jueves, 20 de julio de 2017

Lo que unen los dirigentes los separa el Estado de derecho



Sí, claramente Julio Humberto Grondona y Angel María Villar son lo mismo. Mellizos de la dirigencia del fútbol a uno y otro lado del Océano Atlántico. Lo que uno decía desde Argentina, el otro lo adaptaba para España y lo repetía, adaptando sus palabras a la otra forma de decirlo en el mismo idioma aunque con algunas palabras distintas.

Ambos ejercieron el poder total en sus federaciones. Grondona duró 35 años en la AFA y sólo dejó el cargo cuando falleció, hace casi exactamente tres años. Villar llevaba 29 pero a diferencia del ferretero de Sarandí, se encuentra preso junto a su hijo Gorka, abogado de 44 años, por corrupción, algo difícil de imaginar para su colega, y acaso la gran diferencia entre los dos casos.

¿Cómo es que pudo suceder esto? Simplemente porque en España hay límites que en Argentina no existen y uno de ellos es el Estado de Derecho.

¿Se imagina el lector que Grondona pudo ir preso alguna vez, en serio, en la Argentina pese a todos los desaguisados cometidos? Sólo se recuerda una Secretaría de Deportes que quiso desplazarlo de su cargo con toda la fuerza y no precisamente por muchas de sus fechorías sino meramente por una cuestión futbolística, y fue la del primer gobierno de la democracia recuperada, la de Raúl Alfonsín, cuando a Rodolfo “Michingo” O’Reilly no le gustaba como jugaba la selección de Carlos Bilardo y aprovechando un viaje del mandamás de la AFA a Suiza, intentó una especie de golpe de Estado, abortado por el resto de la dirigencia futbolera.

Después, Grondona atravesó demasiado tranquilo cada una de las etapas políticas, en parte porque a pocos les interesó sacarlo del poder y en otra parte, acaso por el temor a las relaciones y el sistema que fue armando a través del tiempo.

En cambio, Villar siempre se las tuvo que ver con los distintos gobiernos españoles. Ya tuvo problemas con José Luis Zapatero cuando en 2008 éste, a través del director del Consejo Superior de Deportes (CSD), Jaime Lissavetsky, se opuso a un adelantamiento en la fecha de elecciones de la RFEF y fue Joseph Blatter. El entonces presidente de la FIFA y amigo de Villar, quien amenazó con sanciones para que la selección española no pudiera participar en la Eurocopa de ese año, que acabaría ganando. El gobierno de ZP tuvo que recular.

Después, las discusiones siguieron con los directores de la CSD de los gobiernos de Mariano Rajoy, Miguel Cardenal y el actual, José Ramón Lete, pero también con la Liga Española de Fútbol (LFP) de Javier Tebas Medrano, alguien que llegó a la Argentina en 2016, de la mano de Marcelo Tinelli, para vender las bondades de la Superliga aunque con elementos que en el propio fútbol español no se usaban como vender los derechos de TV en paquete, como sí hace la Premier League.

Si Tebas Medrano pudo dialogar con los dirigentes de los clubes argentinos fue sólo porque Grondona ya había fallecido. De lo contrario, su enemistad con Don Julio provenía de la enemistad con Villar por aquello de que “los enemigos de mis amigos son mis enemigos”.

Por estos mismos enfrentamientos es que tras señalar Tebas que en la última elección de Villar en mayo pasado “hubo fraude” y el dirigente Miguel Galán, apoyado por la gente de “Pro-Liga” (clubes de Segunda y Tercera) presentó una moción de censura contra Villar, Letes llegó a indicar hace horas que en España “rige el Estado de Derecho” y que por esa misma razón, su organismo redirigió las denuncias a la Fiscalía correspondiente.

¿Podría pensarse una situación similar en la Argentina con los gobiernos de turno y contra Julio Grondona o ahora mismo ante una eventual situación contra el actual presidente Claudio Tapia, como por ejemplo, alguna denuncia que se radicó contra él por los manejos en el CEAMSE o por el hecho de haber querido imponer en la Asamblea general del 29 de marzo pasado en Ezeiza que los test de idoneidad los hiciera el Colegio de Abogados de Buenos Aires y no la Conmebol? La respuesta es clara y contundente: imposible.

Las relaciones que teje el fútbol con cada gobierno de turno son al más alto nivel, y en buena parte esto es así desde tiempos inmemoriales porque la dirigencia argentina prefiere acomodarse en los cargos en vez de oponerse fervientemente a las mafias.


Por eso, si Villar y Grondona fueron tan parecidos, si el final de cada uno puede ser distinto, no será por el fútbol sino porque en un país, los dirigentes están dispuestos a que rija el Estado de derecho, y en el otro, simplemente no.

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