domingo, 22 de julio de 2018

Luis Enrique no despeja las dudas sobre el futuro de la selección española (Yahoo)





Ahora que el Mundial ya es historia, la selección española entró rápidamente en una nueva dinámica, con la clara idea de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y su nuevo presidente, Luis Rubiales, de mostrar acción y de dar un nuevo golpe de autoridad tras el desastre de Rusia, y entonces la designación como entrenador de Luis Enrique Martínez abre una gran incógnita sobre el futuro y el sistema de juego por utilizar.

Luis Enrique no necesariamente obedece a un sistema táctico tan ligado a lo que fueron los últimos doce años, desde Luis Aragonés, pasando luego por Vicente Del Bosque y finalmente, por el accidentado final de ciclo de Julen Lopetegui, que podría ser calificado como de posesión infinita de balón, juego al ras del suelo, superpoblación de volantes, juego horizontal, llegada a la portería rival desde atrás y en toques cortos o cambios de frente, y no necesariamente más de un punta de referencia, más como distractor de rivales que como definidor.

Si esta selección española que dominó el continente europeo y el mundo entre 2008 y 2012, con los tres títulos consecutivos (Eurocopa, Mundial y Eurocopa) tuvo algún déficit, éste fue que acabó la mayoría de los partidos con una distancia sobre sus rivales muy inferior a lo que fue su dominio de balón y sus llegadas a la portería adversaria, pero casi siempre chocó con su falta de definición.

Así fue que comenzó perdiendo en el propio Mundial 2010 que acabó ganando, cuando Suiza la derrotó pese a tener mucho menos tiempo el balón y fueron precisamente los mismos helvéticos los que le volvieron a sacar un empate en un amistoso previo a 2018, acaso anunciándole lo que iba a venir en Rusia 2018.

Podría entonces establecerse un paralelo entre lo que le ocurre a la selección española, ahora con la llegada de Luis Enrique al banquillo, con lo que sucedió con el Barcelona desde la temporada 2014/15, cuando fue designado entrenador reemplazando al argentino Gerardo Martino.

El Barcelona venía de una gran etapa inicial con Josep Guardiola entre 2008 y 2012, jugando un  fútbol maravilloso que cautivó el planeta, y a la salida de éste y el fallecimiento de su sucesor, Tito Vilanova, lentamente el equipo fue perdiendo esa frescura, esa creatividad, esa presión muy alta originales para ir decayendo en sus convicciones y si bien siguió conservando cierta estética, en especial en sus grandes figuras, ya no fue tan firme en defender el toque, el juego asociado por abajo, y ya comenzó a cimentar algunas variantes.

Entre ellas, apareció más el balón largo, algunas jugadas de pelota parada, los centros aéreos en determinadas definiciones y hasta ciertos contragolpes si la situación lo ameritaba.

Tanto fue así que Luis Enrique llegó a una situación extrema en aquel partido ante la Real Sociedad en Anoeta, cuando los jugadores de mayor peso le comenzaron a exigir otras fórmulas, y no sólo relacionadas con el juego, sino también grupales.

Fue acaso en ese momento, durante la primera temporada de las tres que dirigió al Barcelona, que Luis Enrique dio el paso más importante: el haber aceptado algunos retoques, cambios en el estilo, en la relación con su plantel, y lo que era tenso se fue aflojando hasta culminar en un ciclo exitoso.

La gran incógnita, entonces, es si Luis Enrique mantendrá la misma filosofía de sus antecesores Aragonés, Del Bosque y Lopetegui, o si tal como ocurriera en el Barcelona, modificará de a poco ciertas cuestiones que o bien ayuden a modernizar el juego de la selección española, o bien le cambien completamente la fórmula de allí en adelante.

Otro de los grandes interrogantes es si Luis Enrique podrá mantener la mejor relación con los jugadores del Real Madrid, conocido como es su estrecho vínculo con el Barcelona, que podría traducirse en un cambio en las convocatorias, sumando también el cambio generacional en ciernes con las salidas anunciadas de dos históricos como Gerard Piqué y Andrés Iniesta, dos ex campeones del mundo que de esta manera ya dejan a “La Roja” casi sin referentes del campeón mundial de Sudáfrica 2010.

La salida de Iniesta, en especial, le quitará el jugador que en los últimos años ha sido el gran termómetro del medio hacia adelante, en tanto Piqué, discutido desde la política de la siempre latente posibilidad de la independencia catalana, ha sido siempre símbolo del carácter y la casta españoles.

Lo nuevo pasa entonces por una generación que posiblemente incluya nombres como Saúl Ñíguez, Marco Asensio, Lucas Vázquez, Marcos Alonso, Héctor Bellerin y tantos nuevos valores que se van abriendo paso hacia un fútbol algo menos horizontal y en cambio, más vertical.

Seguramente la nueva Copa de las Naciones, junto con la clasificación para la Eurocopa 2020, le darán a Luis Enrique una pauta más clara de la marcha del equipo hacia otros horizontes y a un nuevo modelo de relación entre entrenador y jugadores.

Otro punto que aparece como foco de atención es la relación entre Luis Enrique con el nuevo presidente de la RFEF, Rubiales, que no dudó en echar a Lopetegui a apenas dos días de iniciarse el Mundial, y con los clubes de Madrid, conociéndose su identificación desde hace años con el Barcelona.

Sin dudas, la nueva selección española plantea grandes interrogantes en el futuro próximo.

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