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miércoles, 22 de marzo de 2017

Chile es apenas el frente externo de la selección argentina



Pocos se preguntan, más allá de que la tradición no indica que haya que tener temores, qué ocurriría si la selección argentina llega a caer derrotada ante Chile y se complica seriamente su clasificación para el Mundial. Y no sólo desde el punto de vista futbolístico.

El partido adquiere una importancia casi de final si se tiene en cuenta que Chile, que le ganó las dos últimas Copas América a este equipo argentino, aunque ambas por penales, es el rival que se encuentra justamente en la posición anterior en la tabla clasificatoria sudamericana, cuando tras este enfrentamiento quedarán tan sólo cinco partidos y tres de ellos serán como visitantes, en la altura de La Paz (acaso el más accesible), en Montevideo y en Quito.

Desde el punto de vista futbolístico, la selección argentina no sólo tiene con qué vencer a “La Roja” sino que en verdad, nunca fue derrotada en estos años durante los noventa minutos, con los distintos entrenadores de cada lado del banco, pero el temor reside en que esta generación albiceleste, en vez de dar un plus en los partidos decisivos, siempre ha quedado en deuda en estos casos.

El entrenador Edgardo Bauza, viejo conocido de su rival, Juan Pizzi (fueron compañeros en Rosario Central entre 1988 y 1989 y luego lo dirigió entre 1999 y 2001),  sigue apostando al 4-2-3-1, con lo cual sigue con esta última moda de dejar a dos volantes para la marca (Javier Mascherano, que hace mucho que no juega en esa posición en el Barcelona) y Lucas Biglia, lo cual no sólo nos parece excesivamente conservador sino desequilibrante para el lado defensivo.

Pero hay un factor extra que es el psicológico y en este punto, hay varios jugadores en deuda con el público, como Sergio Agüero, que tendrá su enésima chance de reivindicación por una nueva e inoportuna lesión de Paulo Dybala y la sospechosa mano de su club, la Juventus, para que no ingrese de movida (el propio cuerpo médico argentino mira de reojo a los turineses desde hace tiempo).

Otro es Angel Di María, y habrá que ver cómo maneja Gonzalo Higuaín cierta resistencia de buena parte de la gente por sus fallos en las finales, aunque se trate de un formidable goleador, y quedan muchas dudas en el costado izquierdo de la defensa, con un Marcos Rojo que no termina de asentarse como central en el Manchester United, y Emmanuel Mas, que ya ha sufrido ante Ecuador.

A Sergio Romero ya nos hemos referido en el pasado y creemos que un arquero que no sólo no es tenido en cuenta para la Premier League en el Manchester United, sino tampoco para la Europa League y hasta para la FA Cup hasta que llegó el pedido directo de Bauza al entrenador del equipo inglés, José Mourinho, no da motivos para tener seguridad, máxime cuando hay otros jugadores en su posición que vienen pidiendo pista.

Como se sabe. El fútbol es impredecible (“Dinámica de lo impensado”) y con los antecedentes de las dos Copas Américas perdidas y aún con un rival debilitado por las ausencias de Arturo Vidal y Marcelo Díaz, y otros que físicamente no están en su plenitud como Gary Medel o Alexis Sánchez, todo puede ocurrir y la gran pregunta es cómo reaccionaría la selección argentina ante un gol en contra, o si los minutos pasan y el gol no llega, con la creciente impaciencia de la gente.

Pero como dice el título que hemos puesto, Chile es apenas el frente externo porque esta selección argentina llega con demasiados otros problemas internos. Un equipo que no habla con la prensa desde la pasada victoria ante Colombia por el affaire con Ezequiel Lavezzi (en nuestro caso, ni falta que hace que los jugadores tengan que decir nada), que cambia permanentemente de idea en cuanto a huir al interior cuando los rumores en River aparecieron tras la dura derrota inicial ante Ecuador, y repentinamente decidir el regreso a Buenos Aires tras cierto “maltrato” en algunas provincias.

