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lunes, 14 de diciembre de 2015

¿Qué River se verá en el Mundial de Clubes? (Yahoo)



Al contrario que el Hiroshima Sanfrecce, su rival del miércoles en la semifinal, o el propio Barcelona, al que aspira a enfrentar en una gran final el próximo domingo, River Plate no juega un partido oficial desde hace tres semanas, cuando fue eliminado por su compatriota Huracán por la semifinal de la Copa Sudamericana, un equivalente a la Europa League.

River consiguió lo que ningún equipo sudamericano había conseguido: ganar consecutivamente las Copas Sudamericana 2014 y la Libertadores 2015, además de imponerse en la Recopa Sudamericana 2015 (la juegan los dos ganadores de los torneos continentales del año, lo que en Europa sería la Supercopa) y también en la Suruga Bank. 

Y todo esto ocurrió apenas tres años después de haber ascendido desde la Segunda División, en la que permaneció un año por única vez en su historia.
Sin embargo, este River dirigido por el muy inteligente entrenador Marcelo Gallardo (ex jugador del club y destacado en el Mónaco de la liga francesa en los años noventa), se parece muy poco al que se impusiera en aquellos torneos, y mucho menos aún al que ganara aquella primera Copa Sudamericana en 2014.

A River le ocurre lo mismo que a la mayoría de los equipos sudamericanos que llegan a fin de año a disputar el Mundial de Clubes: ni bien obtienen algún título, comienzan a desprenderse de sus mejores valores, requeridos en muchos países con mayor poder económico, para solventar sus crecientes deudas.

River no fue la excepción y de aquel equipo que había impresionado por su intensidad, su rigor en la marca y su contundencia, ya no quedan algunos jugadores claves y también queda la duda sobre si algunos que sí continúan, se encuentran a un nivel parecido al de aquella oportunidad.

Aquel River que llegó hasta mediados de 2015 contaba con un sólido Ramiro Funes Mori (ahora en el Everton) como zaguero central, al lado de Jonathan Maidana (ex Boca y fútbol ucraniano), con un volante de ida y vuelta como rueda de auxilio como Ariel Rojas (actualmente en el Cruz Azul mexicano), y un delantero dúctil y talentoso como el colombiano Teófilo Gutiérrez (hoy en el Sporting Lisboa). Tampoco cuenta ya con el veterano gran goleador Fernando Cavenaghi, quien una vez ganada la Copa Libertadores emigró al Apoel Nicosia.

Pero si River transfirió jugadores, también tuvo dificultades con otros que permanecen desde aquel tiempo. El lateral izquierdo Lionel Vangioni arrastró una larga lesión, y la dirigencia tuvo que batallar mucho para que no se fueran otras estrellas como el volante uruguayo Carlos Sánchez (que se irá una vez termine el torneo de Japón) o el también uruguayo delantero Rodrigo Mora, al que casi bajaron del avión cuando ya se iba rumbo al fútbol árabe. Tampoco mantuvieron su nivel técnico los creativos Leonardo Pisculichi ni Gonzalo “Pity” Martínez.

Los grandes premios en montos de dinero, las mayores recaudaciones y algunas transferencias, permitieron al club fichar algunos reemplazantes, dos de ellos volvieron al club luego de más de una década de haberse ido, como Javier Saviola y Luis González, al goleador Lucas Alario, fundamental en la etapa final de la Copa Libertadores, al lateral izquierdo Milton Casco, al volante Tabaré Viudez, que no tuvo continuidad, y al lateral Nicolás Bertolo, que se lesionó al poco tiempo de llegar.

Aún así, muchos confían en que el entrenador Gallardo tiene una gran capacidad de motivación y mentalización del plantel a la hora de regresar a jugar por cosas importantes, luego de un cuatrimestre en el que hubo una clara baja en el rendimiento y rápidamente el equipo quedó fuera de la lucha por el título argentino y tampoco fue el mismo de antes en la última Copa Sudamericana.

¿Puede este River tener aspiraciones para ganar el Mundial de Clubes? Por lo pronto, para poder aspirar a eso debe jugar, como mínimo, como en los momentos finales de los torneos continentales, con una sólida estructura del medio hacia atrás, con una enorme intensidad y con una gran contundencia.

River tiene un gran arquero en Marcelo Barovero, que parece tener un físico algo endeble pero que acaba llegando a la mayoría de los remates complicados y transmite mucha seguridad.

Su fuerte atrás pasa por Maidana, de mucho aplomo y llegada justa a los cruces, acompañado por el colombiano Eder Alvarez Balanta, que tiene grandes dotes técnicas pero que no venía atravesando su mejor momento. Maidana tiene más presencia y Balanta, mayor velocidad y técnica.

River suele lanzar sus dos marcadores laterales (Gabriel Mercado por la derecha, y Vangioni o Casco por la izquierda) al ataque, y suelen ayudar a la línea de volantes.
Gallardo ha utilizado distintos esquemas tácticos, aunque el que más, un 4-3-1-2 en ataque que luego se transforma en 4-4-2 en defensa. Su línea de volantes mantiene por la derecha a Sánchez, hoy una de sus figuras más importantes, doble mediocentro con Leonardo Ponzio (de gran pegada) y Matías Kranevitter (considerado “el nuevo jefecito”, al estilo de Javier Mascherano, y ya transferido al Atlético Madrid), y en cambio, el puesto más cambiante es el de creativo, en el que han llegado a jugar Pisculichi (de gran remate de media distancia y buen ejecutante de libres directos) o Martínez (mejor regateador e improvisador con balón en movimiento) y hasta con Luis González o Viudez.

El ataque es más claro y si los dos están bien, los titulares suelen ser Mora y Lucas Alario, muy potente y con mucha capacidad de gol, aunque se pueden agregar Bertolo o Saviola, dependiendo del caso.

De todos modos, no parece que este River pueda desequilibrar por un jugador o dos. Lo de este equipo es mucho más colectivo que individual y ha dado muestras de llegar lejos aún en situaciones en las que la mayoría no habría apostado casi nada por su suerte.


Como dice Gallardo, posiblemente de diez partido ante el Barcelona pueda ganar uno, ¿pero quién dice que ese partido no vaya a ser el de la final del Mundial?

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