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domingo, 16 de julio de 2017

El Barça ante el desafío de contrarrestar el “efecto Madrid” (Yahoo)




“Tres de las últimas cuatro Champions Leagues fueron del Real Madrid y la que no llegó, fue por causa de un madridista”. Suelen sostener, entre bromas, los fanáticos del equipo blanco en este receso veraniego a punto de terminar, cuando los equipos de la Liga Española regresen de sus vacaciones para encarar el proceso de stage o pretemporada.

No deja de ser cierto, más allá del chascarrillo. El autor del gol con el que Real Madrid fue eliminado en semifinales de la Champions League 2014-15 fue Alvaro Morata, en ese momento en la Juventus, que luego sería derrotado en la final por el Barcelona.
Pero salvo en ese caso, el Real Madrid acaparó todo en Europa y la más clara de todas las copas fue la última,. La que ganó de manera más holgada, con un lapidario 4-1 a la Juventus en Cardiff.

El gran desafío, entonces, para el gran rival de los blancos en España y uno de los más fuertes también en Europa, el Barcelona, es cómo contrarrestar este tiempo tan ganador del Real Madrid proviniendo de una época gloriosa hace no tanto tiempo atrás, teniendo en cuenta que para 2006 sólo había ganado una Copa de Europa (1992) y para 2015 ya contaba con cinco en su palmarés.

Lo cierto es que para Real Madrid parecía ser, el XXI, un siglo de inicio complicado. Si la distancia con el Barcelona en un momento fue de 9-4 (2011). Ahora vuelve a ser muy amplia, 12-5, mayor aún a la que existía en 1966 (6-0) ó en 1998 (7-1) y teniendo en cuenta que en estos años, el Barcelona no sólo contó en sus filas con Lionel Messi, quien ha batido prácticamente todas las marcas individuales de la historia del club, sino que se ha dado el lujo de tener en la terna para el Balón de Oro a tres jugadores de su equipo (Xavi, Iniesta y Messi).

¿Qué fue lo que ocurrió para que el Barcelona haya llegado a esta situación de tener que revertir una relación de poder que estaba en sus manos y se evaporó para pasar a la de su eterno rival?

Es una suma de razones pero lo fundamental pasó por lo institucional. El Barcelona no tuvo proyecto claro una vez que aquel equipo que logró formar de a poco con Frank Rikjaard primero y especialmente con Josep Guardiola después, desde 2008, comenzó a desinflarse por obra y gracia del mero paso del tiempo y el final de un ciclo para algunos jugadores.

Un Barcelona envuelto en las mieles del éxito comenzó a dormir en esos laureles y se fue equivocando casi sistemáticamente en los fichajes, en la imprevisión con miras a temporadas siguientes, y en decisiones institucionales, sumado al inesperado fallecimiento del llamado a ser el sucesor de Guardiola, Tito Vilanova.

Un buen ejemplo es lo ocurrido institucionalmente con el Caso Neymar, o con el conflicto con la FIFA por el uso de juveniles extranjeros menores de edad, o con la negativa a aceptar un cambio de ciclo en la contratación del argentino Gerardo Martino, para que alguien “de afuera” se hiciera cargo de bajarle la cortina a muchos jugadores a los que nadie se animaba a quitar de la plantilla.

Ese Barcelona no sólo tardó demasiado en cambiar sino que cuando lo hizo, fue apuntando a una tremenda delantera goleadora como es el Tridente sudamericano pero eso implicó, al mismo tiempo, una renuncia a su juego tradicional de posesión y de gestación desde la mitad de la cancha para pasar a ser un equipo mucho más efectivo en la red adversaria que vistoso a la hora de los espectáculos.

Mientras esto sucede aún hoy, la salida de Xavi primero y ahora la evidente cercanía del final de la carrera de Andrés Iniesta vuelven a colocar el acertijo sobre quiénes serán, en la gestación, los próximos socios de Messi para las próximas temporadas, y al mismo tiempo, muy de a poco, la pregunta sobre cómo afrontará el Barcelona al Messi mayor de treinta años que se avecina, acaso un genio más retrasado, más asistente, más alejado de la zona de definición y acaso, al revés (parece más difícil pero no imposible) estacionado cerca del área rival.

Mientras todo esto sucede en Can Barça, el Real Madrid supo revertir una situación futbolísticamente muy compleja apelando a tres elementos fundamentales: 1) Seguir apostando a los galácticos, 2) rejuvenecer paulatinamente la plantilla, 3) apostar a Zinedine Zidane como proyecto.

Más allá del fracaso de Rafa Benítez para principios de 2016, Zidane ya ocupaba el lugar de su ayudante porque era la idea a futuro, que simplemente se adelantó unos meses, acaso un año o dos, pero el francés era la cara del futuro blanco para su presidente Florentino Pérez.

Zidane fue entendiendo que manejar una plantilla llena de estrellas como la del Real Madrid es mucho de mano izquierda, simpleza y aceptación de un discreto segundo plano, que medidas drásticas o explosiones mediáticas.

Con sentido del humor, ironía y una alta dosis de sentido común de alguien que jugó a la pelota como pocos, Zidane hizo del Real Madrid un equipo indestructible, que siempre marca y que resulta un hueso duro de roer en cada partido, incluso cuando las cosas no parecen venir bien.

El Barcelona, en cambio, se quitó de encima jugadores que hoy podrían ser muy importantes, desde Martín Montoya cuando no abundan laterales derechos, hasta Thiago Alcántara, el claro sucesor de Xavi que emigró al Bayern Munich.


Habrá que ver si ahora con Ernesto Valverde en el banquillo, el Barcelona es capaz de reverdecer viejos laureles y retomar la iniciativa ante un Real Madrid ganador como pocos imaginaron a esta altura de las circunstancias.

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