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viernes, 9 de julio de 2010

El ganador de este Mundial es el fútbol holandés (Yahoo)



Que no se confunda el lector. No estamos refiriéndonos al seleccionado holandés, que ha llegado con méritos propios a la final, manteniendo un larguísimo invicto, con una gran eliminatoria y muy buenas actuaciones individuales. Nos referimos a la línea holandesa de jugar al fútbol, porque tanto los “naranjas” como “la roja” de España, el otro finalista, siguen esta línea de juego que las une simbólicamente en una final con dos estilos casi idénticos.

¿No es acaso la selección española un espejo del Barcelona pero sin Lionel Messi y algunos pocos agregados, como los madridistas Iker Casillas, Xabi Alonso y Sergio Ramos, el lateral Capdevila, del Villarreal, y un par de jugadores de la Premier League? Este equipo español tiene en sus filas ocho jugadores del Barcelona de Josep Guardiola (que por cierto sigue las instancias finales del Mundial desde la misma Johanesburgo), y que desde pequeños, en muchos casos (Messi y Cesc incluídos), vienen practicando juntos en la escuela de La Masía, donde no se sigue otra línea que la que desde hace casi cuatro décadas trajo Rinus Michels, cuando el holandés se hizo cargo del equipo y trajo nada menos que a Johan Cruyff a vestir los colores azulgranas.

Lo cierto es que aquella influencia de los holandeses de la famosa “Naranja Mecánica” del Mundial de Alemania Federal de 1974, que perdieron en la final ante los locales pero que para muchos han quedado en un mejor lugar del recuerdo, se hizo carne en el Barcelona, que pasó a ser casi una sucursal del fútbol holandés y que ha generado una corriente de simpatía con el fútbol naranja.

Los recuerdos de aquel equipo azulgrana en el que participaba también otro crack holandés como Johan Neeskens, así como el peruano “Cholo” Sotil, se extendieron cuando Cruyff, que ejerció una influencia tan espectacular en los setenta como jugador, luego fue un más que exitoso entrenador y ahora es el presidente honorario de la entidad, y asesor en todo este último tiempo de notables éxitos, que incluyen dos Champions League entre 2006 y la actualidad.

Nadie olvida, sin embargo, en el Barcelona, que por años, su máximo logro había sido aquel de la primera Champions League ganada en Wembley en 1992, con un joven Cruyff sentado en el banco de suplentes y con el lugarteniente rubio y también holandés, Ronald Koeman, como ejecutor de aquel glorioso tiro libre ante la Sampdoria italiana, que la televisión catalana repitió sin parar por una década hasta que la segunda Copa, la de París, por fin liberó aquel recuerdo.

Pero las cosas no quedaron allí y el Barcelona siguió nutriéndose de holandeses, especialmente a fines de los años noventa cuando la conducción de Josep Lluis Nuñez y Joan Gaspart –enfrentados con Cruyff- contrató como entrenador a otro holandés, Louis Van Gaal, campeón de Europa e Intercontinental con el Ajax, es decir, siguiendo con la misma línea, aunque ya en este caso, Barcelona se inundó de holandeses como Marc Overmars, Bogarde, Reiziger, Frank De Boer, Phillipe Cocu, hasta el finlandés Jerri Litmanen (que también integraba aquel Ajax exitoso) y especialmente un sensacional ariete como Patrick Kluivert.
Era una real sucursal holandesa en el Barcelona que ganó ligas aunque no pudo proyectarse a Europa, y aunque en cada festejo en la tradicional Plaza Saint Jaume, a los jugadores “oranje” les costara decir “Visca Cataluyna” (Viva Cataluña).

Cuando se fueron Van Gaal y la propia conducción y asumió la actual, de Joan Laporta, rápidamente buscó a un holandés para que tomara las riendas del equipo. Con Cruyff fuera de borda por problemas de salud (el tabaco le impide trabajos de mucho stress), probaron con Koeman, y ante su rechazo, fueron a buscar a un Frank Rikjaard que no había andado bien con la selección de su país pero que sin embargo, pudo generar un gran equipo cuando llegó al Barcelona, y trajo para integrar el plantel a Van Bommel y a Giovanni Van Bronckhorst, dos de los jugadores que se enfrentarán a España en la gran final del domingo en el estadio Soccer City.

Es decir que los Xavi, los Iniesta, los Puyol, en cierta forma tienen genes holandeses, y se enfrentarán a muchos ex compañeros, mientras que en el banco de suplentes naranja, junto al entrenador Bert Van Marjwick, estarán acompañándolo sus colaboradores Phillipe Cocu y Frank De Boer, dos ex jugadores identificados con el Barcelona.

¿En qué consiste esta línea holandesa que tanto enamoró a los catalanes pero que también siguen persiguiendo los propios oranjes? En un concepto simple y claro: hay que conseguir la pelota y tenerla todo lo posible. La posesión del balón es clave, porque con él se evita que lo tenga el rival, con lo cual se evita cualquier ataque, y al mismo tiempo, se puede disponer de tiempo para pensar e ir acomodando la jugada.

El otro punto fundamental de esta idea es que en el fútbol, la que corre es la pelota, no el jugador. En su fabuloso libro “Mis futbolistas y yo”, Cruyff, acaso el mayor símbolo de la genialidad en el fútbol holandés, sostiene que este deporte “es para vagos, porque la velocidad necesaria es el trote, como Pelé”.

Algún exagerado del estilo, como un contemporáneo de Cruyff, el genial volante creativo argentino de los setenta y ochenta, Ricardo Bochiuni, siempre jugador de Independiente, consultado en las vísperas del partido ante el Ajax por la Copa Intercontinental sobre el gran jugador holandés, devolvió el golpe con simpleza: “corre mucho, pero juega bien”.

El domingo a la noche, en el Soccer City, se verán las caras dos estilos parecidos, los de esta España catalanizada y esta Holanda tradicional. Pero la línea naranja ya ganó, cualquiera sea el vencedor.

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