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domingo, 5 de julio de 2015

Chile cumplió su sueño y es campeón por primera vez (Yahoo)




DESDE SANTIAGO DE CHILE


Si la selección chilena había dado varios pasos hacia adelante en tiempos recientes del argentino Marcelo Bielsa como entrenador, lo que acaba de conseguir el sábado en la final ante Argentina, al ganar la Copa América por primera vez en su historia, es un salto de calidad fundamental para su fútbol.

Se decía que ésta era la “Generación Dorada” del fútbol chileno. Se repetía desde los tiempos en los que arañó una final de Mundial sub-20 en Canadá 2007 con la dirección técnica de José Sulantay, pero allí chocó en semifinales justamente contra Argentina, con varios de los que enfrentó en la final del Estadio Nacional, como Sergio Agüero, Ever Banega o Sergio Romero, pero varios de esos chicos estaban inmaduros todavía y hasta protagonizaron hechos de indisciplina.

Pasaron ocho años y Chile es campeón de América con justicia, con un equipo sólido, que propone un fútbol abierto y ofensivo, y con la consolidación de varios cracks por más que en el torneo sudamericano algunos no tuvieron el nivel esperado, seguramente por el enorme cansancio de las exigentes ligas europeas.

No fueron la excepción ni Arturo Vidal ni Alexis Sánchez porque eso mismo le ocurrió a Brasil (aún sin talentos, salvo el caso de Neymar, expulsado y marginado por la suspensión) o a Argentina, y es un tema a revisar en el futuro por una Conmebol que ahora no tiene tiempo para eso porque primero debe solucionar el problema de sus dirigentes, involucrados todos en enormes casos de corrupción, algunos ya detenidos por Interpol y otros, en camino.

Pero si Vidal o Sánchez no pudieron estar en su nivel (además, el primero estuvo involucrado en un caso de accidente de coche en el que atropelló a una persona con un índice de alcohol mucho mayor al permitido y al final terminaron perdonándolo), sí aparecieron otros jugadores, como el defensor del Inter Gary Medel, transformado definitivamente en ídolo de “La Rojita”, y muy especialmente el que fue el mejor jugador del torneo (aunque no lució en la final) como Jorge Valdivia, a quien hay que reivindicar por seguir jugando como “diez” clásico, manejando los hilos del equipo con una precisión impresionante.

Decir que este equipo chileno es producto de Bielsa es reducir mucho el análisis. En este último tiempo es dirigido por otro argentino,  de la misma región de su antecesor (la rica provincia de Santa Fe), pero que no ha seguido exactamente su línea sino que se fue volcando a un juego más preciosista, más estético y sin renegar de cierta pausa en Valdivia.

Antes de comenzar la Copa América, muchos medios periodísticos chilenos manifestaban su lógico temor por el cambio que proponía este entrenador, Jorge Sampaoli. Éste dijo tras la derrota por penales en octavos de final del Mundial pasado ante Brasil, al que estuvo a punto de eliminar (si por ejemplo, el remate de Pinilla entraba en vez de pegar en el larguero), que si tomaba una enseñanza de aquella experiencia es que no había que atacar tan ciegamente.

Lo que Sampaoli planteaba era que a veces, en el fútbol, y en la vida, es bueno dar un paso atrás para luego dar dos adelante. Es decir, seguir atacando, no retirar la propuesta ni la idea, pero sí, pensar un poco antes de actuar. Tomarse unos segundos para la pausa antes del estiletazo final.  Y esa pausa la aportó Valdivia, un jugador del que dudaban muchos por su irregular presente en el fútbol brasileño, por sus lesiones y por anteriores comportamientos que le generaron sanciones y que lo apartaran de su selección en tiempos de otro entrenador argentino, Claudio Borghi.

Chile se recostó también en la solidez de su arquero Claudio Bravo, que puede transformarse en 2015 en el jugador con más títulos en el mundo, ganador del tricampeonato con el Barcelona y ahora con la Copa América, la que levantó como capitán, pero aún puede ganar las Supercopas de España y Europa y el Mundial de Clubes de Japón con su equipo blaugrana.

Si hubo algún punto flojo, ése fue el defensivo pero tiene cierta lógica. Porque el biotipo de jugador chileno no es alto y tiene cierto déficit en el juego aéreo, al que hay que sumar que con el deseo de irse al ataque, quedan descubiertas las espaldas de sus laterales isla y Mena.

También el equipo chileno debió superar la sanción a Gonzalo Jara, protagonista de un desagradable episodio con Edinson Cavani en el partido de cuartos de final ante Uruguay y Sampaoli nunca consiguió reemplazar bien a este marcador, por más que buscó distintas variantes tácticas.

Hay que decir también que en la primera fase, la de grupos, Chile tuvo rivales de muy escasa monta, como Ecuador, México B (el primer equipo estaba enfocado en la Copa de oro de la Concacaf) y Bolivia, pero luego tuvo que sortear a Uruguay, el rival más duro, con Perú en semifinales se benefició de la temprana expulsión del defensor rival Carlos Zambrano, y allí sí, vino lo más difícil, la final contra la selección argentina.

Y si bien fue un partido parejo, Chile siempre impuso las condiciones, con una altísima presión, un marcaje fuerte pero leal pero su ataque fue controlado por los albicelestes y acabó ganando por penales.

Este equipo chileno tiene proyección, porque ahora podrá jugar la Copa Confederaciones de Rusia 2017, y seguramente su punto de mira será el Mundial 2018, pero lo más importante es que es claro a qué juega cuando sale a la cancha y que esta generación, efectivamente, es la más importante de su historia.


La euforia que se vive en Chile por estas horas, está ampliamente justificada.

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