Lo hemos escrito con reiteración: un equipo que no se asoma ni siquiera a las ventanas de los hoteles como local, porque no siente el contacto con el público, no parece de lo más representativo en cuanto a los sentimientos que transmite, y por parte de mayoría de jugadores que participan en sus clubes muy lejanos de la realidad nacional y que acumulan decenas de millones de euros en sus cuentas.

Esto debería llevar a un esfuerzo por acercarse a la gente, pero no parece que haya un solo dirigente que comprenda esta realidad y no sólo eso: esta Comisión Normacrizadora jugó por momentos la baza de oficiar de local en la Bombonera, y hasta Bauza lo atribuyó al cambiante carácter de los jugadores, aunque finalmente (y como siempre) primó lo económico y lo organizativo, y se terminó jugando en River por una cuestión de publicidades y de recaudación.

Se trata de una selección con enorme cantidad de contradicciones: si una de ellas fue el devenir de la localía (del interior a River, de River al interior, del interior a la Bombonera para morir en River),  y otra fue el haber responsabilizado a toda la prensa por lo publicado por un medio determinado y claramente reconocible, una más pasa por la decisión de que Marcelo Tinelli se hiciera cargo del departamento correspondiente.

De hecho, y también lo hemos reiterado en esta columna, Tinelli llega a la conducción de este departamento como parte de un pacto de poder con el moyanismo y con el comisario político del fútbol argentino, Daniel Angelici, por el que tuvo que aceptar quedarse sin la AFA y con la promesa de una Superliga que todavía no se implementó y acaso por eso prefirió “pájaron en mano” con la selección nacional aunque a su estilo: sin esperar un segundo al conocer la firma (a regañadientes) del aval de dos de los cuatro integrantes de la Comisión Normacrizadora, el número 2, Javier Medín, y el 4, Pablo Toviggino.


La negativa del presidente de la Comisión, Armando Pérez, a suscribir una designación de un dirigente que no integra (ni integrará) el Comité Ejecutivo de la AFA, como indica el reglamento que tiene que suceder, y que entonces necesita que se le entregue formalmente el cargo a Nicolás Russo de Lanús (alguien que quiso ser presidente de la AFA pero fue bajado por el Gobierno por simpatizar con Sergio Massa), agregan un importantísimo foco de resistencia a su llegada y ni qué hablar de Juan Verón, el presidente/jugador de Estudiantes, a quien le acaba de renunciar su manager Norberto Alayes, y quien estaría a cargo de los juveniles.

Tinelli tampoco parece estar demasiado respaldado desde Zurich por el propio Presidente de la FIFA, Gianni Infantino, a quien mucho no le gustó la idea, pero lo importante, volviendo al affaire Lavezzi, es quién sostiene al vicepresidente de San Lorenzo tan cerca de la selección argentina, y son nada menos que los jugadores de mayor peso específico: Lionel Messi y Javier Mascherano.

Llama la atención, por ejemplo, que la prensa argentina en su mayor parte de por sentado que Carlos Tévez se retiró del equipo nacional por haberse ido a jugar a China, y sin embargo Lavezzi sigue formando parte de un equipo de esa liga en el que no participa desde hace rato por lesión, y sin embargo sigue siendo convocado.

También resulta llamativo que en cada foto de Tinelli con Messi, en el contexto de un entrenamiento de la selección nacional, aparezca Pepe Costa, íntimo amigo de los jugadores argentinos del Barcelona, club en el que trabaja como representando a los jugadores ante la entidad. ¿Puras casualidades o poderes que se van concentrando desde el inicio?

Una selección muda, contradictoria y misteriosa como ésta, cuya única voz parece ser la del entrenador, que suelto de cuerpo advierte que no sabe qué hará luego de consagrarse campeón del mundo en Rusia 2018, deberá, por fin, hablar en el verde césped, que como decía el fallecido Angel Labruna, es donde aparecen las verdades y donde se acaban las dudas.


Y este equipo argentino tiene mucho que explicar, y varios frentes que atender, antes que pensar en un título del mundo. Rusia, aún, está demasiado lejos.

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