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lunes, 9 de diciembre de 2013

Cine y Atleti, pasiones y delirios (Por Fernando Vara de Rey)



Cine y Atlético de Madrid, dos pasiones o dos delirios, dos aludes empreñados de entusiasmo. Dos tentaciones de belleza, dos ejercicios de épica, dos maneras de empaparse de mundo desde el sosiego impostor de una butaca. Dos pócimas que nos procuran el trago intermitente y suculento de la emoción.

Y sin embargo el cordel que las anuda no resulta evidente más allá del doble fervor de tantos espectadores.  Aunque el Atlético jugó en El Molinón en un parpadeo de Garci, aunque Caminero burló a Nadal en un ensueño de Almodóvar. Aunque el camino del Vicente Calderón a las salas de cine que resisten al embate de los tiempos -como extremos que apuran la banda, como guardametas que despejan de puños- puede ser breve y ligero.

En realidad el cine raramente ha sido capaz de recrear la epopeya y la lírica del fútbol. Nos reímos en “El fenómeno”, nos conmovimos en “Evasión o Victoria”, nos alegramos en “Fiebre en las gradas”. Y de alguna manera disfrutamos con “Once pares de botas”, “Días de fútbol”, “Quiero ser como Beckham”, o “El penalty más largo del mundo”. Pero ninguna consiguió devolvernos el regusto a pólvora y a lumbre que nos invade cuando juega nuestro Equipo.

De entre el amplio inventario de los deportes, solamente el boxeo parece tener una muy digna prolongación en los recodos de la pantalla. Jóvenes menesterosos en pos de una oportunidad, damas maléficas o angelicales, empresarios sin remilgos, dibujan los planos memorables de “Más dura será la caída”, “Rocco y sus hermanos”, “Toro salvaje”, o “Million Dollar Baby”. Títulos, estos sí, de antología.

Y nosotros, que desde tantos domingos vivimos en sesión continua las proezas y los infortunios de nuestro Atleti, anhelamos revivir nuestro ardor en la atmósfera nebulosa de un cine. Se nos ocurren decenas de argumentos: Arteche improvisa dos goles de mil pares de paraguas, Hasselbaink llora por todos nosotros con pena máxima, Gabi hinca la bandera rojiblanca en la médula del eterno rival.

O el Atlético vence –gol a gol, fotograma a fotograma- la final de la Copa de Europa. Y yo gozo imaginando –el cine es una máquina de sueños- que de mi bota nace el gol de la victoria.

 


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