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domingo, 16 de abril de 2017

Casi todos juegan para Boca, menos Boca




Este campeonato argentino modelo 2016/17 estuvo hecho desde sus inicios a la medida de Boca Juniors. Con el resto de los equipos grandes jugando distintos torneos continentales anuales (River y San Lorenzo, sumado a Lanús, el último campeón, en la Copa Libertadores, Racing e Independiente en la Copa Sudamericana), y con otra de sus tantas inversiones millonarias, el equipo de los mellizos Barros Schelotto se encuentra ante una posibilidad clara de sumar otra estrella y proyectarse al plano internacional en 2018, pero hace todo lo posible para tropezar.

Decididamente, Boca es uno de los equipos que menos espectáculo ofrece en cada una de sus presentaciones. Pero cuenta con una delantera capaz de aprovechar cualquier error del rival, por mínimo que sea, y le basta con dos o tres minutos de acercamiento al área adversaria como para ponerse en ventaja.

El problema que tiene Boca es que ya desde los tiempos en los que el director técnico era Rodolfo Arruabarrena, hasta el presente con su reemplazante, Guillermo Barros Schelotto, nunca pudo definir una filosofía de juego, el famoso “a qué jugar”, que es la piedra basal para poder establecer un esquema que responda a esta pregunta.

De esta forma, Boca, que tiene todo para salir campeón (rivales en otra cosa, jugadores de gran calidad para casi todos los puestos) fue cometiendo serios errores en su camino, y aún así lleva cinco puntos de ventaja a su inmediato perseguidor, Newell’s Old Boys, aunque su máximo rival, River Plate, se fue acercando a seis puntos casi sin darse cuenta y aún deben enfrentarse en la Bombonera.

Boca tuvo su primer inconveniente serio, además de no haber jugado bien casi nunca, que fue la salida de Carlos Tévez al fútbol chino. Justo cuando Fernando Gago volvió de una larga lesión, se había integrado perfectamente con el “Apache” y parecía que el equipo encontraba por fin un sistema integral de juego cuando se produjo la salida del volante-delantero a Asia.

En ese momento, los mellizos Barros Schelotto encontraron un reemplazo ideal en el muy hábil Ricardo centurión, además de un goleador letal como Darío Benedetto, aunque no supieron reencauzar a Pavón, quien fue de más a menos en la temporada, hasta perderse por no tener la capacidad de saber elegir la última jugada.

La dupla técnica se empecinó con el joven uruguayo Bentancur, una de las grandes incógnitas de este tiempo: transferido en una fortuna a la Juventus, nunca pudo demostrar en Boca una mínima cuota de esa supuesta valía, pese a lo cual, ya en los últimos partidos se pudo entender parte del problema: con la nueva lesión de Gago y la del colombiano Sebastián Pérez (mal elegido, una vez más, para reemplazar a Gago), no quedó otra que colocar como volante central al otro colombiano, Wilmar Barrios, un verdadero “cinco” de marca y distribución, y éste liberó al uruguayo y alcanzó a potenciarlo un poco.

Es decir que la dupla técnica boquense, que nunca tuvo en claro el sistema de juego y tonó decisiones espasmódicas (casi siempre equivocadas en lo táctico), acabó acertando casi por azar en la mayoría de los casos: el de Centurión (por la salida de Tévez), el de Gago (porque justo estaba Tévez), el de Barrios (por las lesiones de Gago y Sebastián Pérez) y el de Betancur (por la entrada de Barrios).

A tal punto llega el desconcierto que ante la nueva lesión, ahora de Centurión, con lo que implica para un juego tan limitado del equipo, la dupla técnica volvió a fallar con la elección de Nazareno Solís en vez de Oscar “Junior” Benítez ante un rival tan pobre como Patronato de Entre Ríos y apenas un centro del delantero ingresante, en el último minuto del primer tiempo, le permitió zafar de ser cambiado por varios minutos más. Nada más que por eso.

Este Boca puntero, con tanta distancia sobre sus perseguidores, la mayoría de ellos en otra cosa, había tenido que enfrentar como local a un equipo que había perdido 0-5 la semana pasada ante un Independiente que no consigue ganar ni como local, y sabiendo que los demás resultados lo habían favorecido: el empate de Newell’s-Estudiantes, y la derrota de san Lorenzo en Tucumán.

Y sabiendo todo esto, ante uno de los rivales más pobres, como local, con tanta ventaja en la tabla y ante su público, apenas consiguió un gol en el descuento del primer tiempo y hasta llegó a ingresar Leonardo Jara, en el final, para reemplazar…¡a Pavón! Ante los entrerrianos, que se fueron acercando al arco de Rossi casi por inercia, ante el pánico del “líder” de perder dos puntos en casa.

No es que Boca haya perdido dos puntos imposibles ante Patronato. Es que fue superado pocas semanas antes por Talleres también en la Bombonera y cuando los demás resultados lo habían favorecido.

Es que los de Barros Schelotto juegan mejor de visitantes que de locales por una sencilla razón: al no tener una idea de juego, les resulta más fácil esperar a que el rival venga un poco para que deje espacio a sus espaldas que pueda ser explotado por la delantera con tanta capacidad de gol.

En cambio, como local, Boca tiene que salir a buscar los partidos, y allí sí, sin ideas, y con tantos problemas defensivos en la marca, especialmente cuando el rival es el que encuentra espacios a espaldas de los volantes, la última línea se complica y casi siempre sufre algún gol por alguna vía inesperada.

En síntesis, este Boca con dos centrales lentísimos y de muy poca salida clara, con dos laterales que atacan mejor que lo que defienden, con un volante indefinido como Bentancur, y ahora sin dos de sus jugadores más decisivos (Gago y Centurión), ve con cierta inquietud el tramo final de un torneo que estaba servido en bandeja.


Porque todos juegan para Boca. Pero a Boca le falta que Boca también juegue para Boca. Claro, para eso hace falta alguna idea. Y parece que no hay, desde hace rato.

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