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jueves, 27 de julio de 2017

La revancha del fútbol noventista




Otra vez sopa. Desde el 18 de agosto próximo (por ahora, si es que ese día vuelve el torneo oficial para la nueva temporada 2017/18), para ver el fútbol argentino por TV habrá que pagar no menos de 1155 pesos mensuales y hasta podrían ser más si, como aún no se aclaró, se cobrará aparte los partidos de los equipos grandes.

Lo que hasta hace poco tiempo parecía sin retorno, el acceso al fútbol gratuito para algunos y desde la TV cable con abono básico para otros, volvió con todo desde que la AFA dio por ganada la licitación de los derechos de transmisión a las cadenas Fox Sports y Turner, que además, tendrán como producción, en muchos casos (o acaso en todos) a la empresa Torneos, involucrada en el FIFA Gate por el que se pagaron millonarias coimas en dólares para obtener derechos internacionales.

Este cronista recogió en 2012, cuando fue citado al Congreso de la Nación para debatir sobre la violencia en el fútbol, opiniones unánimes de los diputados de todos los partidos políticos acerca de que los tiempos de la TV codificada se habían acabado para siempre, así como sus efectos colaterales, desde la separación del grupo familiar en búsqueda del amigo o el vecino con abono o la estación de servicio o el café donde se pueda abaratar el consumo, o la decidida burla implícita cuando los jugadores iban a sacar desde el medio y la transmisión se cortaba. Algo así como que “si querés ver lo que viene, tendrás que pagar”.

Aquellos tiempos en los que Carlos Bilardo movía fichitas en el pizarrón para explicarnos el partido que se estaba jugando, o las cámaras de la TV de cable básico enfocaban a la gente abrazada en las tribunas en vez del gol, o en los que los hinchas tenían que esperar al domingo por la noche para ver los goles de los viernes, parecían ya idos hasta hace poco tiempo.

Tanto es así que el presidente Mauricio Macri también prometió en campaña que el Fútbol Para Todos no iba a tocarse y que en todo caso lo que iba a modificarse era la tanda de los 15 minutos del entretiempo para quitar la propaganda política y reemplazarla por publicidad privada.

No sólo esto no ocurrió, sino que se especula con que la TV codificada comenzará después del 30 de setiembre, es decir, casualmente luego de las elecciones de medio término. Algo así como que lo que tanto se criticaba forma parte de la actual propuesta, dada en llamar “Cambiemos”.-

Una aclaración necesaria: técnicamente, no es que se acaba el fútbol gratis para todos porque nunca fue, en la realidad, gratis para un inmenso porcentaje de la población porque el zapping para llegar a esos partidos provenía del abono básico de la TV cable y no desde el aparato de TV. Porque pocos futboleros, por ejemplo, estarían dispuestos hoy a perderse de ver jugar al Barcelona de Lionel Messi o a la Premier League o un Barcelona-Real Madrid y la única manera de hacerlo es pagando un abono básico.

Pero sí es cierto que la chance de ver fútbol gratis, de pretenderlo, sí existió hasta ahora y desde 2009, y de hecho, un 10 por ciento de la población sí veía fútbol gratis ya sea por no tener o poder acceder a la TV cable o por las antenitas que repartieron a los jubilados en forma gratuita.

Este sector será el que tendrá mayor perjuicio porque de tener acceso gratis al fútbol argentino, ahora para verlo deberá pagar no menos de 1155 pesos (855 de abono de cable más de 300 de pack para ver por HD el fútbol desde Turner o Fox, dependiendo del caso), es decir, un cambio brutal en sus ya complicada economía. Y aún existe la chance de pagar más para ver a los equipos grandes, que reúnen el gran porcentaje de hinchas en el país.

Pero no todo termina en el costo sino que hay que recalar también en los actores, que es el otro hecho irregular. Salvando a la empresa Turner, por no reunir antecedentes de transmisiones deportivas, es evidente el retorno de los mismos actores de los años 90, con la vuelta a la palestra de Torneos, vinculada, como citamos antes, al FIFA Gate por coimas, pero no sólo eso, sino responsable en buena parte, de la masacre económica de los clubes (que por supuesto que son responsables por haber aceptado firmar semejantes contratos leoninos), que acabaron mucho más endeudados de lo que debieron, por no haber recibido buena parte de las ganancias generadas en 18 años (1991-2009).

