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martes, 27 de julio de 2010

El turbulento final de un ciclo traumático (Jornada)



Ni siquiera en el casi seguro adiós de Diego Maradona a la selección argentina parece que habrá paz. Cuando parecía que el ícono popular de los argentinos podía continuar en su cargo, el presidente de la AFA hizo la “gran Grondona” y esgrimió la misma carta que tenía debajo de la manga como cuando tras el Mundial de España en 1982 le ofreció un muy bajo contrato a César Menotti para forzar su renuncia. Ya lo dice el viejo zorro de la calle Viamonte: los que se van son ellos, la AFA nunca los echa.
Este final de Maradona como director técnico de la selección argentina luego de su fracasado ciclo de menos de dos años, termina siendo tan complicado como todo lo ocurrido durante tantos meses de altísimo voltaje. Y todo indica que la aparición de Grondona con tantas y tan duras objeciones a Maradona, cuando a nosotros mismos nos había manifestado en Sandton, Johanesburgo, que se trataba de “una persona especial” o que es “el único que en la Argentina puede hacer lo que quiera”, tiene mucho más que ver con que desde el poder político lo liberaron para tomar decisiones que con un repentino cambio de ideas. A lo sumo, esta libertad desde el guiño desde Olivos se potenció cuando Maradona osó llamar por teléfono en la misma madrugada previa a la tan esperada (y postergada por el “diez”) reunión, a un programa de televisión en el que reiteró que de tocarle cualquier colaborador de su equipo, se iría. Y para insistir en que Oscar Ruggeri (odiado por el mandamás de la AFA) se sume entre sus colaboradores. Ya era demasiado tarde y Grondona, liberado de presiones, apareció en Ezeiza, en la reunión, con todo su potencial, decidiendo que seis de los miembros del cuerpo técnico (entre ellos Alejandro Mancuso y Héctor Enrique, los dos ayudantes de campo, así como el preparador físico Fernando Signorini y el médico Donato Villani) debían irse,. No uno (Mancuso) sino seis. Y tampoco parece casual sobre quiénes caía el dedo recusador, justo cuando la AFA decidía, al mismo tiempo, renovar los contratos dsel presidente y vice del departamento de selecciones nacionales, Carlos Bilardo y Humberto Grondona, ambos enfrentados a Maradona y el primero de ellos, llamado a un extraño silencio desde los tiempos mundialistas. No parece que el ex entrenador del seleccionado campeón mundial en 1986 haya estado ajeno a la decisión de Grondona de prescindir de estos seis miembros del plantel. Tampoco, que el mismo Mancuso que habría discutido fuertemente con Juan Sebastián Verón antes de su extraña destitución como titular, fuera presa de la AFA cuando en la última conferencia de prensa de Maradona tras la eliminación mundialista, haya sostenido que procurará seguir defendiendo “el fútbol que le gusta a la gente” a sabiendas de que esa frase tiene un claro origen menottista y un perfecto destinatario. El pase de facturas llegó apenas veintitrés días después.
Tampoco quedan dudas acerca del accionar de la política en los movimientos de Grondona en los últimos veinticinco días. Es claro que el presidente de la AFA nunca quiso a Maradona como entrenador nacional, y que echó mano de él cuando ya no quedaban posibilidades de ignorar la contratación de quien realmente es el mejor entrenador del país con mucha diferencia, Carlos Bianchi (quien hoy sigue ganando cualquier encuesta y sigue desafiando a los dirigentes futboleros), pero a sabiendas de que se metía en un berenjenal (tal como ocurrió), y que luego para sacárselo de encima apeló a uno de los métodos que más resultados le arrojó en sus treinta y un años de reinado desde la calle Viamonte: que el tiempo corra. Atado como está a la espera de que el Gobierno le otorgue definitivamente el predio de Ezeiza y muy posiblemente un canal digital a partir de la nueva Ley de Medios, lo mejor parecía esperar a lo que deparara 2011, un año de elecciones presidenciales y de Copa América en casa. Uno de los dos hechos (o ambos) jugaría en su favor apenas dejando correr el agua. Pero en los últimos días, un llamado desde Olivos liberándolo de polvo y paja (a partir de un distanciamiento de Maradona del poder político y de su intempestivo viaje a Venezuela para apoyar a Hugo Chávez justo cuando rompía relaciones con Colombia) facilitó las cosas y precipitó un final con toda lógica: el inefable presidente de la AFA sintió que todo jugaba a su favor demasiado pronto, y operó sin anestesia. Total, luego dirá que el Comité Ejecutivo lo avalló y que fue él (Maradona) el que quiso irse. Un cuento demasiado conocido, tanto, como las volteretas que ahora dará para justificar que Bianchi siga comentando los mundiales para la TV mexicana en vez de sentarse donde debe: en el banco de la selección.
