Desde Kiev
Hay equipos acostumbrados a perder. Cuando llega el
momento de la definición de un título, suelen caerse anímicamente, o algún
jugador se lesiona inesperadamente, u ocurre alguna circunstancia ajena a lo
habitual que altera el desempeño durante ese partido.
Hay otros, como el Real Madrid, acostumbrados a
ganar. Ya es tan habitual que suelen jugar mejor en las finales que en los
trayectos hacia ellas. Si hiciéramos el ejercicio de preguntarnos antes de la
última final de la Champions cuál de los dos equipos podría acabar conforme con
su participación en este torneo pese a perder el partido decisivo, rápidamente
diríamos que es el Liverpool, mientras que los blancos sólo tomarían como
válida su campaña de ser campeones de Europa. Esa es una enorme diferencia
entre ambos que podría formare parte de una primera explicación.
Pero si justamente tomáramos toda esta Champions
desde sus inicios, es claro que el Real Madrid esta vez no parece haber hecho
méritos suficientes para ganarla por decimotercera vez y sin embargo, ahí están otra vez sus jugadores ofrendando
la “Orejona” a Las Cibeles ante sus fervorosos hinchas.
Entonces, podríamos preguntarnos cómo es que este
Real Madrid -segundo en la fase de grupos detrás del Tottenham, que sufrió
tanto en Londres, o que tuvo que remontar ante el PSG en el Santiago Bernabeu
en octavos, o que pasó por los pelos ante la Juventus con un muy discutido
penal a Lucas Vázquez en el último minuto, o que se sirvió de un grave error de
Ulreich ante el Bayern Munich en Madrid o gracias a una evidente mano dentro
del área de Marcelo reconocida por el propio lateral brasileño- pudo llegar tan
lejos.
Y tal vez la respuesta a esa pregunta no sea tan
sencilla o tan directa. Porque creemos que el Real Madrid acaba ganando en
Europa por una sumatoria de factores que pasan primero que todo por la enorme
tranquilidad de su entrenador, Zinedine Zidane, que como pocos, sabe
administrar un vestuario repleto de estrellas y aunque no sea un tacticista
puro, al haber sido un espléndido jugador y buen observador, puede conocer al
dedillo los puntos débiles de sus adversarios y también sabe transmitir
confianza en los suyos, como cuando en los últimos meses consiguió lo que antes
nadie había podido: que Cristiano Ronaldo aceptara que podía parar en algunos
partidos o ni viajar en otros de segundo orden, para dar prioridad a los que
valen la pena.
Luego, hay que referirse a la riqueza de la
plantilla, porque además de los titulares, hay un banquillo excepcional que
cuando ingresa alguno de sus componentes casi que no se nota la diferencia de
calidad pero todo esto sumado a que el Real Madrid se dio el lujo de repetir el
mismo once inicial que en la final de la temporada pasada, con rival distinto e
idéntico resultado final.
Pero además, claro, existen los imponderables, los
errores ajenos los arbitrajes, y es muy extraño pero en esta Champions, todo
eso favoreció como nunca al Real Madrid, aunque en muchos casos, para que esto
ocurra, debe haber antes una enorme posibilidad de aprovechamiento de esas
ocasiones, como por ejemplo ocurrió con
Karim Benzema ante las sucesivas equivocaciones de Sven Ulreich en la
semifinal ante el Bayern o de Loris Karius en la final ante el Liverpool.
Tal vez en otra ocasión, el delantero podía
aprovechar o no esos errores, pero el Real Madrid saca provecho total y
absoluto de ellos porque tiene, además una calidad y un poder de fuego
extraordinarios. Así como Karius regaló dos goles, algo poco común en una
final, también Gareth Bale, que tuvo un último mes de grandísimo nivel,
convirtió un gol extraordinario de vaselina, y acabó siendo elegido como la
figura del partido decisivo de Kiev.
Un equipo que reúne a dos de los mejores volantes del
mundo como Luka Modric y Toni Kroos, que saben siempre lo que hay que hacer, en
cada momento del partido, o un goleador extraordinario como Cristiano Ronaldo,
o un lateral de excelencia como Marcelo, o un portero que se muestra seguro y
sólido como Keylor Navas, puede tener mucha suerte pero sabe utilizarla en su
favor por aquello de que la cuestión no es tener fortuna sino saber luego qué
hacer con ella.
Contra el Liverpool, además, ocurrió otro hecho
inesperado, como el de la lesión de Mohamed Salah, el jugador de referencia del
Liverpool, que alteró completamente a su equipo al punto de pasar de dominador
a dominado en un solo instante. También es importante para ser campeón el
manejo de esos momentos, y el Real Madrid suele dar muestras de estar preparado
para todo y en cualquier circunstancia.
No se ganan tres Champions consecutivas (algo que
nadie consiguió con este formato desde 1992) o cuatro en cinco años, sin una
base sólida por más suerte que se tenga.
Madrid se asienta entonces como capital del fútbol
europeo. Real Madrid, campeón de la Champions y Atlético Madrid, de la Europa
League, por lo que tendremos en agosto un derbi madrileño en Talin, Estonia,
por la Supercopa europea, y si la temporada 2018-19 arranca con Madrid de
epicentro, acaba con el Wanda Metropolitano como sede de la final de la
Champions.
Para el fútbol español, se trata de la quinta
Champions consecutiva, porque de las últimas cinco, el Real Madrid ganó cuatro
y el Barcelona (2015), la restante. Un dominio abrumador.
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