sábado, 10 de noviembre de 2018

El papelón más esperado de la Conmebol en el Superclásico más fuerte





Al partido de ida de la serie Superclásica más importante de la historia no le podía ir en zaga un papelón menos impactante de la Conmebol, cuya impericia y desconcierto no parecen tener límites. Y no nos referimos a la suspensión del partido por razones climáticas porque no hay demasiados estadios en el mundo que soporten la cantidad de milímetros de agua caída, sino a que desde hace por lo menos cuatro días que todos los pronósticos coincidían en que la del sábado sería una jornada con tormentas eléctricas y un 90 por ciento de probabilidades de precipitaciones.

Si esta Copa Libertadores tenía todo para ser una de las mejores de los últimos tiempos, con casi todos los clubes poderosos de Argentina y Brasil en la primera fase, rápidamente esta Conmebol, que dice haberse lavado la cara respecto de sus antecesores pero repite los esquemas del FIFA-Gate, se encargó de derrumbar las expectativas.

Pero a la institución futbolística sudamericana no le alcanzó, parece, que repetir muchos de los medios beneficiados durante la espuria etapa que acabó con muchos dirigentes presos en Estados Unidos o buscados por Interpol, o con libertad condicional luego de haber delatado a sus pares.

Entonces, esta Copa que pudo haber dejado huella futbolística, terminó siendo la de los casos de jugadores inhabilitados que jugaron igual, la de un trato de inequidad a clubes participantes ante casos similares en los que fue la Conmebol la que se equivocó en la información previa que les brindó (casos Zuculini y Carlos Sánchez y diferencia en el trato a River Plate y al Santos), la de la pésima aplicación (o, mejor escrito, su falta) en el escandaloso penal no cobrado de Javier Pinola a Martín Benítez en el River-Independiente de cuartos de final, o la expulsión de Dedé- luego rehabilitado-, del Cruzeiro, por un duro choque de su cabeza con la mandíbula del arquero de Boca, Esteban Andrada.

Esta Conmebol también fue la del extraño VAR en el penal de Bressan sobre el final del Gremio-River, cuando ningún jugador del club argentino había reclamado, y el delantero Ignacio Scocco pedía córner, y desde imágenes de confuso origen.

Sin embargo, y pese a haber transformado lo que podía ser una hermosa Copa Libertadores en una disputa de escritorio, con tironeos varios y quejas por doquier para sacar partido de cada tajada, la Conmebol tuvo una oportunidad de oro para resarcirse, cuando en su última edición con dos finales de ida y vuelta (desde 2019 será a partido púnico, en esa ocasión en Santiago de Chile), llegaron nada menos que Boca Juniors y River Plate, en dos Superclásicos que encabezan cualquier encuesta mundial sobre partidos de fútbol de trascendencia.

Pero esta dirigencia de Conmebol no está por la labor. Está demasiado lejos de poder estar a la altura. Sus dirigentes son muy cortos de miras. El negocio está demasiado por encima de lo deportivo y así es que también cualquier motivo es materia de multa con el fin de recaudar. Un ejemplo de esto es la sanción al director técnico de River, Marcelo Gallardo, quien reglamentariamente puede estar bien suspendido (además, reincidió), pero evidentemente, llegar tarde por dos minutos al segundo tiempo no puede ser motivo de tanta exageración.

Y con el plato de los dos Superclásicos finales servido en la mesa, la Conmebol no tuvo mejor idea que escupir la comida. Cuando desde hacía por lo menos cuatro días que se conocía el pronóstico de lluvia con tormenta eléctrica en Buenos Aires para ese día, la Conmebol decidió jugarlo el sábado a las 17, lo que determinó un corrimiento de varios partidos de la fecha de la Superliga para desusadas fecha y hora, y cuando la semana próxima, en fecha FIFA, ninguno de los dos equipos aportará jugadores por tratarse de tamaña final.

Entonces, ¿por qué este sábado, cuando ya se conocía el pronóstico climático?, ¿por qué a esa hora, que significa que vean por TV el partido en el continente asiático a las 5 de la mañana del domingo?, ¿por qué la enorme tardanza –una vez más- en suspenderlo cuando ya era imposible jugarlo, la pelota no picaba, había zonas con charcos, el barrio de la Boca comenzaba a inundarse?, ¿por qué dejar expuesta a tanta gente, cuando las puertas de la Bombonera se abrieron, irresponsablemente, a la lluvia, al viento, a la tormenta, hasta tomar una decisión?

Acaso, por la misma impericia de siempre y porque, en el fondo, la gente mucho no interesa, igual que antes, que los del FIFA-Gate, que los de siempre. Igual que los empresarios de los medios interesados en vender los derechos. La gente, que espere.

Una vez más, Conmebol no supo aprovechar la oportunidad de enmendar tantos papelones en la Copa de este año con dos Superclásicos globales, mundiales, y entonces, quiso estar a la altura, porque su papelón fue planetario.

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