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sábado, 31 de julio de 2010

Sin proyecto no hay paraíso



Durante ya mucho tiempo, en este blog, nos venimos preguntando a qué juegan los equipos argentinos. Y también es tiempo de preguntarse a qué viene jugando la selección argentina, ya sea con Diego Maradona de entrenador (acaso en la versión táctica más precaria), como antes con Alfio Basile. Inclusive en ciclos anteriores con una mayor claridad conceptual, se chocó contra un mal que lleva demasiado tiempo y que está haciendo eclosión en los últimos años. La conducción del fútbol argentino ha dejado a la deriva una de las pocas expresiones en las que Argentina se ha destacado en los últimos años y por la que es considerada entre las potencias mundiales aunque por todo estye ciclo que vamos comentando, también lo va perdiendo.
La sensación, muchas veces, es que el peor enemigo del fútbol argentino está adentro y no afuera, porque allí sólo se enfrenta con adversarios que en la mayor parte de las ocasiones le teme y se encuentra con la agradable sorpresa de que el monstruo le teme aún más.
Si tomamos el mismo caso del Maradona genio como jugador, lo ha dicho más de una vez César Luis Menotti (el mismo que cuando lo tuvo como entrenador, paradójicamente, lo celó tanto porque le quitaba protagonismo): Maradona no pudo haber nacido en Bélgica, en Venezuela o en Corea del Sur. Si nació en la Argentina es porque heredó los genes de tantos cracks a lo largo de la historia y estos grandes jugadores, que han triunfado y han maravillado en cada campo en el que jugaron porque han podido desplegar su talento, porque nadie se los cortó y porque los han animado a hacerlo.
Hay que tomar en cuenta el contexto en el que se desarrolla hoy el fútbol y es el de la productividad en un sistema ultracapitalista y racional-occidental, que tiene un comienzo cuando finaliza el Mundial de Suecia en 1958 y la amplia derrota ante Checoslovaquia y el falso fracaso de la selección argentina (que no concurrió ni por asomo con lo mejor que tenía) originó el definitivo cambio de timón en la filosofía de juego, importando entrenadores "a la europea" que trajeron disciplina, rigor táctico, preparación física pero también muchas macanas de las que el sistema nunca más se liberó. Algo parecido a lo que hoy sucede con´los seleccionados africanos, que dejaron de lado su propia frescura para copiar un modelo lejano a su filosofía, a sus características, a sus costumbres.
Si en el fútbol argentino tienen que convivir los agentes, los representantes, el marketing, la publicidad, los medios de comunicación, y especialmente el Primer Mundo que es el que pone el gran capital y se lleva a cualquier jugador que pinta para crack (ni siquiera que lo es en el presente), es difícil pretender una situación de pureza o de salud. Como dijo una vez Oscar Ruggeri, con casi veinte años de profesional "nunca me divertí en una cancha profesional" y eso es realmente penoso pero absolutamente real.
En este contexto suena muy difícil que el fútbol argentino pueda regresar a las fuentes, pero al mismo tiempo, si quiere salir adelante, no le cabe otra aún con los parámetros capitalistas del presente. Si vamos a los ejemplos, si los torneos locales siguen siendo cortos y conviven con los promedios del descenso, sucede que se fomenta jugar al mismo tiempo dos torneos paralelos, los que juegan para evitar descender de categoría y los que efectivamente juegan para salir campeones. Y al mismo tiempo, se pierde calidad por una absoluta falta de continuidad en los equipos, que cada seis meses cambian de jugadores (casi todos prestados) y todo para que estos torneos se jueguen al mismo tiempo que los europeos, pasando por alto climas, horarios y costumbres, con la falsa ilusión de venderle los jugadores al Primer Mundo, que paga en euros.
Y termina ocurriendo que son muy pocos los que se van (para lo cual muchas veces tampoco depoende de la calidad sino de los contactos del agente y de la necesidad en puestos de parte del comprador) y que cuando realmente se van los que se van, tampoco ingresa demasiado dinero a las arcas porque suele ocurrir que se le debe mucho dinero a los agentes, o el dinero va directamente a los barras bravas, que se apoderaron de los resortes económicos de los clubes, o el dinero desaparece misteriosamente en dirigentes que terminan enriqueciéndose sin que el Estado los controle.
En muchísimas ocasiones hemos podido dialogar también con algunos dirigentes del fútbol argentino sobre un hecho que repiten como loros pero que jamás justifican. Cuando se refieren a la empobrecida situación de sus clubes, suelen apuntar a "la crisis" del país, aunque esto es absolutamente falso.
Ya en 1988, cuando comenzamos nuestra tesis (la primera en la carrera de Sociología de la UBA) sobre los ingresos de los clubes de fútbol en Argentina, comprobamos con sorpresa que eran tantos, que no se entendía el motivo de la crisis. Mucho más ahora, con el dólar o el euro tan altos con respecto al peso argentino. Si por ejemplo Boca Juniors fue vendiendo jugadores por más de veinte millones de euros anuales (100 millones de pesos anuales sólo en ese rubro), y aún le quedan ingresos por publicidad en la camiseta y estática, venta de abonos a palcos y plateas anuales, venta de entradas en los partidos, merchandaising, derechos de TV (aumentados con el "Fútbol Para Todos"), cachet por giras y tantos otros, no parece claro que pudiera tener problemas económicos ni financieros, pero no hay, hasta el momento, un contralor efectivo a sus acciones desde el Estado, y cuando aparecen proyectos de ley acordes, se suelen trabar en el Congreso Nacional por intereses de toda laya.
Ya quisiera cualquier industria del país tener esta "crisis" de la que hablan sus dirigentes, y también, que el Estado la ayudara como livianamente lo hace con el fútbol salvándolo de los desaguisados que comete (¿qué pasaría si la AFA hiciera con alguno de sus clubes lo que la UEFA hizo con el Mallorca, no permitiéndole jugar copas europeas por sus deudas?).
Con un Estado ausente, tal la característica de la Argentina del último medio siglo, y cuando no, tratando de inmiscuirse ´para tratar de sacar rédito político desde sus gobiernos, el fútbol argentino sigue perdiendo el tiempo y hundiéndose en la impunidad de sus dirigentes y de los grupos violentos, con los hinchas y simpatizantes perdiendo protagonismo y observando con perplejidad cómo siguen matando a la gallina de los huevos de oro.
Y eso que aún no hablamos de fútbol. Eso quedará para el siguiente capítulo.

1 comentario:

Gustavo Torres dijo...

Cierto, todavía no hablas de futbol. Creo que se vienen meses muy complicados para la AFA, que todavía no ha visto lo más negro en el panorama.