martes, 21 de marzo de 2017

Un año nefasto para el deporte nacional (Por Marcelo Wio)




Corre el año 1947. Y digo corre, porque esta apresurado (o, más bien, sus inquilinos por estas regiones) por terminar su mandato. Y es que está siendo un año nefasto para el deporte nacional. Irineo Aldovisi perdió la final de las Seiscientas Horas de Balero de Okinawa contra el húngaro Adojan Harsanyi; y Catalino Ferrería perdió 27.325 figuritas de futbolistas en la Competencia Internacional de Patios de Colegio, celebrada en Maldonado, Uruguay.

Así pues, que nuestro equipo de fútbol adquiriera un defensor apodado “Eludido” – Ricardo “Eludido” Giacometti -, hecho que en otras circunstancias habría escapado a todo entendimiento, no fue algo insólito. Y no es que fuera de esos apodos que torpemente pretenden ironizar con el opuesto de una evidente y conspicua virtud, sino que era un apodo (igualmente torpe, por su poca elaboración) cabal: decir que era un tipo fácil de pasar, se queda corto.

Ahora, cómo este tipo llegó a prosperar en el fútbol, atravaseando todo el trecho de categorías hasta llegar a primera división, no tiene explicación.

De chico, en aquella época en que todavía se ejercía el compañerismo y la dignidad, cuentan los que indagaron en el misterio, solían ponerlo en el equipo del colegio por camaradería, por lástima, justamente. Algunos investigadores en la vida de “Eludido” dicen que la cosa no era tan así, y que era de los jugadores que se eligen para molestar, para hacer bulto.

La cosa, explican estos biógrafos, era que no se lo elegía para hacer bulto, para sumar materia en la propia defensa, sino en la contraria, como una suerte de zaguero supernumerario, con el malicioso objetivo de  facilitar el paso de los delanteros propios. Esta semblanza pintaría una inutilidad prematura – y clara - que el tiempo no ha hecho nada por negar ni mitigar; acaso, por el contrario, mucho por incrementar.

Martini lo dijo, con ese aire de precariedad que se le dan a algunos comentarios que nadie quiere hacer y que se verbalizan sin saber cómo, para arrepentirse instantánea y, sobre todo, fútilmente, porque hay palabras que, más allá del fuelle con el que se las diga, tienen una composición anímica similar al de esas flatulencias que perduran con insitencia dañina.

Lo dijo, pues, una tardecita, en la tercera mesa contra el ventanal – a mano derecha según se entra al café Nobleza obliga – que da a la calle Imortales de la Patria. Debió ser a principios de enero de este año; sí, porque fue un par de días antes de que se produjera la primera y bochornosa derrota nacional de este infausto año: Alcides Panebianco perdió inconcebiblemente la Final de Piñata celebrada en Monterrey, México, contra el lituano Bukantas Kuprys – increíble porque nadie daba un mango por el lituano (327 a 1 estaban las apuestas), tan alejado de la práctica del revoleo de garrotazo a la piñata en esas inhóspita septentrionalidad; en tanto que Panebianco había crecido entre piñatas – y globos, papel picado, velitas de cumpleaños y juegos de gallito ciego - y había sido criado, desde los tres años, con una venda en los ojos para agudizar sus otros sentidos.

Como refería (o intentaba hacerlo), fue por entoces que Martini, asiduo al pesimismo, dijo: Si este año sigue como pinta, el club va a terminar comprando a “Eludido”. Las palabras quedaron allí, al lado de su silla; primero como una exageración; mas, luego, con el paso del tiempo y las tragedias deportivas que éste contenía, erigiéndose como una sustancia que iba pareciéndose en mucho al hecho consumado que había nombrado.

Cuando anunciaron la compra de “Eludido”, a finales de febrero, y sin ponernos de acuerdo, fuimos, a su vez, eludiendo a Martini. O acaso fuera él mismo el que se fuera alejando, como temiendo que su aliento de desasosiegos y desventuras hubiese creado la corriente apropiada para enchastrarnos el año - aunque aún tuvo tiempo de obsequiarnos una última pesadumbre: la culpa de haber desertado de su compañía.

Hace un par de semanas (no, yo diría más bien meses; que estamos mediados de noviembre ya... Menos mal...) que no vemos a Martini aparecer por el bar. Uno de los muchachos dice que lo vio entrar en un café de la calle Dr. Malambrú, frecuentado por literatos y tipos de esa ralea – ya se sabe, pelafustanes, charlatanes y petimetres-. Mucho me temo que este año, ni Nobel, ni otras milongas por el estilo para la intelectualidad Patria...

El diario dice que el club venderá a “Eludido” a un club colombiano... 1948 ya empieza a pintar bien, sí señor...



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