sábado, 25 de noviembre de 2017

Selección Argentina: la necesidad de recuperar muy rápido el tiempo perdido (World Soccer King, Japón)




"Alivio" es la palabra justa para explicar lo que le sucedía a los jugadores de la selección argentina, a su entrenador Jorge Sampaoli y luego a los millones de hinchas que lo siguieron por televisión, salvo un pequeño grupo de residentes en Quito, Ecuador, que acompañó al equipo durante el triunfo de 1-3 en la última jornada de 18 totales del grupo clasificatorio al Mundial.

Una jornada antes, apenas, la selección argentina, con Lionel Messi a la cabeza, se encontraba sexta en la tabla de posiciones de diez equipos de los que sólo cuatro se clasificaban directamente y un quinto iba al repechaje ante Nueva Zelanda. Argentina dependía de que Brasil, ya clasificada, le ganara a Chile y la gente ya no confiaba una vez que un equipo albiceleste de tantas estrellas no había sido capaz de ganarle a Venezuela, ya eliminada, en condición de local.

Todo el mundo hablaba de una traba psicológica, por tantas finales perdidas. Incluso Sampaoli se refería siempre a esto, a que había demasiada tensión, pero entraba en la misma contradicción porque al mismo tiempo tampoco había un psicólogo trabajando con la plantilla. Y la pesadilla parecía ir hasta el final porque en el último y decisivo partido ante un Ecuador ya eliminado y sólo con jugadores de su liga local, Argentina ya perdía en tan solo un minuto, hasta que Messi marcó un hat trick y terminó la pesadilla.

Tal vez lo que le sucede a esta selección argentina, que consiguió clasificarse angustiosamente para el Mundial de Rusia en la última jornada de 18 del grupo sudamericano, pueda resumirse en la situación de Sergio Agüero: Apenas tres años atrás, cuando Alejandro Sabella era el entrenador, jugaba como extremo izquierdo. Luego del Mundial de Brasil, con Gerardo Martino, hasta 2016, era considerado centrodelantero. Con Edgardo Bauza, hasta 2017, se desempeñaba como mediapunta por detrás del nueve, y ahora con Jorge Sampaoli, otra vez es considerado un centrodelantero, pero más adelantado que en la etapa anterior.

Lo que se pretende señalar con este ejemplo de Agüero es que esta selección argentina que tiene en sus filas al mejor jugador del mundo, Lionel Messi, viene muy golpeada, tanto en lo anímico después de perder tres finales seguidas (la del Mundial 2014 y la de las Copas Américas 2015 y 2016) y ninguna de ellas en los noventa minutos, en las que siempre empató 0-0 y luego cayó por un gol en tiempo suplementario (ante Alemania) y dos veces por penales (ante Chile) y esa es una enorme frustración de la que muchos no han terminado de salir, y que está relacionada con los permanentes cambios de entrenador, algo que la está perjudicando muchísimo en su andar.

Un equipo tiene que tener demasiado talento, demasiada cohesión como grupo, para soportar tantas desilusiones pero a su vez, tantos cambios de entrenador porque además de lo personal, significa un cambio de sistema táctico, de filosofía sobre cómo cada uno de ellos observa la forma de jugar al fútbol y acaba confundiendo a los jugadores, además de que, salvo una base constante de algunos pocos históricos, cada entrenador tiene sus preferidos que luego cuando llega su reemplazante, cambia por otros, y entonces se pierde tiempo.-

Si hay algo que hoy el entrenador Jorge Sampaoli, quien sólo lleva seis partidos al frente de la selección argentina (cuatro clasificatorios para el Mundial y los dos recientes amistosos de noviembre) aunque pareciera que fueran diez años, es que la distancia que sacaron algunas selecciones como España, Francia o especialmente Alemania, por tiempo de trabajo siempre con el mismo esquema, filosofía y entrenador, es casi indescontable y que entonces hay que encontrar tiempo como sea para remediarlo y no puede haber errores en cada decisión que se tome de aquí al Mundial.

