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miércoles, 6 de mayo de 2015

El reencuentro de Messi y Guardiola (Jornada)



Uno de los dos acabará triunfando y el otro, vencido, cuando el martes de la semana que viene termine la serie de los dos partidos semifinales de la Champions League en el Arena de Munich entre el Barcelona y el Bayern, pero si hay algo para destacar de este enfrentamiento es que hoy a las 20,45 (las 15,45 de la Argentina), Lionel Messi y Josep Guardiola volverán a encontrarse en un gran acontecimiento, después de los años de esplendor que vivieron juntos entre 2008 y 2012.

Pocos han sido tan influyentes para Messi como Guardiola, el actual director técnico del Bayern, que pese a ser un emblema para todos los barcelonistas, apareció ayer vestido con buzo naranja en la conferencia de prensa previa en el Camp Nou, y la comenzó hablando en alemán.

Minutos antes, en el mismo lugar, Messi había reconocido que Guardiola había ejercido una gran influencia en su juego en los años del Barcelona pero que hacía mucho tiempo que no tenía contacto con él, y que apenas si se habían saludado en alguna fiesta.

Se llegó a decir, incluso, que la relación entre director técnico y jugador no fue más la misma y que el desgaste de tantos años juntos determinó su salida en 2012, cuando “La Pulga” ni siquiera pudo asistir al anuncio de despedida por la tristeza que sentía y para que los flashes y las cámaras no tomaran su rostro.

Antes que todo lo que ocurrió en estos tres años separados y del enfrentamiento a doble partido que comienza hoy, Guardiola y Messi construyeron juntos lo mejor del fútbol de las últimas décadas, apoyados también en un criterio estético poco común, como el que primó en el Fútbol Club Barcelona, con espectáculos que repartieron alegría a los seguidores del balompìé de todo el planeta.

Pocos como Guardiola entendieron y contuvieron al genio argentino, desde el primer entrenamiento, cuando el entonces muy joven entrenador catalán, que venía del Barcelona B, se sorprendió por el trato hosco del crack, que ni lo saludaba al terminar los ejercicios y hasta le retiraba el brazo, enojado.

Guardiola no lograba entender pero sí intuía que así, iba por mal camino, y decidió consultar con su ayudante de siempre, Manel Estiarte, quien llegó a ser “el Messi del waterpolo” Y éste le explicó que lo que el jugador quería era poder ir a los Juegos Olímpicos de Pekín con la selección argentina, pero el club le había ganado la disputa legal a la AFA en el Tribunal Superior de Suiza y parecía asunto cerrado. 

Guardiola entendió que lo mejor para el jugador era liberarlo, pese a que había que jugar la clasificación a la Champions en ese mismo tiempo, y lo bien que hizo: Messi terminó siendo campeón olímpico y volvió y explotó en un Barcelona que dio espectáculo, ganó la Liga, luego la Champions en 2009 y al final, el Mundial de Clubes.

Guardiola fue un entrenador muy exigente, que se metió hasta en la dieta de Messi, al que corrigió para hacer que almorzara en el club y no en los restaurantes en los que solía hacerlo sin control, pero también fue quien lo colocó como “falso nueve” en aquel 2-6 glorioso contra el Real Madrid en el Santiago Bernabeu, aunque eso le trajera problemas posteriores con los centrodelanteros carísimos que fichó el club (Zlatan Ibrahimovic, David Villa, el propio Samuel Eto’o que ya estaba).

Pero el director técnico, que ganó todo (en serio, no como frase mal utilizada en el uso corriente), protegió al crack de los rivales y de los propios. Entendió que el crecimiento del chico, que comenzó de extremo derecho pero fue tendiendo a jugar hacia el medio del ataque, significaba dejar de lado a los “nueves puros” y leyó bien, aunque sorprendido, aquél sms que le llegó en un bus oficial, sentado adelante, y que venía desde el fondo: “O Ibra o yo”.

Tal como le dijo al periodista  español Guillem Balagué, para su excepcional libro “Messi”, Guardiola  cree que nunca más verá un jugador de la calidad del argentino y siendo rival en semifinales de Champions, y con el buzo del Bayern, lo ratificó cuando le consultaron cómo se lo para. “No hay manera, si juega como está jugando. Por eso, nosotros tenemos que hacer nuestro juego y no pensar en eso”, dijo el catalán.

Tanto Messi como Guardiola saben lo que es pasar por La Masía, donde se genera el fútbol base del Barcelona y juntos vivieron tiempos excepcionales, únicos, que determinaron que tres jugadores nacidos en el club llegaran a optar para la terna del Balón de oro FIFA World Player: Messi, Andrés Iniesta y Xavi Hernández.

Guardiola, tras un año desgastante, fue reemplazado por su ex ayudante de campo y amigo Tito Vilanova, que fallecería poco tiempo después, y regresó a la dirección técnica en un Bayern al que le dio un vuelco cultural aún cuando venía de ganar los títulos más importantes con Jupp Heynckes.

La dirigencia del club apostó entonces por el juego de la posesión, los extremos, la prolijidad y el juego construido desde el fondo con un plantel de gran calidad, aunque ahora mismo tenga varias bajas por lesiones de jugadores fundamentales, aunque va recuperando al volante Thiago Alcántara, también de La Masía, pero que el Barcelona no pudo ver como parte del futuro, y Guardiola se le anticipó.

Hoy, entonces, asistiremos a este reencuentro entre maestro y alumno, entre un gran director técnico y un genio del fútbol, pero además, en el marco de uno de los grandes partidos que podemos llegar a ver en este tiempo, acaso el mejor posible de clubes: el Barcelona y el Bayern Munich, con dos formas de jugar muy parecida: al cabo, el equipo que tiene la base de Pep, y el equipo que va conformando Pep.

La clave, claro está, pasará por la disputa de la tenencia y la administración de la pelota, y con los mejores ejecutantes posibles.

Acaso sea el marco justo para que Pep y Leo, Guardiola y Messi, se fundan en un gran abrazo y todos disfrutemos de una gala como este partido de Champions se merece.


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