Ni siquiera en el casi seguro adiós de Diego Maradona a la selección argentina parece que habrá paz. Cuando parecía que el ícono popular de los argentinos podía continuar en su cargo, el presidente de la AFA hizo la “gran Grondona” y esgrimió la misma carta que tenía debajo de la manga como cuando tras el Mundial de España en 1982 le ofreció un muy bajo contrato a César Menotti para forzar su renuncia. Ya lo dice el viejo zorro de la calle Viamonte: los que se van son ellos, la AFA nunca los echa.
Este final de Maradona como director técnico de la selección argentina luego de su fracasado ciclo de menos de dos años, termina siendo tan complicado como todo lo ocurrido durante tantos meses de altísimo voltaje. Y todo indica que la aparición de Grondona con tantas y tan duras objeciones a Maradona, cuando a nosotros mismos nos había manifestado en Sandton, Johanesburgo, que se trataba de “una persona especial” o que es “el único que en la Argentina puede hacer lo que quiera”, tiene mucho más que ver con que desde el poder político lo liberaron para tomar decisiones que con un repentino cambio de ideas. A lo sumo, esta libertad desde el guiño desde Olivos se potenció cuando Maradona osó llamar por teléfono en la misma madrugada previa a la tan esperada (y postergada por el “diez”) reunión, a un programa de televisión en el que reiteró que de tocarle cualquier colaborador de su equipo, se iría. Y para insistir en que Oscar Ruggeri (odiado por el mandamás de la AFA) se sume entre sus colaboradores. Ya era demasiado tarde y Grondona, liberado de presiones, apareció en Ezeiza, en la reunión, con todo su potencial, decidiendo que seis de los miembros del cuerpo técnico (entre ellos Alejandro Mancuso y Héctor Enrique, los dos ayudantes de campo, así como el preparador físico Fernando Signorini y el médico Donato Villani) debían irse,. No uno (Mancuso) sino seis. Y tampoco parece casual sobre quiénes caía el dedo recusador, justo cuando la AFA decidía, al mismo tiempo, renovar los contratos dsel presidente y vice del departamento de selecciones nacionales, Carlos Bilardo y Humberto Grondona, ambos enfrentados a Maradona y el primero de ellos, llamado a un extraño silencio desde los tiempos mundialistas. No parece que el ex entrenador del seleccionado campeón mundial en 1986 haya estado ajeno a la decisión de Grondona de prescindir de estos seis miembros del plantel. Tampoco, que el mismo Mancuso que habría discutido fuertemente con Juan Sebastián Verón antes de su extraña destitución como titular, fuera presa de la AFA cuando en la última conferencia de prensa de Maradona tras la eliminación mundialista, haya sostenido que procurará seguir defendiendo “el fútbol que le gusta a la gente” a sabiendas de que esa frase tiene un claro origen menottista y un perfecto destinatario. El pase de facturas llegó apenas veintitrés días después.
Tampoco quedan dudas acerca del accionar de la política en los movimientos de Grondona en los últimos veinticinco días. Es claro que el presidente de la AFA nunca quiso a Maradona como entrenador nacional, y que echó mano de él cuando ya no quedaban posibilidades de ignorar la contratación de quien realmente es el mejor entrenador del país con mucha diferencia, Carlos Bianchi (quien hoy sigue ganando cualquier encuesta y sigue desafiando a los dirigentes futboleros), pero a sabiendas de que se metía en un berenjenal (tal como ocurrió), y que luego para sacárselo de encima apeló a uno de los métodos que más resultados le arrojó en sus treinta y un años de reinado desde la calle Viamonte: que el tiempo corra. Atado como está a la espera de que el Gobierno le otorgue definitivamente el predio de Ezeiza y muy posiblemente un canal digital a partir de la nueva Ley de Medios, lo mejor parecía esperar a lo que deparara 2011, un año de elecciones presidenciales y de Copa América en casa. Uno de los dos hechos (o ambos) jugaría en su favor apenas dejando correr el agua. Pero en los últimos días, un llamado desde Olivos liberándolo de polvo y paja (a partir de un distanciamiento de Maradona del poder político y de su intempestivo viaje a Venezuela para apoyar a Hugo Chávez justo cuando rompía relaciones con Colombia) facilitó las cosas y precipitó un final con toda lógica: el inefable presidente de la AFA sintió que todo jugaba a su favor demasiado pronto, y operó sin anestesia. Total, luego dirá que el Comité Ejecutivo lo avalló y que fue él (Maradona) el que quiso irse. Un cuento demasiado conocido, tanto, como las volteretas que ahora dará para justificar que Bianchi siga comentando los mundiales para la TV mexicana en vez de sentarse donde debe: en el banco de la selección.