También Sampaoli considera a Brasil con más tiempo de trabajo, pero en este caso, la diferencia es sólo de meses y motivacional, porque Tité tampoco comenzó dirigiendo esta última clasificación al Mundial pero sí ha logrado un nivel de confianza en los jugadores y su público, que revirtió completamente la imagen derrotista que venía de la mala imagen del Mundial 2014.

El caso de la selección argentina es diferente. Si bien logró la clasificación al Mundial en la última jornada, hay una idea generalizada de que sólo fue gracias al genio de Messi, autor de los tres goles y artífice de la victoria en una de sus actuaciones consagratorias vestido de celeste y blanco, pero no existe la misma confianza en el resto de los jugadores.

La creencia general es que es un equipo limitado, con un genio (Messi) que no encuentra la compañía justa, con tres o cuatro muy buenos jugadores históricos (Sergio Agüero, Lucas Biglia, Angel Di María), otro que por su veteranía es respetado pero que atraviesa horas bajas y en un importante cambio de posición (Javier Mascherano), la certeza de que, aunque no se cree que sea un portero que pueda ganar partidos, Sergio Romero será el titular una vez más, y con un grupo de agregados que se va consolidando en la estructura (Gabriel Mercado, Nicolás Otamendi, Ever Banega, Marcos Acuña y Paulo Dybala).

Aunque parezca extraño, a esta altura, a tan pocos meses para el Mundial, Sampaoli insiste en que querría jugar con una defensa de cuatro jugadores pero que considera que el fútbol argentino no tiene laterales que den garantías (espera la recuperación de Marcos Rojo, del Manchester United, que tuvo una larga lesión y ya no convoca a Pablo Zabaleta, que perdió su lugar, en tanto que Mercado ya juega más como central en el Sevilla), y entonces sigue manteniendo una línea de sólo tres.

De momento. El sistema táctico que viene utilizando Sampaoli (con buenos, regulares y malos resultados) es un 3-2-4-1, aunque con algunas particularidades.  Con Romero en la portería, la idea original es que los tres defensores sean Mercado, Otamendi y Mascherano. Delante de ellos, una línea de dos mediocentros con mucha capacidad para salir jugando desde atrás con balón dominado y al ras del suelo (Banega y Biglia), y delante de ellos, otra línea de dos volantes ya mucho más cercanos a los atacantes (Messi y en principio era Dybala, pero fue perdiendo su lugar y en los últimos partidos probó con el joven Giovani Lo Celso, del PSG). 

Por los costados, un jugador por cada banda (Di María asegurado, pero jugaría por la derecha si Acuña lo hace por la izquierda, y en cambio si no juega Acuña, Di María pasaría a la izquierda y por la derecha tendría varias opciones entre Emiliano Rigoni (Zenit), Eduardo Salvio (Benfica), Lautaro Acosta (Lanús) o Cristian Pavón (Boca Juniors), y Agüero como centrodelantero.

Sampaoli ha hecho ya demasiadas pruebas en seis partidos y ha sacado algunas conclusiones, y no sólo con el sistema táctico, en el que observa que por ejemplo,  el equipo tiene serios problemas cuando pierde la pelota y tiene que retroceder con el contragolpe del adversario, no encuentra un acompañante para Messi en la segunda línea ofensiva, y tiene demasiadas dudas para la banda derecha, pero además, es claro que es demasiado el trabajo que deben realizar los que cubren las bandas y muchas veces llegan exhaustos a la marca y no alcanzan al rival cuando se acerca a la portería de Romero.

Sin embargo, la gran pregunta que nadie se quiere formular es qué pasaría si por alguna razón Messi no puede jugar, ya sea por suspensión (como ocurrió en alguna parte de la clasificación) o por lesión. Este equipo, sin Messi, ha tenido porcentajes de rendimiento bajísimo porque su dependencia del genio del Barcelona es prácticamente total.

