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viernes, 11 de diciembre de 2015

Deluca, el poder del grondonismo en la sombra



“Uf, flaco, llegaste justo para salvarme”. La frase con sorna que Eduardo Deluca le planteaba a este escriba, aunque sin una sola mueca de enojo o de comicidad con que se la dirigió, se produjo en un momento desopilante. 

El dirigente argentino de la Conmebol, ahora con detención domiciliaria hasta que se analice su pedido de captura de la Interpol por su involucramiento en la causa del FIFA-Gate como “conspirador”, llegaba al Kongresshaus en una limusina para estar presente en el nuevo intento de reelección presidencial de Joseph Blatter, pero en encontraba con una sorpresa.

En la mismísima puerta del enorme edificio, al que se llegaba con un tranvía desde la estación central de la hermosa ciudad, lo esperaba una manifestación de una agrupación del Partido Verde suizo, con carteles a favor de la ecología y protestando para que, por fin, la FIFA pagara impuestos por sus transacciones financieras, de las que estaba exenta con total impunidad.

Es allí cuando, inoportunamente, paró la limusina de la que bajó el entonces obeso ex dirigente de Defensores de Belgrano y mano derecha de Julio Grondona, hasta que una grabación que le tomaron y en la que deschavó manejos turbios de “Don Julio”, le hizo perder toda la confianza apenas meses después, un a vez que pasara la Copa América de Argentina, y se sumiera en el ostracismo.

Al descender de la limusina, y sabido dirigente de la FIFA por los manifestantes, que se le acercaron, Deluca no sabía qué hacer y dio con nuestra humanidad por pura casualidad, por esas cosas raras del periodismo de estar allí en el momento justo, por puro azar, o por aquella inquietud que determina no estar donde se espera que uno deba estar (en este caso, ya sentado en el pupitre de prensa dentro del salón).

Así es que recurrió a nosotros, únicos conocidos entre tantas miradas entre amenazantes y desconfiadas, en el estrecho camino hacia la zona VIP para dirigentes, que pareció eterno para el dirigente argentino.

Aparecimos, entonces, en una foto que recorrió el mundo, en medio de una manifestación, y Deluca tratando de pasar desapercibido, guarecido en nuestro cuerpo como si eso le evitara el escarnio.

Este escriba sólo atinó a decirle a Deluca, en medio del desconcierto, una pequeña frase. Algo así como “está complicada la cosa”, a lo que el dirigente admitió con un gesto, bajando el mentón como asintiendo, y siguió de largo, acompañado de guardaespaldas para perderse unos metros más adelante.

No era la primera vez que encontrábamos a Deluca en situaciones complicadas. Nos había ocurrido ya años antes, precisamente veinte años antes, en el Hotel Crown plaza de Santiago de Chile, cuando el dirigente argentino bajaba en un ascensor con un colega de la CBF, conversando ambos sobre el duro momento que acababan de vivir.
Claudio Caniggia había sido expulsado en el cuadrangular final de la Copa América 1991 y de esta forma, quedaba fuera de los partidos finales justo cuando la selección de Alfio Basile disputaba el tramo final para ganar, por fin, un torneo que se le negaba desde 1959.

Fue allí, entonces, que Deluca, que con una simple mirada nos reconocía y se sentía en condiciones de entrar en confesiones, nos soltó que si bien no correspondía, había “salvado” al “Pájaro” argentino con un solo partido de suspensión, como para regresar en el último ante Colombia, pese a las reiteradas y airadas protestas de los dirigentes “del Pacífico”.

“Lo siento si no les gusta, pero lo conseguimos”, nos contó el dirigente, con aires de suficiencia.

Es que Deluca fue el poder en la sombra de Julio Grondona. Uno de los cerebros de la dirigencia sudamericana y específicamente, “del Atlántico”, de los que ponían la pared a cualquier intento igualador de los dirigentes sudamericanos de la otra costa.

Sin dudas, otros tiempos, pero Deluca había conseguido lo que ni Grondona: estar en las grandes decisiones, viajar por el mundo, formar parte de los grandes negocios, y ni siquiera ser reconocido en las calles de Buenos Aires. Y todo, siendo uno de los máximos dirigentes sudamericanos, que junto con su par brasileño, manejaban los hilos de la Conmebol y hasta al presidente paraguayo (ahora también con prisión domiciliaria) Nicolás Leoz.

Desde que perdió poder en 2011, y con serios problemas de salud, Deluca conoció el creciente ostracismo, hasta reaparecer ahora en los medios debido a la falta de escrúpulos de sus ex amigos del gran Poder del fútbol, que tuvieron que cantar para salvar sus pellejos.

Sin contacto con los Grondona y sin un padrino que pueda salvarlo, Deluca se debate entre ser extraditado a Estados Unidos o conseguir, por su edad y alguna estrategia de las tantas a las que estuvo siempre acostumbrado, la prisión domiciliaria y hasta, quién sabe, ser exonerado.


No parece fácil. Todo cambió en el fútbol mundial.

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