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lunes, 25 de mayo de 2015

El Caso Ancelotti ya tiene antecedentes (Yahoo)



En el Real Madrid, ganar una Champions League, o una Liga Española, no siempre es motivo de respeto eterno. Es apenas, algo pasajero. La memoria es tan frágil que todo puede olvidarse rápidamente. Le está ocurriendo ahora al entrenador italiano Carlo Ancelotti, cuando apenas si se está cumpliendo un año de la final de Lisboa, en la que el club blanco ganó la Décima al Atlético Madrid y sus hinchas lo siguen recordando en cada partido jugado en el estadio Santiago Bernabeu.

No todo el ciclo de Ancelotti, las dos temporadas completas  que acaban de terminar, en el banquillo del Real Madrid, puede medirse sólo por resultados deportivos. Sería injusto en este caso. Porque es necesario recordar el contexto en el que el entrenador italiano llegó al club en el verano de 2013.

El Real Madrid venía de una penosa imagen institucional luego del desastre que significó el portugués José Mourinho en el comportamiento, en el continuo clima de guerra contra todos los estamentos, con una plantilla enfrentada y de muy mala relación con el entrenador saliente (algo que pudo comprobarse en el verano siguiente, en el amistoso jugado en Estados Unidos ante el Chelsea).

Real Madrid había pasado a ser el personaje malo de la película, mientras que contrariamente a lo pretendido, el Barcelona concitaba adhesiones en todo el planeta, con una creciente imagen.

Todo eso fue revertido por Ancelotti en pocos meses. El entrenador ingresó, con rectitud, algo que siempre lo caracterizó en el fútbol, con mano izquierda en el vestuario madridista, y en poco tiempo recompuso las relaciones y generó un clima muy agradable en lo humano, pero no todo quedó allí, sino que tomó una decisión muy acertada, la de volver a las fuentes y retomar la filosofía de la tradición del equipo: adelantar unos metros a los volantes, apostar gradualmente a una mayor posesión del balón, quitar a un volante de contención para apostar a dos creativos y tres delanteros, y acabó suministrando más juego para Cristiano Ronaldo, que ya no dependía más de un lanzamiento largo, sino de muchas más combinaciones posibles, a partir del cambio en el juego.

Desde la llegada de Ancelotti, ganando o perdiendo, Real Madrid comenzó a parecerse a sí mismo, a su historia, y dejó de ser el permanente generador de problemas con cada una de las partes para centrarse en el juego con un entrenador mucho más amigable.
Nada de esto parece haber importado, aún cuando la temporada 2013/14 resultó un éxito: el club volvió a ganar una Champìons (no sin sufrir), quedó relegado bastante pronto en la Liga, y ganó la Copa del Rey en una final contra el Barcelona.

Si bien en esta última temporada también alcanzó a pelear por la Liga y la Champions hasta la semana pasada, y aunque tuvo mayor irregularidad que en la primera, con lesionados importantes y altibajos en algunos rendimientos individuales, fueron el empate ante el Valencia (con penal fallado por Cristiano Ronaldo ante Diego Alves) y el que consiguió la Juventus en el Santiago Bernabeu, lo que lo dejó sin títulos, pese al subcampeonato liguero habiendo sido líder en casi una rueda, y el haber perdido la semifinal de la Champions por un gol, cuando nadie pudo repetir el título europeo consecutivamente en el siglo XXI.

Nada parecía recordarse en la dirigencia del Real Madrid, aunque los propios jugadores, Cristiano Ronaldo inclusive, hayan manifestado sus deseos de continuidad del italiano y cuando algunos medios se centraron especialmente en la preparación física o en los supuestos malos desempeños del portero Iker Casillas, uno de los mejores de la historia del club y del fútbol español y europeo.

El presidente Florentino Pérez sigue sin escarmentar. Con un criterio empresarial con el eje “éxito-fracaso”, parece no poder contemplar que no siempre hay que ganarlo todo, por más que se trate del Real Madrid, y todo indica que en estas horas anunciaría el fin de ciclo.

Ya le ocurrió algo parecido con Vicente Del Bosque al finalizar la temporada 2002/03, en su mandato anterior. El entrenador de la selección española, campeón mundial y de la Eurocopa, fue echado aún siendo campeón de Liga por no responder a los cánones empresariales y marketineros del dirigente.

No importaron ni el título, ni un vestuario repleto de estrellas (Ronaldo Nazario, Figo, Zidane, Hierro, Raúl, Casillas) que el entrenador había reconducido con mano izquierda y que aparecía unido y con un equipo que practicaba un fútbol para el recuerdo y que había ganado la Champions League un año antes, para luego consagrarse campeón Intercontinental en Japón.

Nada importaba. Del Bosque “no vendía” bien el producto. Seguramente  no tan bien como su sucesor, el portugués Carlos Queirós, muy elegante y de mejor físico, y que sin embargo no sólo no lo superó sino que las cosas cambiaron para peor en el club, desatando rápidamente una crisis institucional de la que le costó salir, con la renuncia del propio Pérez a la presidencia.
Con del Bosque salió el volante Claude Makelele, quien tampoco parecía responder al nuevo modelo, a la nueva imagen. También lo pagó caro el Real Madrid, que tardó años en encontrar un reemplazante de ese nivel.

Pero parece ser ya una característica muy difícil de cambiar. Pérez vuelve a escarmentar y Ancelotti parece que pagará el año en seco. No importan las causas ni los proyectos. Es así y punto.

Así son las cosas en estos años en el Real Madrid.  Que nadie se sorprenda si en unos meses, aparece el arrepentimiento.

A esta película ya la vimos.




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