Se trata de una plantilla muy especial que ha sufrido mucho, y que al no haber podido ganar ningún título pero habiendo estado tan cerca, no se ha podido liberar de un gran peso, y varios jugadores arrastran cuestiones psicológicas que hicieron caer sus rendimientos (Mascherano lleva siete finales perdidas con la selección argentina, y ninguna ganada, por ejemplo), y entonces, Messi aparece como salvador incluso de jugadores que podrían dar mucho más en condiciones normales. Hubo casos como el de Agüero, que llegó a decir que tal vez sea bueno que no lo convoquen más, o Messi llegó a renunciar definitivamente tras perder la final de la Copa América Extra de los Estados Unidos en 2016 y luego, por el desesperado pedido del público, decidió regresar.

Para la lista definitiva de 23 jugadores para el Mundial, Sampaoli, que se muestra ahora algo más relajado luego de su andar hiper activo y nervioso durante la clasificación, tiene ya unos 14 nombres cerrados. Tiene dos porteros: Romero (Manchester United) y Nahuel Guzmán (Tigres de México), defensores como Mercado (Sevilla), Mascherano (Barcelona), Otamendi (Manchester City), Federico Fazio (Roma), mediocentros defensivos como Banega (Sevilla), Biglia (Milan) y Enzo Pérez (River Plate), volantes ofensivos como Messi (Barcelona) y Dybala (Juventus), alas por las bandas como Di María (PSG) y Acuña (Sporting Lisboa), y un centro delantero como Agüero (Manchester City).

Los otros nueve jugadores saldrán  Gerónimo Rulli (Real Sociedad), Agustín Marchesín (América de México) o Mariano Andújar (Estudiantes de La Plata) como tercer portero, defensores como Mateo Mussacchio (Milan), Germán Pezzella (Fiorentina), Ramiro Funes Mori (Everton) –si se recupera de una larga lesión- como centrales, y Marcos Rojo (Manchester United), Emiliano Insúa (Stuttgart) , Fabio Bustos (Independiente) o Nicolás Taglafico (Independiente) como defensas laterales, Matías Kranevitter (Zenit), Leandro Paredes (Zenit), Pablo Pérez (Boca Juniors) o Fernando Gago (Boca Juniors) –si se recupera de una lesión porque recién regresaría para abril- como mediocentros, Lo Celso (PSG) o Fernando Belluschi (San Lorenzo) como volantes ofensivos, Emiliano Rigoni (Zenit) o Salvio (Benfica) como alas retrasadas por la banda derecha, y Acosta (Lanús) y Pavón (Boca Juniors) como alas adelantadas por la misma banda derecha, Diego Perotti (Roma) como ala izquierda, y finalmente Darío Benedetto (Boca), Mauro Icardi (Inter) y Gonzalo Higuaín (Juventus) como centrodelanteros.

Todos los nombres parecen quedar encerrados en esta lista de posibles con poco espacio para grandes sorpresas pero tratándose Sampaoli de un entrenador imprevisible, todo puede suceder y acaso haya un pequeño lugar para dos futuros cracks juveniles con destino europeo: Ezequiel Barco (volante creativo de Independiente) y Lautaro Martínez (centrodelantero de Racing Club pretendido por varios clubes de Europa).

Lo concreto es que en muy pocos meses, Sampaoli debe hacer poco menos que magia y conseguir que un equipo que pasó de jugar al contragolpe aprovechando el error adversario (Sabella), luego al ataque con tres delanteros (Martino), y  luego otra vez más conservador (Bauza), ahora quiera tener la pelota el mayor tiempo posible y si se puede, atacar hasta con siete jugadores, arriesgando incluso no poder retroceder a tiempo, especialmente por las bandas.

Y el gran desafío que en 1986 se pudo conseguir para Diego Maradona: que Messi tenga el respaldo, por fin, de un equipo que sepa qué hacer si él está ausente o muy marcado o en un mal día.

Si en 30 años (1974-2004) la selección argentina tuvo sólo cinco entrenadores, en los últimos 13 años, tuvo ocho  y tres de ellos en los últimos tres años.

Tal vez sea la mejor forma de entender el nivel de aceleración y demanda del fútbol argentino, que sigue alimentando la ilusión de ganar su tercer Mundial, aunque no consigue un título oficial desde la Copa América de 1993.

¿Podrá quebrar, esta vez y pese a todo, tantos años de desdichas, cortar camino a las potencias, y que Messi levante la Copa del Mundo?



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