4 comentarios:

Gustavo Torres dijo...

¿Qué tanto ha tenido que ver Cristina Kirchner en este asunto?

Anónimo dijo...

Podremos decir un montón de cosas sobre Diego. Y reclamarle por sus actos de soberbia o su altanería. Pero su lugar en el mundo es único. Pero único en serio. Todo lo que hace y genera viene acompañado por pasión, turbulencia, peleas, encantos, desencantos, exabruptos, amor, desamor. Y aunque en mi caso muchas veces lo quiera matar o haga cosas impresentables tiene cosas increíbiles y un magnetismo fuera de serie. Y el discurso que leyó hace un rato en el Mangrullo lo deja muy bien parado. No sólo lo que dijo. Sino la forma. Y lo que dijo es duro y estoy seguro de que es así. El de Don Julio fue un verdadero despido, por supuesto. Una pena que no hable el presidente de la AFA. O lo haga a través de su vocero que nunca está claro si es suyo o del fútbol argentino. El ex periodista Ernesto Cherquis Bialo que opinaba estas cosas de la AFA hasta el mundial 2006.
http://www.facebook.com/l/0f693;www.gacemail.com.ar/Detalle.asp?NotaID=5010
Maradona sigue siendo tan auténtico que merece el mayor respeto por lo que fue y por lo que sigue siendo. Estuvo al borde de la muerte 2 veces. Y otras tantas coqueteando con muertes apenas más pequeñas. Cómo no elegirlo cuando vemos lo que son "los otros". Por supuesto que me parece una payasada estar al lado de Chavez cuando el presidente venezolano prácticamente le declara la guerra a Colombia. Pero es una muestra más de cómo todos se encargan de usarlo para sacarle el mayor beneficio posible. Y sí. Nos quedamos con ganas de preguntarle. Él decidió leer un discurso. Las respuestas se las reserva para la noche de la Gran Diva. Con Su comodidad y Su gran billete. Y no tiene nada de reprochable
Gerardo Gotkin

Anónimo dijo...

Excelente, como siempre, tu aproximaciòn al caso. Mencionas, con toda razón, el episodio Maradona-Chàvez- Colombia en el que sin quererlo se vio involucrado - por la misma informalidad del Presidente venezolano - què tanto peso tuvo esa gotica de agua para ayudar a colmar el vaso argumental de Grondona para safarse del Diego, desde acà desde Venezuela nos interesa esa arista.Aunque està claro que una selecciòn necesita un DT que se ubique, menos vedettista y màs ajeno a la polìtica y al show
Alfredo Torres Quiroz

Anónimo dijo...

El vínculo de Grondona con el Gobierno es incuestionable, más allá de esta decisión. Don Julio no borra con esto su propio error en la designación de Diego como DT de la Selección en noviembre de 2008.
Román Ariel