En este punto, el presidente de la Liga Rosarina, Mario Giammaría, fue el único que salió a decir, cuando se votó el contrato de la Superliga que se pondrá en marcha con el nuevo torneo desde agosto, que los dirigentes de los clubes no sabían lo que habían firmado, muy parecido a lo que ocurrió en su momento en el vínculo de las mismas entidades con TRISA (Tele Red Imagen, la asociación entre Torneos y Competencias y el Grupo Clarín) para el fútbol codificado.

Remitiéndonos a los hechos, para 2016 hubo una importantísima oferta por casi todos los derechos del fútbol argentino (Copa Argentina, Nacional B, Primera B Metropolitana, amistosos de la selección argentina, etc) de la empresa estadounidense Cárdenas Marketing Network (CMN), que no sólo no fue aceptada sino que los dirigentes de los clubes grandes, que sostenían al débil presidente interino Luis Segura, corrieron a ofrecerle el mismo contrato a Torneos, ya conocida su vinculación con el FIFA- Gate, y la explicación que dieron en aquel momento era que de esta manera se facilitaría que esta empresa renunciaría al juicio contra la AFA por haber roto el contrato en 2009 para asociarse al Estado en el programa Fütbol Para Todos.

También en 2016, Turner parecía cerrar un interesante acuerdo con una gran idea que era la generación del canal AFA TV, dentro de un pacto general más amplio y político, por el que dos pesos pesados del fútbol argentino, Marcelo Tinelli y Hugo Moyano, se repartirían el poder: uno a la Superliga, que manejaría (en aquel momento) la Primera A y el Nacional B, y el otro a la AFA (que manejaría los restantes torneos de ascenso y el caballito de batalla sería la selección nacional).

Sin embargo, todo se vino abajo con un par de llamadas desde la Secretaría General de la Presidencia porque en todo este acuerdo no había participación del gran actor, el Grupo Clarín, que fue tomando cada vez mayor fuerza, a tal punto que en el nuevo proyecto, aparece como el gran ganador en las sombras.

Debería formularse en este punto una pregunta clave para entender los movimientos mediático-deportivos de los últimos años. ¿No resulta sorprendente que el grupo más importante del país no haya participado oficialmente de la licitación como aspirante a los derechos?

¿Sería esperable que por ejemplo O Globo no participara en una licitación de derechos de fútbol televisado en Brasil, o Televisa, en México?

Que el Grupo Clarín no haya participado en la licitación obedece a dos elementos fundamentales: 1) Que aprendió del Fútbol Para Todos que acabó siendo beneficiado al entender que la ganancia era mucho más suculenta cuando no había que gastar en la producción de los partidos y ser sólo la plataforma de emisión, 2) Que bastó una carta, jugada con su socio Torneos, para forzar a la AFA a que otorgara los derechos a sus amigos de Fox (asociados a Turner), con la presión dada al señalar que sólo en caso de que ganara esta fusión, evaluaría perdonar aquel juicio amenazado contra la AFA por aquello de 2009 y el Fútbol Para Todos.

Y aquí tenemos, necesariamente, que formularnos otra pregunta que une dos temas planteados más arriba: si en 2016, la cesión de todos los derechos del fútbol argentino menos la Primera A fue para Torneos y no para la estadounidense CMN con la excusa de que así se aliviaría a la AFA del juicio por lo ocurrido en 2009, ¿por qué, entonces, reaparece en 2017 la misma amenaza sobre lo que supuestamente ya estaba solucionado?

Reiteramos el concepto: este Gobierno de Macri nació con el nombre de “Cambiemos” con la supuesta idea de modificar aquellos métodos espurios de su antecesor como la propaganda política, la intervención estatal, o los negociados, y termina facilitando el acceso a los derechos de una empresa, hace la vista gorda con el regreso de Torneos, que no debería poder participar por razones estrictamente éticas, y hasta es posible que se atrase el inicio del cobro del pack para esperar a que pasen las elecciones parlamentarias. ¿Cambiemos?

Y además, con el regreso de todos los actores de los años 90. Los mismos que no sólo tuvieron el monopolio del discurso, los que nos quisieron enseñar que el fútbol es básicamente un negocio, que lo único que importa es ganar, que los partidos son en verdad un ajedrez entre dos directores técnicos que los preparan en la semana (“Es córner para Ramón, es tiro libre para Bianchi”), y que corren las valijas con dinero para incentivaciones. Los mismos que instalaron reporteros en los campos de juego para contarnos “qué hace ahora el DT” o para preguntar si “ya son campeones” cuando matemáticamente aún no lo son.


Todo eso vuelve, cuando parecía que nunca más tendríamos que padecerlo. Pero el fútbol argentino no escarmienta. Toca abrir el paraguas y esperar a que pare. O no quedarnos quietos.

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