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sábado, 25 de junio de 2016

Mis recuerdos del Mundial 1986, VII: Bochini estaba para jugar



Había ingresado en el segundo tiempo por primera vez en el torneo. Fue cuando el genial Diego Maradona le dijo “pase maestro, lo estábamos esperando”, a su ídolo de los tiempos en los que iba a ver a Independiente en su niñez.

En verdad, Bochini nunca se sintió parte de ese plantel. Sentía el fútbol de otra manera y también sabía a la perfección que ingresó en la lista definitiva de los 22 a último momento y porque Julio Grondona, el presidente de la AFA, lo veneraba desde sus tiempos de mandatario de los rojos, cuando “el Bocha” lo llevó a ganar tres Copas Libertadores y una intercontinental (luego ganaría una más de cada una).

Para eso, Grondona había tachado de la lista a Alejandro Sabella y lo había reemplazado por Bochini.

Tras la semifinal que la selección argentina le ganó con claridad a Bélgica 2-0 en el estadio Azteca (acaso el mejor partido del equipo albiceleste en el torneo), iniciamos, con varios colegas, el intento “fuera de programa” de llegar al vestuario ganador.

Por supuesto que no estaba permitido por la organización pero la joven edad de ese momento nos impulsaba hacia movimientos temerarios. Una hilera de policías mexicanos, con palos, impedían el paso bastante lejos del objetivo. Sin embargo, el grupo que este escriba integraba, se decidió a presionar.

Cuando parecía imposible ya, se nos ocurrió gritar a los dirigentes de la AFA que vimos por detrás de los policías y ellos, en un gesto que aún se recuerda por la solidaridad, nos arrastraron hacia la puerta.

Cuando estábamos por ingresar, dimos con un pasillo en el que apareció un muy sereno Bochini, con el que conversamos un rato, hasta que nos animamos a la pregunta que teníamos en la mente.  Si no le parecía bien que, si en la final el equipo argentino fuera ganando con holgura, Carlos Bilardo lo pusiera aunque fuera, unos minutos como homenaje a su larga y exitosa carrera.

Para eso, le dimos el ejemplo de lo que había ocurrido cuatro años antes, en el Mundial anterior, con Franco Causio, a quien había hecho ingresar el DT Enzo Bearzot, como homenaje, cuando ya Italia se imponía holgadamente a Alemania en el Santiago Bernabeu.

“Es que yo estoy para jugar los 90 minutos”, respondió Bochini, con naturalidad. Le explicamos entonces que no lo dudábamos, sino que si un equipo que gana no se toca y ya había una base jugando y que llegó a la final, sus chances de ser titular parecían escasísimas, casi nulas.

“Sí, pero yo estoy para jugar los 90 minutos”, insistió. Retomamos la justificación, porque pensamos que no nos entendía, pero a su tercera respuesta igual, nos resignamos.

Un año más tarde, en 1987, Bochini cumplió 500 partidos en Independiente y desde la redacción de Diario Popular, el “Negro” Díaz, jefe de deportes, llamó a este cronista para que intentara, dado su diálogo con el crack de los rojos, una larga entrevista con este motivo.

Este escriba se dirigió a Regatas Avellaneda, lugar de entrenamiento, se presentó ante Bochini, le comentó la idea y el crack marcó el encuentro para una hora y media más tarde, a la que acudimos.


Allí, nos dijo que comenzáramos pero que antes, nos tenía que aclarar algo: “En esa final, yo estaba para jugar los 90 minutos”.

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