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miércoles, 28 de junio de 2017

En el fútbol mandan siempre los mismos (El Heraldo de México)




                                                   Desde Kazán


No se trata de John Reed, ni son los 80 días que conmovieron al mundo,  ni estamos en 1917 sino cien años más tarde, aunque Rusia sea el epicentro. En un día, dos hechos del fútbol generaron conmoción: por un lado, el diario alemán “Bild” asegura estar en posesión de la totalidad del informe del ex fiscal estadounidense Michael García sobre corrupción en la votación de las sedes para los mundiales 2018 (Rusia) y 2022 (Qatar) en 2010.  Por otro, la FIFA admitió que está investigando el costado del fútbol del informe de Richard Mc Laren sobre dopaje en el deporte ruso a partir de los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi (2014), y que podría involucrar a los 23 jugadores que participaron en el Mundial de Brasil, en el mismo año.

El fútbol mundial está conmovido porque de confirmarse lo que cada vez cobra más fuerza del informe Mc Laren, que cuenta con una lista de mil atletas rusos involucrados en posible dopaje positivo en Sochi desde una maquinaria estatal que habría logrado taladrar paredes de la Villa Olímpica para manipular los frascos del antidoping, el escándalo del fútbol a un año de la cita mayor, el Mundial, y en Rusia, sería mayúsculo.

En cuanto al informe García, que parecía venir a lavar la cara de la FIFA desde la Comisión de Ética, nada de eso acabó ocurriendo y de las 430 páginas en las que consta todo lo actuado en la investigación, apenas si se difundieron 42 de ellas y se resolvió que no hay responsabilidades colectivas y apenas puede haberlas en forma individual.

Harto, García renunció en diciembre de 2014 pero ahora se van conociendo algunos “detalles” como que el ex presidente del F.C. Barcelona, Sandro Rosell, en la cárcel desde el 25 de mayo pasado, evadió 6,5 millones de euros a Andorra y que correspondían a cobros de cachets de partidos de la selección brasileña.
Rosell forma parte de un largo entramado en el que también está involucrada la Asociación Argentina (AFA).

No parece casualidad que la votación de las sedes de los mundiales 2018 y 2022 en 2010 haya sido apenas meses antes de un extraño amistoso jugado en Qatar entre Argentina y Brasil  por el que AFA y CBF cobraron mucho más que sus habituales cachets.

¿Castigo? Por ahora, ninguno. Tampoco, ninguna pronunciación del nuevo presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Es más: en los partidos de la Copa Confederaciones sigue la publicidad estática de Qatar Airways.

¿Doping positivo en el fútbol ruso? De ninguna manera. Vitali Mutko, el hombre fuerte del deporte de este país, dijo simplemente que “nunca” hubo nada y que “no tiene sentido en el deporte”. Listo, entonces.

Nos quieren hacer creer que “todo cambió” en la FIFA, tal vez porque ahora Infantino puso a una mujer de Senegal como secretaria general (Fátima Samoura) o porque se abraza con Diego Maradona, enemigo declarado del régimen anterior.

A fines de 2015, los principales dirigentes de UEFA y Conmebol se reunieron en Zurich para buscar sí o sí un candidato que hiciera de puente y que mantuviera el poder (los negocios) del futbol para Occidente, por temor a que todo quedara en manos del príncipe jordano Alí Al Hussein.

Fuera de carrera Michel Platini (UEFA) por corrupción, y enfocado Angel Villar (Federación Española) a la UEFA, y con toda la cabeza de la Conmebol involucrada en el FIFA Gate, no había más que un candidato posible que diera garantías de que todo seguiría igual: sí, el que imaginan….un tal Gianni Infantino, suizo y políglota.




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