domingo, 15 de octubre de 2017

El dulce momento de Messi (Yahoo)




La selección argentina y la FIFA pueden dormir en paz. Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, estará en el Mundial de Rusia y todos los sueños futbolísticos y los aspectos del marketing podrán compensarse por este motivo, luego de que su participación haya estado en serias dudas debido al muy mal paso del equipo albiceleste durante la clasificación.

Todo indicaba que la selección argentina sufriría mucho y acaso sin buenos resultados cuando llegó a la última jornada clasificatoria sudamericana (sobre dieciocho totales) en la sexta colocación en la tabla de posiciones cuando las plazas directas eran cuatro y a lo sumo una quinta debía jugar el repechaje a doble partido ante Nueva Zelanda en noviembre.

El equipo argentino –con Messi en el campo- no había sido capaz de ganarle en casa ni a una Venezuela ya eliminada y sin algunos de sus mejores jugadores (1-1) ni ante Perú (0-0) pese a que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió cambiar de estadio y pasar del más frío Monumental de River Plate a la Bombonera de Boca Juniors, reconocida como una de las más presionantes debido a la cercanía de los hinchas y a su estructura arquitectónica.

Pese a todo esto, el equipo argentino aparecía muy nervioso, como si le pesara demasiado el hecho de que tras tres finales perdidas consecutivamente (un Mundial y dos Copas América entre 2014 y 2016), pudiera quedar eliminado de Rusia 2018 con semejantes estrellas, especialmente en el ataque.

Incluso ocurrió algo que no estaba en los cálculos de nadie: pese a contar con delanteros como Messi, Mauro Icardi (Inter). Sergio Agüero (Manchester City), Gonzalo Higuaín (Juventus), Paulo Dybala (Juventus) y hasta con Darío Benedetto (máximo anotador de la liga argentina con Boca), la selección argentina llegaba a la última jornada siendo la segunda peor en goles a favor entre los diez equipos, con 16 goles en 17 partidos.

Jorge Sampaoli, el ex entrenador del Sevilla al que la AFA fue a buscar y pagó por su cláusula de salida para los cuatro partidos finales de la clasificación, tampoco le encontraba la vuelta al asunto y cada vez se lo veía más ansioso al borde del campo de juego, aunque su discurso era que seguía confiando en sus jugadores y que finalmente, se alcanzaría la clasificación.

Cuando llegó el empate final como local ante Perú y parecía que la desilusión invadiría todo, llegó la noticia menos esperada: en Colombia, la selección paraguaya lograba imponerse 1-2 en el último minuto y de esta forma, milagrosamente, la selección argentina podía llegar, pese al sexto lugar en la tabla, a depender de sí misma si vencía a Ecuador en Quito, al menos para jugar un repechaje y hasta acaso ir directo al Mundial, dependiendo de otros resultados.

Así fue como en la última jornada, Brasil venció a Chile (que estaba un punto por delante de Argentina), mientras que Perú y Colombia empataron en Lima y entonces el equipo argentino quedó finalmente en tercer lugar y consiguió el pasaje al Mundial al vencer (no sin sufrimiento inicial) 1-3 a Ecuador.

Ese último partido también tuvo su propio capítulo porque antes de jugarse, parecía más accesible para la selección argentina. Un equipo ecuatoriano ya eliminado, con un entrenador interino (el argentino Jorge Célico) había decidido colocar a la mayoría de jugadores de su liga local y prescindir de sus estrellas europeas, claro que también más adaptados a la altura de 2850 metros sobre el nivel del mar.

Aún así, para sorpresa de todos, Ecuador se puso en ventaja antes del minuto inicial y entonces todo parecía desmoronarse. Si Argentina no había logrado un solo gol de jugada en todo el año 2017 en partidos oficiales (los dos únicos goles fueron por Messi, de penalti, y otro autogol de Rolf Feltscher, ante Venezuela), ¿cómo iba a conseguir al menos dos en un solo partido, con tanto nervio y sin un orden táctico?

Sin embargo, en ese momento tan complicado, cuando nada lo parecía indicar, es que apareció el mejor Messi, el que define los partidos en el Barcelona, el que va con decisión hacia la portería adversaria, y en una ráfaga, puso rápidamente adelante a Argentina 1-2 y luego, en la segunda parte, con una muy bonita vaselina, terminó de armar un hat trick en el momento justo.

Si ya había revertido  muchas críticas de un importante porcentaje de argentinos que consideraban que él no era nunca el mismo que en el Barcelona con la camiseta albiceleste, su actuación en un partido tan importante lo acabó de colocar en la cima de los ídolos y a las pocas horas, ya circulaban memes y mensajes telefónicos con imágenes de Messi vestido de santo, o videos en los que el crack del Barcelona firma autógrafos a chicos con alguna discapacidad, como si nunca antes lo hubiese hecho.

En apenas horas, Messi, ya camino a Barcelona para reincorporarse a su equipo, que jugaba por la Liga ante Atlético Madrid en el Wanda Metropolitano, se había acercado nada menos que a Diego Maradona en la idolatría popular y acaso esto marque ya un camino nuevo hacia el próximo Mundial, aunque la mayoría de los hinchas sabe bien que se trata de un equipo con algunos grandes delanteros, pero no hay tantas estrellas en la defensa o en el mediocampo. La esperanza está puesta en el 10.

Messi vive un momento dulce. Será padre por tercera vez, es el máximo anotador de la Liga con 11 en 8 partidos, y hasta el cierre de este artículo había marcado 17 en 16 partidos en la temporada 2017/18 que recién se inicia, contando el Barcelona y la selección argentina, y entre goles oficiales y no oficiales, lleva 994 en 1090 partidos (0.91 de promedio).

Si de pequeño pudo luchar para sobreponerse a un problema de crecimiento, y luego pudo llegar a jugar en el Barcelona y romper todos los récords, ahora ha dado otro paso más en su impresionante carrera: superó los prejuicios de muchos que no lo valoraban lo suficiente, y hoy pasa a ser un indiscutidos en un país muy exigente con el fútbol.

Messi vive un momento dulce, y lo merece.

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