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viernes, 29 de octubre de 2010

El impacto de la muerte de Nestor Kirchner



Por estas horas, la Argentina se queda sin el hombre que lideró la política de esta década, que así, llega virtualmente a su fin. Quien esto escribe no es peronista, ni está de acuerdo con una gran parte de la liturgia peronista, y menos que menos, con los enormes vicios que siempre arrastró el peronismo, porque más que un partido político, más que un movimiento, más que todo, siempre ha sido una cultura, un reflejo de una forma de ser de un pueblo, que ve en él, justamente, a la mayor expresión posible. En la Argentina, se instaló ya desde hace sesenta y cinco años la idea de que formar parte del pueblo es abrevar en la fuente misma del peronismo, aún cuando su líder murió hace ya 36 años, y cuando cometió una serie de errores políticos tan decisivos como dramáticos.
El peronismo como tal no tiene ideología y está más cerca del sentimiento de pertenencia que de un rumbo a seguir, y refleja como pocas cosas a la mismísima Argentina de la dualidad y es por eso que sin ruborizarse puede pasarse de la derecha a la izquierda sin mayores dificultades y por eso pudo arreglárselas en cada tiempo para encontrar la continuidad y seguir manteniendo (y hasta aumentando) su caudal de votos.
Sin embargo, esos vicios que siguen existiendo, como la alianza con una CGT poco y nada confiable (aún pretendiendo lavar la cara de Hugo Moyano), con las patoteadas de Guillermo Moreno o los exabruptos de D'Elía, con algunos gobernadores provinciales que dejan poco que desear, con las huestes de Julio Grondona en la AFA y los barras bravas bancados en el Mundial de Sudáfrica, es innegable el proceso transformador del gobierno tanto del recientemente fallecido Néstor Kirchner entre 2003 y 2007, como de su esposa, Cristina Fernández de Kirchner desde 2007.
Porque como virtud puede decirse que por carácter y determinación, consiguieron lo que parecía imposible, como un sino fatal de la Argentina de la tragedia vivida en los últimos cincuenta años, pero en especial desde que en 1974, primero con la Triple A, y ya desde 1976 con el golpe cívico-militar, que impuso un plan de exterminio del país y de cualquier chance de igualdad de oportunidades, que terminó exactamente un cuarto de siglo después, en 2001.
Cuando ya el pesimismo parecía que había arrasado con la Argentina, y cuando parecía también que los Kirchner llegaban de la tenebrosa mano de Eduardo Duhalde, las cosas comenzaron a tomar un rumbo diferente, desde cierto progresismo económico, una posición ética en asuntos de Cancillería, dejando de votar indignamente alineados con los Estados Unidos como en los años noventa, con una política de reivindicar la lucha de los organismos de Derechos Humanos, ignorados hasta ese momento incluso en veinte años de democracia, o cambiando el juego del monopolio de los medios de comunicación.
En todos estos avances y en otros que no pudieron ser (como el cambio estructural en el campo, por el nefasto voto "no positivo" del incoherente vicepresidente Julio Cobos, aunque fue designado por el Gobierno y no llegó allí de la nada, así como Isabel llegó porque el "estadista" Perón allí la colocó en 1973), el Gobierno se topó con una oposición que más que política, responde, por lo general, a los intereses contra los que los Kirchner lucharon. La oposición, salvo escasas excepciones (Solanas, Sabbatella, tal vez Binner, o Ricardo Alfonsín), lo es desde el establishment, desde el statu quo y no desde el disenso, y por eso no genera un respeto popular en la Argentina. Porque no debate ideas sino que quiere imponer la perpetuidad de un sistema demasiado injusto para un país que tiene todo para crecer pero que debe sortear este dificilísimo obstáculo.
Por todo esto es que parafraseando a un amigo es que este escriba se define tal vez mejor que nada como "opositor de la oposición", mucho más que cercano al Gobierno, aunque alberga asimismo el enorme respeto que siempre genera quien logra tamaña adhesión popular, como la expresada con total y absoluta libertad en el velatorio en la Casa Rosada.
¿Qué es lo que vendrá? sólo el tiempo lo dirá. Se ve firme a la presidente, como queriendo profundizar el modelo, que necesita no sólo basarse en un buen plan económico, sino que en lo posible, debe tratar de terminar con esos vicios del peronismo que le quitan pureza, que atrasan los progresos, pero parece que quienes gobiernan en este tiempo, por suerte, van entendiendo que se trata de generar un frente progresista con el resto de quienes pueden enriquecer el rumbo, que no se puede caminar solo para superar tantas trabas.
Si por fin Cristina Kirchner entiende la lección que le sigue dando la política (como parece que ocurre) y si termina de limpiar su camino acompañada de los mejores, el futuro de la Argentina puede ser visto con mucho mayor optimismo.
Y sin dudas, con sus errores y sus aciertos, con su metodología polémica para muchos, Néstor Kirchner fue uno de los que se atrevieron a colocar esos cimientos. Y no es poco, en absoluto.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Sergio...debo decirte que me maravilló tu manera de ver esta situacion de la muerte de Kirchner que publicaste en tu blog....
Reconozco que no me sorprendió, ya que algo de tus pensamientos conozco....pero me encantó como pudiste separar el polvo de la paja...yo no soy tan generoso con el peronismo (sí...con minúscula)...ya hablaremos cuando te des una vuelta por acá...mientras te digo, que de los muchos "análisis" que he leído de este asunto (ojo..de todos costados)...me gusta mucho más el tuyo ya que es el único que sentí desprovisto de un interés particular.
te felicito y me felicito de ser tu amigo
un abrazo

Eduardo Sas
(Barcelona)

Silverwood dijo...

Sergio, excelente análisis y apreciación del hecho, la realidad es que sólo el partido más fuerte de Argentina, podia campear los golpes de estado a lo largo de una metamorfosis que creo que también fue posible porque comenzó de la nada, de un país desvastado, terminado en todos los sentidos, desde alli, desde la nada, es que se pudo comenzar con algo nuevo, y Néstor Kirchner con su temperamento vehemente y siendo originario de un partido con mucha estructura, pudo hacerlo, claro está CON UNA GRAN VOLUNTAD POLITICA DE QUERER HACER EL CAMBIO, Y ASI LO HIZO.
Gracias, por el artículo, realmente excelente como todo lo que siempre escribis.

Anónimo dijo...

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