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miércoles, 8 de junio de 2016

Recuerdos del Mundial 1986 IV: el trío infernal





Promediando el Mundial de México, y en uno de los tantos días de trabajo en el Centro de Prensa del lujoso hotel Presidente Chapultepec, en el elegante barrio de Polanco, en México DF, bajábamos las escaleras mecánicas hacia el lobby para salir a la calle cuando, de frente, nos topamos con un hecho inesperado.

A punto de subir por la otra escalera llegaban, juntos y sonrientes, el presidente de la FIFA, Joao Havelange, el de la poderosa Editorial Atlántida, Constancio Vigil, y el inefable contraalmirante argentino Carlos Alberto Lacoste.

El poder de Vigil en ese tiempo era absoluto. La Editorial Atlántida publicaba su buque insignia, la revista “El Gráfico”, así como las tradicionales “Gente”, “Somos” y “La Chacra”, que con los años irónicamente el periodista Horacio Verbitsky, con acidez, se refirió a las dos primeras como “Gente como uno” y “Somos los servicios” .

El solo dato de que “El Gráfico” llegó a vender cientos de miles de ejemplares posteriores a la final del 29 de junio, ya es todo un indicio. Eran tiempos sin internet y de mucha menos inmediatez que ahora.

Havelange, además de la prepotencia de siempre, había tenido ya un duro debate a través de los medios con Diego Maradona y Jorge Valdano, que habían osado quejarse de los horarios de los partidos y de la temperatura, cuando el brasileño les respondió que “hay que respetar la ley de arriba”.

Pero el que menos tenía algo que hacer allí era sin dudas Lacoste. Cuando el 10 de diciembre de 1983 se acabó la dictadura cívico-eclesiástico-militar y asumió Raúl Alfonsín, la presión mediática y política para que el marino dejara la vicepresidencia de la FIFA fue total, y aunque el presidente de la AFA, Julio Grondona, aspiraba a ese lugar, le ganó de mano el uruguayo Eduardo Rocca Couture, amigo del presidente de la FIFA y del peruano Teófilo Salinas, titular de la Conmebol.

Hombre fuerte del fútbol en la dictadura 1976-1983,  es mencionado en el libro “Almirante Lacoste, ¿quién mató al general Actis?”, de Eugenio Méndez, quien se encargaba de contar que cuando el general Actis se dirigía a asumir la titularidad del EAM 78, lo asesinaron y a su alrededor aparecieron boletas con publicidad de Montoneros, que no tenían esa forma de proceder, y lo atribuyó a una disputa interna por el fútbol entre el Ejército y la Marina.

La cuestión es que este joven periodista, entonces, dio media vuelta casi de manera instintiva, y ganó la posición de los integrantes de este trío infernal, para poner de sobreaviso a los colegas del piso de arriba, que escribían en el Centro de Prensa.
Sin tiempo para mucho, se decidió una medida de fuerza hasta que estos tres sujetos abandonaran el lugar, y pocos días más tarde, en una conferencia de prensa de Havelange, se desató una tremenda silbatina cuando un periodista preguntó qué hacía Lacoste allí, y todo se desmadró.

Este periodista recuerda a un colega australiano subido a una silla gritando “no queremos asesinos aquí” y el presidente de la FIFA tuvo que abandonar la sala.

Vigil aparecería luego en la película “Héroes” dentro del vestuario argentino, festejando y gritando al lado de los jugadores, a minutos de haber vencido a Inglaterra por los cuartos de final. Hasta ese poder tuvo.

"Torturador argentino en la sala de prensa", tituló el diario mexicano "La Jornada", al día siguiente.

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