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lunes, 13 de julio de 2015

Messi, Casillas y la incomprensión (Yahoo)



En la misma semana, Iker Casillas dejó de ser, luego de 15 años, el arquero del Real Madrid, y Lionel Messi, de vacaciones, vuelve a meditar sobre si conviene dejar por un tiempo la selección argentina, tras haber perdido otra final, esta vez por la Copa América, y ser nuevamente discutido por muchos compatriotas.

En ambos casos, sus situaciones parecen injustas. Casillas se va del Real Madrid mucho más por cuestiones extra-futbolísticas que por sus buenas o malas actuaciones con el equipo blanco, mientras que Messi debe cargar con años de frustraciones mucho más ligadas a problemas institucionales de su federación o tácticos del sistema que utilizó la selección argentina que por sí mismo, pero muchas veces así son las cuestiones del fútbol.

Pocas veces, el Real Madrid estuvo tan seguro con un arquero como Casillas, que llegó a ser uno de los mejores del mundo y, aún mucho más difícil que eso, mantenerse por tantos años en ese prestigioso lugar luego de haber ganado todo, no sólo con su club sino con la selección española, con la que se consagró campeón europeo y mundial, y tuvo el privilegio de ser quien levantara la Copa para todo el planeta.

Sin embargo, no alcanzó con todo eso y bastó la llegada del entrenador José Mourinho al vestuario del Santiago Bernabeu para que la memoria de algunos madridistas se perdiera y todos los años de gloriosas atajadas y grandes actuaciones del arquero quedaran pronto en el olvido, o se lo discutiera como si fuera alguien sin experiencia o poco que aportar para el equipo cuando si a alguien le debe el Real Madrid muchos partidos ganados es precisamente a su solvencia y a sus grandes estiradas para salvar goles prácticamente consumados.

Mourinho estableció en el vestuario todo un sistema policial para perseguir a supuestos topos, y Casillas, debido a su relación con una periodista, ha quedado por siempre en la mira y aunque ya el entrenador portugués se había alejado del cargo en las últimas dos temporadas, siempre se escuchaba algún pitido en el Bernabeu cuando el arquero tocaba la pelota o cuando se lo mencionaban por los altavoces. Jamás recuperó aquella unanimidad de otros tiempos y hasta tenía mala relación con algunos pocos compañeros, que quedaban del remanente del ciclo anterior.

Después de dos o tres temporadas de amagues para salir del club, finalmente Casillas llegó a un acuerdo con el Porto (casualidad o no, club ligado a Mourinho a tal punto que llegó a ganar la Champions League con él en 2004) y por primera vez desde 2000 el arco del Real Madrid cambiará de dueño y no será fácil para quien ocupe este lugar cargar con el peso de los antecedentes de Iker, que seguramente será valorado en su justa medida ahora que ya no estará allí.

Con Messi hay una situación aún más complicada. Aunque siempre estuvo implicado con la selección argentina y a los 28 años ya se ha convertido en el segundo goleador histórico con la camiseta albiceleste (46 goles, contra 56 de Gabriel Batistuta), y ha llegado no sólo a dos finales seguidas (Mundial 2014 y Copa América 2015) sino que ha colocado al equipo primero en el ranking mundial, sigue habiendo una mirada de reojo por parte de un importante porcentaje de sus compatriotas.

Alguien dijo alguna vez que para los argentinos, la relación con Messi es como para un padre, tener que establecer una relación con un hijo que se enteró que era suyo cuando ya tenía una edad adulta. Todo esto es porque antes de irse tan joven al Barcelona, Messi no pudo jugar en la siempre exigente liga argentina, como el resto de sus compañeros y esa carencia se siente a la hora de establecer afectos.

Lo cierto es que Messi no puede jugar en la selección argentina como en el Barcelona, porque en su club se entrena todos los días desde hace años y con un sistema táctico más o menos parecido y en la selección argentina lo hace cada tanto y por pocos días y no sólo eso sino que el equipo albiceleste ha cambiado de sistema desde los tiempos de Alfio Basile (2006-08) a los de Diego Maradona (2008-2010) a los de Sergio Batista (2010-11), los de Alejandro Sabella (2011-14) y el actual de Gerardo Martino (2014-15).

Por ejemplo, con Sabella, aunque muchos de los jugadores eran los mismos, el equipo argentino jugaba al error adversario, de contragolpe y a mucha velocidad, mientras que ahora juega a la posesión del balón y por eso ha salido Gonzalo Higuaín para dar lugar a Javier Pastore, quien acompaña más a Messi en la creación, para un 4-3-3 final.

A todos estos cambios, Messi siempre se adaptó como pudo, pero no es él quien toma las decisiones tácticas y por eso el equipo argentino pudo pasar de una gran actuación en la semifinal ante Paraguay, cuando goleó 6-1, a verse superado completamente por su rival, Chile, en la final, en la que cayó por penales tras el 0-0 de los 90 minutos y el alargue de los siguientes 30.

La gente sigue creyendo que el compromiso de Messi con la selección argentina es escaso, pese a que jugadores como Lucas Biglia acaban de reconocer que no supieron qué hacer cuando lo vieron llorar sin consuelo en el bus de regreso al hotel o cuando se retiró al vestuario al finalizar la primera parte, preocupado por no ver a su familia en la platea, porque había sido agredida por unos hinchas y debió cambiarse de lugar.


Seguramente, como ahora le sucede a los madridistas con Casillas, muchos argentinos se darán cuenta del valor de Messi si es que uno de estos días decide apartarse, aunque no sea definitivo, de la selección nacional, cansado de tanta incomprensión.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Joan Manuel Serrat, “Messi es el mejor que ha visto nadie. No creo que esto sea discutible. Si alguien discute esto, salgo de la discusión. Si alguien está convencido de otra cosa, yo ya no entro en la conversación”


Que sentido tendria esa discuson?
El Acrobata