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martes, 4 de julio de 2017

Mucho desnivel futbolístico y ajustes para el VAR





                                                                Desde Moscú

Y se acabó la Copa Confederaciones de Rusia. Todo corre demasiado de prisa y ya entramos en tiempo de balance, con miras al Mundial, a menos ya de un año de su realización.

Y el primero de los balances de la Copa Confederaciones pasa por lo futbolístico. En este punto, la FIFA deberá rever el formato para las próximas ediciones porque así como está, se parece mucho a lo que ocurre con el Mundial de Clubes de cada diciembre y tiene toda lógica: esta Copa es lo mismo que el Mundial de Clubes pero de selecciones nacionales.

Y en ambos torneos, lo que se observa es que Europa y Sudamérica siguen mandando a la hora de las definiciones y que el resto de los equipos de los demás continentes siguen bastante lejos. De momento, el roce internacional no hizo levantar demasiado el nivel de los continentes “emergentes” y las finales siempre quedan entre los mismos protagonistas.

En este caso, sí, quedaron dos equipos en el medio, en una meseta. Se trata de Rusia, que en cierta forma decepcionó como local porque se esperaba un rendimiento mayor por su condición de local y por su rica historia de grandes jugadores, pero hoy no los tiene y apenas hay algunos interesantes para destacar como Glushakov (un buen cerebro que puede jugar por delante de la línea de 4 defensores y sumarse al ataque como asistente entre líneas), el goleador Smolov (al que su DT Cherchesov no le tuvo demasiada paciencia) y su compañero de ataque Poloz, que fue perdiendo fuelle en la medida que avanzó el torneo. Pero poco más. No parece alcanzar para mucho pero hay un año más de trabajo y como colectivo dejó algunas buenas sensaciones.

El caso de México es más extraño porque no puede superar cierta etapa en cada torneo. En esta Copa había levantado tres resultados adversos en la fase de grupos, lo que daba a entender que había trabajado mucho la parte de carácter con su coach psicológico vasco Imanol Ibarrondo, pero cuando en semifinales se encontró con la máquina alemana, que aprovecha cada error rival, terminó sucumbiendo una vez más y tampoco pudo sostener la ventaja ante un Portugal sin Cristiano Ronaldo por el tercer lugar.

Hay cosas de este México del profesor colombiano Juan Carlos Osorio que nos hacen remitir a los tiempos de Ricardo Lavolpe. Por supuesto que el entrenador es mucho más dado y cordial que el argentino pero hay cierta forma de manejarse en la cancha y cierta apelación al cientificismo en el fútbol que puede terminar siendo un bumerang.

El tema de las rotaciones constantes, la cantidad llamativa de lesiones (sería bueno saber cómo se trabaja desde lo físico) y los cambios de posiciones (especialmente lo de Carlos Vela, poco tenido en cuenta) es para estudiar y cambiar.

Sí México mostró un tono aguerrido interesante y siempre cuenta con jugadores muy importantes como Guardado, Ochoa, Hernández, Vela, Moreno. Hay material para aspirar a más.

Alemania, Chile y Portugal han estado muy por arriba del resto. Los campeones del mundo, a la postre también campeones de la Copa (casi al mismo tiempo que de la Euro sub-21) han mostrado una nueva cara, la del utilitarismo. Todos jugadores jóvenes, de buen pie, de gran dinámica pero ahora sin tanta necesidad de conservar mucho la posesión del balón como en ambos partidos ante Chile (en la fase de grupos y en la final).

De todos modos, hay varios jugadores de este equipo alemán que sin dudas estarán en el Mundial. La contundencia ha sido la gran clave porque hubo partidos, como la final, en los que no han tenido tanto contacto con la pelota y han tenido que correr sin ella, algo que era poco frecuente.

Chile nos dejó una muy buena imagen. Tiene un juego consolidado, sabe a lo que va, tiene muy buenos ejecutores y estuvo a detalles de ganar esta Copa ante los campeones del mundo pero no tuvo la contundencia necesaria y un grave error de Marcelo Díaz, por tratar de salir jugando  aunque sin la capacidad para salir de su encierro, lo privó de este título aunque el camino está claramente marcado para el Mundial 2018.

En este punto, hay que destacar que el bastante criticado DT argentino Juan Antonio Pizzi ha mantenido el perfil bajo y prefirió mantener y ahondar el trabajo realizado por sus antecesores.

Y Portugal, en un torneo en el que su gran estrella, Cristiano Ronaldo, ha aparecido poco, volvió a mostrar por qué es potencia mundial. Con una muy buena defensa, especialmente tres centrales de jerarquía como Pepe, Bruno Alves y José Fonte, y no hace falta mencionar su ataque, su entrenador Fernando Santos optó por hacer jugar en los partidos decisivos a un mediocampo más combativo con William, Andre Gomes y Adrien Silva en vez de otro con más toque y posesión como el de Joao Moutinho o Nani para que se junten con Bernardo Silva en la elaboración.

Perdió apenas por penales ante Chile en semifinales, pero bien pudo estar en la final y si ante México comenzó con suplentes el partido por el tercer lugar Santos se dio cuenta de que era ganable, puso a Quaresma por la derecha y a partir de éste llegó el empate de Pepe y el penal que le dio la victoria.

El tema de mayor polémica es el de la video asistencia al árbitro (VAR) que como indica la palabra y se encargó de aclarar el presidente de la FIFA Gianni Infantino en conferencia de prensa, es sólo una ayuda para el juez pero el VAR no toma decisiones.

Es claro que el uso del VAR le dio al fútbol un aumento neto del sentido de la justicia porque poco y nada se ha equivocado en los fallos. Los dos problemas que presenta el VAR son la lentitud en la toma de decisiones, que determina festejos cuatro minutos más tarde y le quita espontaneidad, por lo que le hace perder al fútbol  buena parte de su esencia, y que no parece del todo cerrado el hecho de que sólo el árbitro determine cuándo debe usarse o si debe implementarse o no.

Si el fútbol quiere renovarse de verdad, debe copiar lo bueno del uso de la tecnología en otros deportes y en ellos, los protagonistas tienen derecho (limitado, claro) a pedir su uso y no sólo el árbitro. Por ejemplo, un pedido por tiempo para cada equipo como máximo, no parece descabellado porque no están usando un arma a favor sino sólo pedir el uso de la justicia. No es lo mismo que hacer justicia por mano propia.

Por ejemplo, en el México-Portugal, creemos que hubo una clara falta en el área de Pepe a Héctor Moreno que todo el banco mexicano pidió, pero el árbitro determinó que no era necesario el VAR y la jugada acabó con la expulsión del entrenador mexicano Osorio por protestar.

Nos queda entonces el último punto, a partir de esta jugada. ¿Tenía este árbitro el nivel para dirigir un partido por el tercer puesto? La realidad indica que la FIFA debería replantearse la cuestión de la elección de cada árbitro para los partidos importantes porque lamentablemente no hay tantos que estén en condiciones.

Muchas veces la FIFA se basa en el criterio de “imparcialidad por geografía” y creemos que ese es un error. Tranquilamente un árbitro sudamericano pudo haber dirigido un partido entre europeos y norteamericanos. Pensar que ser “americano” invalida su mayor posibilidad de éxito es partir de una desconfianza sin sentido. Si son árbitros internacionales es porque ya tienen una aquilatada carrera de probada equidad.

 De lo contrario, nos exponemos a graves errores basados en la testarudez: no querer usar la tecnología cuando se la tiene a mano y es reglamentaria. Ya no hay más excusas.


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