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lunes, 6 de julio de 2015

Más argentina y menos selección (Jornada)



DESDE SANTIAGO DE CHILE


La pregunta que surge, nítida, tras una nueva derrota de la selección argentina, la decimosexta en veintidós años, es por dónde pasa el problema de los distintos equipos nacionales de fútbol que siendo tan competitivos, con jugadores de calidad contrastada, que participan en los mejores clubes del mundo, que son protagonistas de las ligas más exigentes, no pueden conseguir nunca los principales objetivos, los títulos que buscan.

Reiteradamente escribimos en nuestras columnas acerca de que hay cosas que desde hace mucho tiempo que no funcionan en el fútbol argentino, y mucho menos en la selección, y no tiene relación con lo técnico, con la calidad de los jugadores porque en estos años, especialmente desde hace casi una década, son contados con los dedos de una mano los jugadores que pueden llegar a faltar.

Tal vez desde una mirada que nos permiten las ciencias sociales, podemos transmitir algún aporte, por el privilegio de haber estado tan cerca de los distintos equipos argentinos durante tantos años en amistosos internacionales, y en todas las Copas América, Mundiales, Copas Confederaciones.

Y entonces es que aparece una pregunta complicada, pero que creemos necesario abordar. Sería bueno saber cuánto de argentino hay en estos jugadores. ¿Qué es lo que los vincula a la Argentina, más allá de haber nacido en este suelo, de querer a la camiseta, a sus familias y amigos, a su entorno más próximo?

Recordábamos en estas horas lo que nos comentaba un apreciado colega uruguayo sobre el anterior capitán de la selección celeste, Diego Lugano, que sabe quién fue Scarone, qué sucedió en 1950 con Obdulio Varela en el Maracaná, quiénes fueron Schiaffino o Cubilla o Matosas.

¿Saben los nuestros algo sobre el pasado de la selección argentina? ¿Saben, más allá de los Gabriel Batistuta, Hernán Crespo, quiénes son los campeones del mundo de 1978 o jugadores de más atrás en la historia, como los Carasucias de 1957, o Guilllermo Stábile? ¿Les interesa algo? ¿Quieren saber sobre nuestro país, más allá de la pelota? ¿Qué grado de integración tienen con la Argentina en general?

Todo esto puede ser apenas retórico y el lector pensará que si Gonzalo Higuaín embocaba el gol en la última jugada, nada de esto nos estaríamos preguntando, pero tal vez ese fallo y esta nueva derrota, sean la puerta de acceso a una nueva etapa de profunda reflexión sobre estos jugadores que, lo sepan claramente o no, nos representan cada vez que son convocados.

Y nuevamente vienen a a la memoria de este periodista aquellas patéticas imágenes de la selección argentina en Córdoba, durante la Copa América pasada en la que fue local, cuando la gente del lugar pugnaba para ver de cerca a estrellas con las que no tiene contacto, y que sin embargo ni asomaron sus narices por la ciudad y ni siquiera por el hotel, siempre lejos, siempre distantes, siempre antipáticos.

Porque esta selección argentina, hay que decirlo, desde hace dos décadas que asumió como normal su antipatía, su soledad, su soberbia.  No hay lugar en el mundo en el que la delegación argentina, con el director técnico que sea, no busque estar aislada, los hoteles más inaccesibles, a los que muchas veces no hay manera de llegar que no sea en taxi, y pagando fortunas. Y todo, para no estar en contacto con nadie.

Esta selección llegó a pagar y pagar multas en esta Copa América de Chile por incumplir permanentemente con el reglamento, sin presentar a sus jugadores a las conferencias de prensa, sin hacer el reconocimiento previo en los estadios, rechazando el premio al mejor jugador, sacándose las medallas plateadas por no aceptar perder, yéndose sin hablar con la prensa porque perdió, o evitándola con mecanismos pueriles, mafiosos, como cuando el jefe de prensa pasa un whatsapp a los diez medios “más grandes” para que pidan entrevistas con los jugadores, ignorando al resto, al que deriva al desinformante sitio web, para sacárselos de encima.

Si esta selección evita al periodismo, a la gente, ¿cuál es, entonces, su pretendido vínculo con lo argentino? ¿Por dónde pasa esta relación?

