aquí, cualquier cosa es posible, porque entre esto y llevar la camiseta de un narcotraficante no hay demasiada diferencia”, insiste Rahola.

A la actual conducción del Barcelona, y en especial al presidente Rosell, también le llegaron críticas desde el otro gran diario de la ciudad, “El Periódico”, a través de la columna semanal que escribe el ex jugador, entrenador y presidente honorario, Johan Cruyff, quien sostuvo que “arriesgar el prestigio por un monto de dinero que representa apenas el 6 ó el 7 por ciento del presupuesto, no tiene sentido y desde ya que lo pudieron hacer presidentes anteriores como (José Luis) Núñez, (Joan) Gaspart, o (Joan) Laporta, porque era lo más fácil. Se corre el riesgo de pasar de ser “más que un club” a un club más”.

Tras conocerse este acuerdo con la Qatar Foundation, una de las primeras repercusiones llegaron desde Israel, donde en el tradicional programa televisivo de periodismo político llamado “London y Kirshembaum” (una especie de “Larry King Live” de Estados Unidos), se instó a quemar una camiseta del Barcelona con la nueva publicidad de Qatar y uno de los dos conductores reccortó al aire la inscripción de Qatar.

En Israel el fanatismo por el Barcelona es total, al punto de que en el clásico pasado en el Campo Nou del 5-0 ante el Real Madrid, unos mil hinchas habían viajado especialmente, como lo suelen hacer en muchas ocasiones, y ahora muchos lamentan tener que cambiarse, tal vez, de club, ante esta situación.

Pero no termina allí porque el caso de la publicidad de la camiseta del Barcelona ya fue llevado también al Parlamento Europeo. El diputado de la Izquierda Unida catalana-Los Verdes, Raúl Romeva, elevó un informe a la comisión correspondiente de la Unión Europea para que se dictamine si es pertinente el uso de esta publicidad cuando Europa castiga a Qatar en los foros internacionales.

Otros, en cambio, recuerdan que ni bien asumió la presidencia, Rosell anuló los contratos firmados por su antecesor Laporta (con el que se encuentra enfrentado) con Uzbekistán, al sostener que estos eran “incompatibles con la publicidad de UNICEF que llevamos en nuestra camiseta”. La pregunta, entonces, es por qué Uzbekistán no y Qatar sí.

Tal vez una respuesta contundente podría ser que Rosell es embajador de la candidatura de Qatar para 2022 al igual que el entrenador del equipo, Josep Guardiola, y que el actual presidente, con su empresa Bonus Sports Marketing (que ahora dice que ya vendió a la saudí DSAG), fue uno de los factótum de un enorme campus de selectividad de jóvenes promesas de crack en tres continentes (Latinoamérica, Asia y Atrica) “Aspire Football Dreams”.

Todo indica que el tema recién comienza, pero tiene en alerta al Barcelona. Tanto es así, que ya Rosell tuvo que aceptar que existe la chance de que el acuerdo se caiga, y por eso advirtió que si eso ocurre, “tendremos que elevar la cuota social y buscar recursos por otro lado”.

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