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jueves, 13 de julio de 2017

La duda por los promedios, de los pocos aciertos grondonianos




Acaso si hay un punto que haya tenido alguna aceptación durante los 35 años de Grondonato, ése sin dudas es el de la implementación de los promedios para determinar qué equipos descienden de categoría.

Dentro de toda la locura, el desorden ordenado que se vivió en la AFA entre 1979 y 2014, durante la presidencia de la AFA por parte de Julio Grondona, lo más rescatable, aún con muchos puntos discutibles, es que en vez de tomar a los últimos de cada temporada para el descenso de categoría, se lo haya hecho tomando tres temporadas completas.

Claro que el gran problema residió en la contradicción de que para el descenso se tomaran tres años completos y para los títulos de campeón, a veces solamente medio año, lo cual fue generando que al mismo tiempo, distintos equipos de la misma categoría jugaran, en verdad, torneos diferentes, algo que tampoco es privativo del fútbol argentino, porque en la mayoría de las ligas europeas ocurre lo mismo y hasta a tres velocidades (título, copas europeas y descenso).

Grondona fue claro al explicar la implementación de los promedios (algo que tampoco fue nuevo en la AFA porque ya se habían utilizado anteriormente): el que desciende es el club, no el equipo. Es decir que la que desciende es una mala administración, que al momento de bajar de categoría, habrá tenido seis mercados para fichar o vender jugadores, seis espacios para cambiar lo que hubiera que cambiar, por lo que no puede haber excusas a la hora del final.

Creemos que este punto resulta impecable pero que entra en contradicción con otros como el de los títulos o el del lapso que medió muchas veces entre los clubes que ascendieron desde el Nacional B y su llegada a la Primera A pero ese, en todo caso, es otro tema completamente distinto y pasa por un reordenamiento de los calendarios y no por cambiar el sistema de los promedios.

Hemos comprobado, con los datos de todos los descensos por promedios desde su re-implementación en 1983, que hay escasísimas injusticias entre los 45 clubes distintos que bajaron de categoría en todos estos años., 19 lo hicieron en la misma cantidad de veces que lo habrían hecho de no haber existido el sistema y apenas cinco casos, de los cuarenta y cinco, sacan dos oportunidades de diferencia entre descender y evitarlo en un ciclo en 34 años, lo cual demuestra que el sistema es bastante justo y equilibrado.

Newell’s Old Boys debió descender dos veces por puntos y lo evitó en ambas ocasiones por el promedio, Olimpo de Bahía Blanca descendió dos veces más de las que mereció (3-1), Deportivo Español se salvó dos veces más de lo que le correspondía (1-3), al igual que Platense (1-3), y el peor caso, el más injusto, es claramente el de Nueva Chicago, que descendió cuatro veces y hubiera bajado en uno, sin promedios, aunque uno de los cuatro fue por repechaje,

Esto demuestra que la mayoría de los equipos que descendió por promedios,  habría descendido de todos modos sin ellos a lo largo del tiempo, justamente por lo que Grondona apuntaba: que la que desciende es la administración y no el equipo.

Que los equipos que ascendían a la Primera A preferían cambiar todos sus planteles cuando los anteriores habían tenido el mérito de llegar a la máxima división y eso seguramente los hacía candidatos a continuar y probar suerte en ella, no es culpa de la AFA ni del sistema, sino de una mentalidad y de una desacertada decisión política, máxime cuando se sabe de antemano que el calendario y el escaso tiempo para armar otro plantel, así lo indicaban.

La declaración del nuevo presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, acerca de que si fuera por él, quitaría los promedios del descenso, es un grave error, a nuestro entender, porque es una de las escasísimas cosas rescatables del Grondonato, y eso que encontrar una es buscar una aguja en un pajar.


Es probable que el promedio se haya implementado para salvar a los clubes grandes (nadie duda de que el grondonismo se movió básicamente por intereses) pero el paso del tiempo se encargó de demostrar que salvo Boca Juniors, todos los clubes grandes descendieron, incluso muchos de clase media, por lo mismo que se sostuvo líneas arriba: porque los promedios acabaron apuntando a las administraciones y no a una buena o una mala campaña.

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