Desde hace dos décadas, cuando ya el director técnico Daniel Passarella decía “ahí viene el enemigo” para referirse a la prensa, esta selección es la de las estrellas de los cientos de millones de euros en las cuentas, con gente que no tiene hambre de gloria más que el individual, el de querer ganar como cualquier deportista, pero ¿qué dicen cuando escriben “vamos argentina” en Twitter? ¿Qué es exactamente lo que quieren que leamos, que no sea un fraserío vacío de contenido de parte de alguien que cuando nos tiene enfrente, no quiere saber de nosotros ni de nadie?

Ya nos decía Carlos Bilardo, en una interesantísima charla, muy prolongada en un hotel de Villa Borghese, en Roma, en 2014. “Esta gente no tiene nada que ver con los que yo dirigí, que casi no había salido del país y no había hecho la gran diferencia. Esos te escuchaban. Ahora todo es mucho más difícil”.

Ahora, muchachos más jóvenes que aquellos que fueron campeones del mundo, ya amasaron fortunas y no quieren que nadie los moleste, y para peor, no tienen nada para decir. El jefe de Deportes de uno de los dos diarios más importantes de España nos dijo hace unos años: “Me han conseguido pasar un día entero en casa de un compatriota tuyo, y al irme de allí no tenía nada para publicar”.

La selección argentina necesita una refundación, sí, pero que debe comenzar mucho antes que en la pelota. Debe recomenzar por el principio, desde la estructura dirigencial de la AFA. Desde que los jugadores sepan lo que representan y tengan el alma abierta para nutrirse de lo propio, de su gente, que amen a los suyos. Desde dirigentes que sepan hacia dónde van y no cambien de Menotti a Bilardo, de Basile a Passarella, de Sabella a Martino, como bien dijo días pasados, sobre la incoherencia dirigencial, el actual técnico de la selección.

Una selección como la argentina, primera en el ranking mundial, no puede tener dirigentes en sus hoteles que andan en ojotas con los dedos afuera y sin saber casi ni cuál es la ciudad en la que están, y los jugadores deben por fin firmar una cláusula en el contrato por la cual estarán obligados a dialogar con toda (toda) la prensa nacional y en lo posible, internacional.

Sin caprichos, ni nanas, ni vueltas de tuerca. Es la selección argentina, bicampeona del mundo, catorce veces campeona de América, bicampeón olímpica.

Parte de la actitud pasa también por estas pautas. Acaso sea el tiempo de un buen psicólogo. No hay que tener miedo a los profesionales. Y por qué no un sociólogo para que trabaje en la relación entre el plantel, lo institucional y la sociedad, con jugadores que todo el año están fuera del país y que cuando regresan, se los recibe como estrellas.

Este momento de la selección argentina también recuerda a otros de equipos que han atravesado situaciones similares, como por ejemplo el Boca Juniors de 1996, cuando aquella definición de Diego Latorre del “cabaret” y cracks, todos juntos, como Claudio Caniggia, Diego Maradona, Sergio Martínez, Luis Hernández, Juan Sebastián Verón, Cristian “Kily” González y tantos más, pero que sin embargo, no lograban un título.

Tuvo que llegar Carlos Bianchi en 1998, dar un baño de humildad a buena parte de ese plantel, dando prioridad a los Guillermo Barros Chelotto sobre los Caniggia, trabajando en lo colectivo por sobre lo individual, entendiendo lo que es el club, estableciendo una relación estrecha con socios e hinchas, conociendo la historia de la entidad.

No hay secretos. Es, primero que todo, voluntad de cambio y no, continuidad de lo que apenas es funcional para el poder de unos pocos.

Recién después viene el estilo, el sistema, la táctica, en esa pirámide que comienza con la institución. Recién después discutimos si 4-3-3, si Javier Pastore o Enzo Pérez, pero primero, saber de dónde venimos para decidir hacia dónde vamos.

Tal vez, con esos conocimientos, la actitud podría ser otra a partir de otro convencimiento más sincero, sin necesidad de agitar la camiseta para acercarse al que no quieren conocer ni les interesa saber quién es.

Tal vez, el secreto sea más argentina, y menos selección.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Somos los holandeses de America!
Hace falta un tecnico de afuera, sin compromisosni amiguismos... Tipo Hiddink o de esos que dan vueta por el mundo y ue nos trate como africanos, explotando lo mejor de cada jugador tiene, en lugar de lo que él cree que tiene.



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